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La deslumbradora, una mirada distinta (y atrapante) sobre la vida de Lola Mora

La mítica figura de la escultora Lola Mora, en una novela que recorre su vida desde la mirada de un periodista que la conoce en sus últimos años.

“Cada cual hace lo que quiere con su vida ¿y la tristeza? ¿Qué se hace con eso? Tantos años y no aprendí a sufrir menos”. De La deslumbradora, Silvina Rocha.

La deslumbradora es la última novela de Silvina Rocha (Editorial Planeta). El título da cuenta de uno de las varias maneras en que se puede definir a la escultora Dolores Mora, popularmente conocida como Lola Mora, una artista cuya vida se ha convertido en un mito.

No es una biografía en el sentido clásico del género. Es su vida narrada a partir de la mirada de un periodista que la encuentra, ya mayor, junto a la fuente de las Nereidas, en la costanera porteña, un encuentro fortuito que le permite establecer una cálida relación con la mujer que atraviesa los últimos años de vida.

Ambientada en la década del 30, la novela involucra a hechos y personajes de la época, como Homero Manzi, Jorge Luis Borges y hasta un congreso eucarístico que es sensación en Buenos Aires.

“La más mía”

Silvina Rocha  es escritora, cantante y compositora de tangos. Ha publicado cerca de 20 libros para niños y esta es su primera novela para adultos. No extraña que haya elegido a Lola Mora entre un puñado de mujeres que han sido fuente de inspiración en su vida.

“De todas mis heroínas ella es la más mía, a la que más quiero. Tal vez por inclasificable. Imposible ponerle un rótulo. Como dice en la novela en un momento Expósito, el periodista, alguien difícil de “seguirle el tranco”.  Era un personaje muy esquivo, con facetas apasionantes. Un personaje complejo, por fuera de todo, que no encaja en ningún lado, siempre en orsai”, resume Rocha en entrevista con este medio.

Escribir el libro le significó una gran satisfacción. “Hubo momentos de empantanamiento en la escritura, eso siempre es tortuoso, pero viví el disfrute de ir dándole forma. Lo más gratificante fue y sigue siendo traer a Lola al presente, que siga estando entre nosotros”.

El camino elegido para repasar la vida de Lola Mora es a través de Expósito, un periodista que la encuentra de manera casual y se entusiasma con la posibilidad de escribir una nota sobre la escultora.

“El personaje de Expósito de alguna forma es mi alter ego, me permitía que le hiciera preguntas a Lola Mora que eran las que yo misma me hacía. Al mismo tiempo podía ir construyendo ese vínculo extraño, en el que se cruza un antiguo militante de la Federación Obrera Argentina con una burguesa, como él la clasifica en un principio. Podía conjugar esas dos voces en presente: la de ella y el periodista. Además, el periodista me permitía contar los acontecimientos históricos desde esa mirada, un tipo de 30 años viendo pasar el mundo, escribiéndolo y cuestionándolo”.

Lola, la burguesa

Expósito está convencido de que Lola Mora es parte de la sociedad a la que él criticó toda su vida, las familias patricias y acomodadas. Pero en el trato que empiezan a tener la mujer clarifica varias situaciones.

“Lola fue una mujer que, sin proponérselo, terminó incomodando a todo el mundo. A la vista fue la protegida del presidente Julio A. Roca, pero cuando Roca cae termina en un fuego cruzado entre roquistas y radicales. Ahí su mundo se derrumba, se queda sin trabajo, sin las grandes obras que solo podía financiar un gobierno. Fue un momento horrible en su vida que duró varios años, y se levantó de esas ruinas sola”.

Es así que entró en un ostracismo, donde la falta de trabajo la desestabiliza.

“Para ella el arte era sublime, pero lo más importante era el trabajo. Tenía una necesidad tremenda de trabajar, de hacer. Era una trabajadora incansable, con sus mármoles o en sus minas. En su vida siempre se ve ese costado suyo de seguir y seguir, siempre poniendo el cuerpo, literalmente”.

Mientras se camina por el libro se sigue también la vida de Expósito, el periodista, que va teniendo su propio protagónico a partir de cierta frustración que tiene como escritor y ejerciendo un oficio de periodista.

“El personaje de Expósito habla un poco sobre todos los que queremos escribir y trabajamos con un bien tan inmaterial como la palabra y nos ganamos la vida como podemos, cuestionándonos todo el tiempo el porqué y el para qué. Tratando de mantenernos fieles a nuestra escritura, con sus buenos momentos y sus malos, con sus logros y sus fracasos. Recrear todo eso en medio de una redacción, algo que me hubiera gustado vivir, me permitía meterme en el mundo real, el del trabajo”.

La época

La autora de La deslumbradora ubica la historia en tiempo y espacio, el Buenos Aires de mediados de la década del 30. Lo hace a partir del trabajo de Expósito como periodista, que le permite tener contacto con personajes como Roberto Arlt, Homero Manzi, Mercedes Simone y Jorge Luis Borges.

“Eso fue encantador. Lo disfruté más que nada. En una novela histórica ya tenés a los personajes. No hay que construirlos de cero, los tenés que pulir, pero están. Hay que ponerlos a jugar entre sí y pensar cómo actuarían juntos en una escena. Fue hermoso porque además así aparece el marco histórico, mientras ocurría tal cosa Manzi estaba componiendo “El Pescante”. Esa bohemia de los ´30 me resultó muy seductora al momento de escribir”.

Aunque no quise el regreso

Silvina Rocha es cantante y compositora de tangos. Por eso no es extraño que esa música, sus letras y compositores tengan su huella en la novela.

“Aparece porque el mundo del tango es el mío, de donde vengo. Contar de músicos y poetas del tango me resultó encantador. Esos genios que dejaron un legado increíble, pero poder retratarlos en su cotidiano, su vida simple, mostrarlos así fue muy gratificante”.

También se adentra en el mundo del periodismo gráfico, en una época en que era amo y señor de los medios. Retrata ese mundo de gente sin horarios, dedicados a cubrir hechos cotidianos, un mundo de bohemia, quizá lejos del actual.

“No sé lo que es el periodismo hoy. Es un mundo que se volvió confuso. Pero durante mucho tiempo tuvo un peso increíble en la sociedad, el famoso cuarto poder. En la época que está situada la novela la prensa era sinónimo de credibilidad, otorgaba cierto prestigio y estaba muy presente en la vida cotidiana de la gente. Pensar que Noticias Gráficas, como otros diarios, tenían seis ediciones diarias, con tiradas enormes, ya te da una idea”.

Al paso

“Una foto la muestra trabajando en Roma. La miro dentro de esa vida glamorosa ¿Y ahora? De las luces del centro al barro ¿Por qué? ¿De qué forma llegó a esa casa maltrecha de Palermo? ¿Qué fue de sus amigos influyentes?” De La deslumbradora, Silvina Rocha

El libro se organiza en capítulos cortos, con varias historias simultáneas. ¿Cómo pensaste esa composición?

Sí, el eje es cómo Expósito va entrando a la vida de Lola Mora. Entrevista a personas que la conocieron y cada uno va contando una parte y de esa forma va armando el rompecabezas. Pero también está la recreación histórica, los acontecimientos están presentes como telón de fondo, como la llegada del Zeppelin, la muerte de Gardel o el intento de asesinato de Lisando de la Torre, toda la década infame.

Es una novela ficcionada, ¿se pueden tomar los datos sobre Lola Mora como verdaderos?

Hay muy pocos documentos conservados de Lola Mora y son relacionados con su trabajo, no hay cartas personales. El mito es que se las quemaron. Las cartas me permitieron jugar más de cerca con su voz y probar con un lenguaje epistolar. Tenía datos concretos, pero también muchos “agujeros” que me permitían montar la ficción. Lo que es certero es como terminó Lola. Eso es completamente real y conmovedor. Olvidada, sin ayuda, a cargo de dos sobrinas suplicando por una pensión.

¿Cómo definirías a Lola Mora como artista y porqué es casi un mito?

“Rara, como encendida”, el tango la define muy bien. En la novela cuento de las minas que intentó trabajar al final de su vida, a que las bautizó así: La deslumbradora, La difícil, La despreciada, La tentadora, La constancia. Creo que con eso, ella se define así a sí misma mejor que como lo puedo hacer yo. Es todas ellas. Traté de mostrarla como una mujer extraordinaria, en una época que no le calzaba.

¿Su relación con Julio A. Roca fue clave para su trabajo?

Sí. Decían que Roca era su amante. Yo me bajé de esa idea porque no me cuadraba. Ella era amiga de una de sus hijas. Recibió “favores”, como los hubiera tomado cualquier otro escultor en su lugar, pero por ser mujer la persiguieron y difamaron. Era fácil denostarla por eso. Los radicales la usaron como símbolo del roquismo y fue ahí que desmembraron toda su obra y hablaron de la misma como “adefesios”, fue espantoso. No se merecía para nada ese desprecio.

En persona y Lola Mora en Bahía Blanca

Has pasado de la música a la literatura infantil y ahora a esta novela. ¿Cómo se van dando esos cambios?

Estoy muy contenta de haber dado este salto a la literatura para adultos. Fue un enorme desafío que me permitió escribir desde el lenguaje con mucha más libertad. No dejo ninguna actividad, de hecho estoy tratando de volver a la música, de todos, el lenguaje más inmediato y perfecto que tanto amo.

En Bahía Blanca existe una fuente de Lola Mora cuyas piezas estaban arrumbadas en un depósito y descubiertas de forma casual. ¿Esta historia refleja en parte su suerte artística?

Claro que sí. Ahora pienso que de alguna forma Lola está en todos lados, como una suerte de revancha que le da la historia, una presencia a pesar de todo. Deberíamos hacer un mapa iconográfico de toda su obra, situarla, tener bien en dónde se encuentra. De a poco, poner en valor su trabajo, ese legado que sobrevive en el mármol.