Alumbrado eléctrico para Villa Rosas
La electricidad desplazaba al gas en el alumbrado público.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Hace cien años, en junio de 1926, fue inaugurado el alumbrado eléctrico de Villa Rosas, una mejora que, se mencionó, “entraña un adelanto en la atención edilicia”.
Veinte años antes, en 1906, se había habilitado en el lugar el alumbrado a gas, que venía a llenar, bajo muchos puntos de vista, un gran vacío, tanto como alumbrado público como particular, incluso como precioso auxiliar en numerosas ocupaciones de la vida privada.
Aquel acto resultó un acontecimiento para el “tranquilo pueblo de Villa Rosas”, nacido alrededor de la usina de gas, “como nacen siempre las poblaciones, en torno de todo lo que es vida y estimulo del progreso”.
La empresa de gas, para experimentar el fluido y dar más brillo a la inauguración del servicio, colocó arcos luminosos en distintos puntos. El maravilloso gasómetro estaba lleno y el gas sólo esperaba una vuelta de llave para lanzarse por las cañerías y llevar a todas partes con luz y fuerza motriz. “Bahía Blanca debe felicitarse por esta adquisición, que hace de un factor que tan importante papel ha de jugar en sus diferentes aplicaciones”, se dijo.
Pero el progreso era incesante y ahora el cambio al suministro eléctrico era todo un adelanto. El logro fue mérito del accionar de la Sociedad de Fomento Escolar y Urbano del barrio, convencidos de que toda mejora tiene siempre influencia en los progresos locales.
La inauguración se anunció con salvas de bombas que los fomentistas hicieron disparar como expresión del regocijo popular.
La instalación contaba con 19 lámparas de 400 bujías colocadas en el centro de las calzadas, las cuales proporcionaban “luz abundante” con mucha ventaja sobre el alumbrado a gas.
El propio jefe comunal se encargó de comunicar a la Compañía de gas Bahía Blanca y a la Compañía Sud Americana de Luz y Fuerza la modificación.