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UNS: ¿de qué se trata el innovador método ecoamigable para proteger la salud a través de los alimentos?

“Es una forma de extracción rápida de polifenoles que actúa de manera respetuosa con el medio ambiente”, dijo Melisa Sgarbossa, autora del proyecto.

Lo novedoso es la optimización del tiempo. / Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.

“Es un método creado específicamente para determinar polifenoles de los alimentos de origen natural. Lo que lo hace ecoamigable es que implementa solventes que no son tóxicos; es decir, amigables con el medio ambiente”, dijo Melisa Sgarbossa, química recibida en la Universidad Nacional del Sur, al describir la temática de la defensa de su tesina.

Lo cierto es que, en un mundo que vira cada vez más hacia lo natural, la ciencia busca herramientas para garantizar que lo consumido realmente cumpla con sus promesas saludables.

Sgarbossa ha desarrollado este método revolucionario para la extracción de polifenoles en conjunto con el GIAQA (Grupo Interdisciplinario de Análisis en Química Analítica) para la extracción de polifenoles que no solo es más rápido, sino también respetuoso con lo medioambiental.

“Aunque lo apliqué puntualmente en polen de abeja, también puede usarse en otros productos de la colmena como miel y propóleo. Incluso, el método tiene potencial para análisis en plantas, frutas, verduras y especias”, agregó.

—¿Cuál es el avance más significativo que propone este sistema respecto a lo que se hace en la actualidad?

—Lo más relevante es la optimización del tiempo. Tradicionalmente, los laboratorios que realizan extractos implementan un sistema que demora 24 horas. Con nuestra metodología logramos reducir ese proceso a tan solo 30 minutos, lo cual es vital cuando se trabaja con volúmenes grandes de muestras.

—¿Por qué los polifenoles son importantes para la salud?

—Se trata de compuestos bioactivos antioxidantes. Su función natural en las plantas es el de autoprotección. Cuando nosotros los ingerimos, cumplen la misma función en nuestro cuerpo: nos protegen de daños oxidativos como la radiación UV, el deterioro celular por el paso del tiempo, enfermedades cardiovasculares y la degeneración neuronal. Al ser antioxidantes son antiiflamatorios y funcionan como un frente de protección que evita que se dañen nutrientes, proteínas y tejidos esenciales.

—¿Cómo se vincula este método con la tendencia actual de consumir alimentos más naturales?

—El problema es que los polifenoles son sustancias vulnerables y hay que tener algunas recomendaciones a la hora de su comercialización. Muchos de nosotros buscamos alimentos ricos en antioxidantes en el mercado al incorporar estos beneficios, pero no hay garantías del 100 % de que el producto mantenga sus propiedades bioactivas tras el viaje desde el campo hasta la mesa.

Melisa Sgarbossa, química recibida en la Universidad Nacional del Sur.

“Nuestro método mostró muy buenos resultados para conocer el contenido de polifenoles en uno de estos productos, que es polen de abeja y podrá, en un futuro, ser implementado como un método rápido de control de calidad para dar fe de que el alimento realmente tiene lo que revela”.

—¿Cómo fueron las tareas de campo y de laboratorio para llegar a estos resultados?

—Trabajamos, en conjunto con mi codirector Federico Vallese, con muestras de polen traídas directamente de los apiarios del campo. Cuidamos el transporte envasándolas de manera adecuada y también trabajamos con muestras de polen de mercados locales que recolectamos junto a mi directora Valeria Springer.

“Ya en el laboratorio, las pulverizamos para que fueran homogéneas y comenzamos el proceso de extracción. Allí realizamos controles de calidad que van desde lo visual, como olor, aspecto y tacto, hasta análisis fisicoquímicos para detectar cualquier impureza, tales como aserrín o insectos”.

—La Argentina es un gran exportador de productos apícolas, ¿qué futuro le ves a este desarrollo?

—El consumo de productos naturales está en pleno crecimiento y se espera que se duplique en los próximos diez años. Nuestro país tiene un potencial enorme por su territorio, por el clima y por los recursos humanos. El próximo paso es validar y llevar este método a la práctica, publicarlo en medios de investigación y que lo implemente quien esté interesado. El método puede ser reproducible en un laboratorio.

—¿Cuáles son tus proyectos en esta actividad?

—Mi meta es seguir trabajando con alimentos, específicamente en el control de calidad. Me interesa mucho formar parte de proyectos de pequeñas y medianas empresas emergentes que necesiten una dirección técnica para expandirse.

“El próximo paso es validar y llevar este método a la práctica, publicarlo en medios de investigación y que quien esté interesado pueda implementarlo”, dijo Sgarbossa.

“Actualmente brindo mis conocimientos a productores artesanales de hongos comestibles (Bahía Hongos y Hongos Argentinos). Estoy aprendiendo mucho de cultivo orgánico, tiempos de siembra y bondades medicinales, mientras les aporto técnicas para asegurar la manipulación segura de los alimentos.

“En este sentido, los licenciados en química están habilitados para muchas áreas críticas: esto incluye brindar asesoramiento sobre el uso seguro de las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM); la manipulación de alimentos y la rotulación. Hoy en día, a nivel nacional, se requiere un director técnico para llevar un producto alimenticio al consumidor de manera segura. Ese es el futuro para el cual me he estado formando”.

Algo personal

—Melisa Sgarbossa es bahiense. Fue a la Escuela Primaria Nº 4 y al secundario a La Inmaculada, desde donde egresó.

—Comenzó en la Universidad Nacional del Sur (UNS) y, paralelamente, empezó a trabajar en gastronomía.

—Actualmente vive en barrio Bella vista junto a su familia: Leonardo y León Gael.

—Este viernes 24 de abril presentó la defensa de la tesina de grado que, próximamente, terminará con el otorgamiento de su título de licenciada en Química.