Claudio Conte, el hombre que vio transformarse al puerto durante más de cuatro décadas
Este histórico trabajador portuario comparte recuerdos, desafíos y enseñanzas de una vida ligada al crecimiento de Ingeniero White y su comunidad.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Hay personas que pueden contar la historia de una institución porque la estudiaron. Otras porque la investigaron. Claudio Conte puede contarla porque la vivió.
Nacido el 26 de noviembre de 1960 en Ingeniero White, hoy con 65 años, y a poco de acceder a jubilarse, forma parte de una generación que vio cambiar para siempre el funcionamiento del Puerto de Ingeniero White.
Durante décadas participó de cientos de reuniones de directorio, acompañó el crecimiento de la actividad portuaria y fue testigo directo del proceso de transformación más importante que atravesó el Puerto.
Sin embargo, cuando habla de sí mismo, no comienza por los cargos ni por las responsabilidades que tuvo dentro del Consorcio de Gestión del Puerto, sino que lo hace como whitense.
“Yo soy de White, nací en White. Hasta los 19 años viví acá, pegado al mar, y toda mi familia está vinculada a Ingeniero White”, cuenta con orgullo quien actualmente es Jefe de Relaciones Institucionales y que anteriormente, durante más de 30 años, se desempeñó como Secretario General del Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca.
Su historia familiar está profundamente ligada al puerto. Su padre, Domingo Conte, trabajó allí luego de ser transferido desde el ferrocarril cuando se creó la Administración General de Puertos en 1956. Su madre, Blanca Cesarone, fue modista y una persona muy conocida en la localidad.
También por la rama materna aparece otro nombre importante para la historia barrial, como es Antonio Cesarone, su abuelo, uno de los fundadores del Club Defensores del Sud.
“Me crie prácticamente en el club. Ahí jugábamos al metegol, billar, bochas y pasábamos las tardes enteras; era el el típico club de barrio de aquella época, donde todos nos conocíamos”, recuerda.
Su infancia transcurrió entre las calles whitenses, la Escuela N° 13, después la secundaria en la por entonces recién inaugurada Técnica 1. Y una comunidad donde el puerto era parte inseparable de la vida cotidiana.
A los seis meses de vida contrajo poliomielitis. La discapacidad lo acompañó desde entonces, aunque jamás permitió que definiera quién era ni hasta dónde podía llegar.
Con serenidad y sin dramatismos, Claudio reconoce que tuvo la fortuna de encontrar oportunidades en momentos donde la inclusión todavía no ocupaba el lugar que tiene hoy. Y, en ese sentido, en primer lugar destaca la actitud de sus padres, quienes siempre lo alentaron a encontrar su forma de desarrollarse naturalmente sin vivir la vida “desde la discapacidad”.
“Pude desempeñarme laboralmente en una época en la que no existía la conciencia que hay hoy sobre integración o accesibilidad. Por eso siempre digo que tuve suerte, pero también que encontré personas que miraron mis capacidades antes que mis limitaciones y donde las amistades también jugaron un rol decisivo”, afirma.
Su reflexión adquiere especial valor porque surge desde la experiencia personal.
“La gente, por naturaleza, no tiene prejuicios. Muchas veces se generan por desconocimiento. Por eso la educación es fundamental para que las nuevas generaciones entiendan que una discapacidad no define a una persona. Lo importante es valorar lo que una persona puede hacer y no quedarse mirando aquello que no puede hacer”, asegura.
Para Claudio, uno de los grandes desafíos que todavía existen es ampliar las oportunidades laborales para las personas con discapacidad.
“Si se necesita un telefonista, entre una persona en silla de ruedas y una que no lo está, muchas veces se sigue eligiendo a la segunda, aunque caminar no sea un requisito para atender un teléfono. A veces lo único que hace falta es adaptar un baño o facilitar un acceso, tan simple como eso. Hay empresas que lo entienden y muchas otras que no”, remarca.
Más que una reflexión personal, sus palabras resumen una filosofía de vida basada en la igualdad de oportunidades, el respeto y la confianza en las capacidades de cada persona. Por eso suele destacar el papel que tuvo el puerto en su propia trayectoria.
“Soy un agradecido de la vida. Pude trabajar y crecer personal y profesionalmente. Nunca sentí que me discriminaran por mi discapacidad. Lo importante es que se evalúe a las personas por lo que pueden hacer. Tuve oportunidades que quizás otras personas no tuvieron. Por eso creo que también tenemos la responsabilidad de generar más y mejores condiciones para quienes vienen detrás”, puntualiza.
Desde su función en el Consorcio de Gestión del Puerto siempre apoyó todo tipo de iniciativas sociales y comunitarias a través de instituciones, clubes y Ong’s de todo tipo vinculadas a lo social y a la integración, pero una de las más importantes fue la creación de un programa de capacitación destinado a los docentes.
Cabe resaltar que el Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca, junto con la Jefatura Regional de Educación N° 22, impulsan el Campus Portuario de Capacitación Docente, un programa gratuito que brinda herramientas pedagógicas para que los educadores de todos los niveles incorporen en sus clases contenidos vinculados al rol estratégico, productivo, ambiental y laboral del puerto.
La propuesta, que otorga puntaje docente, combina instancias teóricas y prácticas para fortalecer el vínculo entre la escuela y la actividad portuaria, revalorizando y redescubriendo la identidad natural de Ciudad-Puerto que posee Bahía Blanca.
Como complemento, se desarrolla el programa "Mi Puerto" y su versión para estudiantes secundarios, "Mi Puerto: Mi Futuro", mediante el cual alumnos de la ciudad y la región participan de visitas guiadas, recorridas por instalaciones portuarias, navegaciones por el estuario y charlas sobre formación y empleo.
“La iniciativa busca acercar a los jóvenes a la realidad del puerto, mostrar las oportunidades laborales que genera y fortalecer el conocimiento sobre una de las actividades económicas más importantes de la región”, resalta Conte.
El puerto que cambió para siempre
Si hay un período que Claudio recuerda como decisivo es la década de 1990. Fue entonces cuando el puerto dejó de ser administrado por la Nación para convertirse en un Ente Público no estatal gestionado a través del Consorcio de Gestión.
“Lo más rico de toda esta experiencia fue haber participado de una transformación que no tenía antecedentes en el país. Muchas cosas se hicieron a prueba y error porque era un modelo nuevo. Se hizo camino al andar”, cuenta.
Recuerda, a modo de anécdota, que cuando se produjo la transferencia y se debían abonar los primeros sueldos, el Consorcio había recibido más de cien trabajadores y ningún recurso económico.
“El primero de septiembre de 1993 se firmó el acta de transferencia. Afuera se estaba realizando el acto formal de traspaso y adentro los empleados emitían las primeras facturas para poder recaudar dinero y pagar los sueldos de fin de mes”, señala a modo de ejemplo de cómo se abordó aquella situación cargada de un gran contenido de incertidumbre.
Afortunadamente, y gracias al enorme trabajo realizado, la mencionada transición marcó el comienzo de una etapa de crecimiento sostenido, a partir de la finalización de las obras de dragado, la incorporación de nuevas áreas operativas y la llegada de empresas como Cargill, Terminal Bahía Blanca, Profertil, Compañía Mega, Dreyfus, PBB Polisur (hoy Dow Argentina) y otras firmas vinculadas a la actividad exportadora que modificaron la escala productiva del puerto.
“Todo eso significó más carga, más barcos, más trabajo y más inversiones. El puerto empezó a crecer de una manera que antes era imposible”, revela.
Para Claudio, muchas veces los bahienses no alcanzan a dimensionar la importancia que tiene la actividad portuaria para el desarrollo económico local.
“En la discusión sobre qué apareció primero, si el huevo o la gallina, en Bahía Blanca el huevo es el puerto”, dice.
La frase resume una convicción que repite a lo largo de toda la entrevista.
“El puerto genera trabajo. Donde hay trabajo se instala la gente, se forman familias, aparecen escuelas, comercios, servicios e infraestructura. Así nacieron las grandes ciudades portuarias del mundo”, remarca.
Por eso considera que el crecimiento portuario debe entenderse como una oportunidad colectiva y esa es la esencia que se trata de transmitir a las generaciones futuras a través de la educación.
“Estar en contra del desarrollo del puerto es serruchar la rama sobre la que estamos parados. Las inversiones generan empleo, movimiento económico y oportunidades para toda la región”, sostiene.
Décadas de trabajo junto a los presidentes
Claudio Conte fue una pieza constante en la vida institucional del Puerto de Bahía Blanca durante varias décadas. Desde su rol administrativo, participó de manera directa en las reuniones de directorio y fue testigo de las distintas etapas de conducción del organismo.
“Yo era un asistente administrativo en las reuniones de Directorio. Tenía que manejar la burocracia, el papeleo y levantar las actas y en esa condición participé en más de 900 reuniones de directorio. Eso me convierte en uno de los testigos privilegiados de la toma de decisiones del organismo durante mucho tiempo”, expone sobre su función, que lo mantuvo siempre cerca de las decisiones centrales.
A lo largo de los años, trabajó con diferentes autoridades y equipos de gestión, desde los primeros años del ente hasta las administraciones más recientes.
“Tuve la suerte de que con todos los presidentes que vinieron después de José Egidio Conte mantuve mi puesto y seguí haciendo el mismo trabajo”, revela, en referencia a la continuidad de su labor con el relacionamiento institucional.
Su trayectoria abarca etapas clave de la historia del puerto, incluyendo la conducción de referentes como Jose Egidio Conte y el ingeniero Valentín Morán, primer Presidente y primer Gerente General respectivamente, pasando por Hernán Neyra, Jorge Scoccia, Jorge Otharán, Hugo Antonio Borelli, Pablo Pussetto, Federico Susbielles y el actual presidente Santiago Mandolesi Burgos.
“En el año 2020 el área a mi cargo se desdobló, porque tenía un cúmulo de funciones muy diversas: la parte administrativa y de Secretaría General por un lado, y por el otro lado la comunicación externa y las relaciones institucionales con la comunidad”, explica sobre una de las transformaciones más importantes en su rol diario, que actualmente se circunscribe a Jefe de Relaciones Institucionales.
Más allá de los nombres y los períodos, Claudio resume su experiencia en un solo concepto, como es haber sido un observador y protagonista privilegiado de la evolución del puerto desde adentro. El nacimiento del Primer Puerto Autónomo de la República Argentina.
“Pasaron muchísimos directores, presidentes y gente que tomó decisiones trascendentales y tuve el privilegio ser parte de ello”, sintetiza.
Su familia, el orgullo más grande
Detrás de la extensa trayectoria laboral aparece otro motivo de orgullo, su familia.
Está casado con Mónica, es padre de Juan Matías, Paula Lucía, Selene Valeria y es abuelo de Genaro.
Hoy Claudio mira hacia atrás sin nostalgia y con la satisfacción de quien siente que ocupó el lugar correcto.
“Tuve momentos difíciles y momentos muy buenos, pero participar de todo este proceso fue una de las mejores experiencias de vida que me podían pasar”, reafirma nuevamente.
Y quizás allí esté la mejor definición de su recorrido. La de un hombre nacido en Ingeniero White, formado entre el barrio y el puerto, que atravesó desafíos personales y profesionales sin perder nunca el sentido de pertenencia por la comunidad que lo vio crecer.