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Bahía, tierra fértil para cultivar encuentros

La visita del expresidente Eduardo Duhalde consiguió reunir a representantes políticos de diferentes partidos, sindicalistas y empresarios, en una muestra de unión en pos del crecimiento de la ciudad.

Eduardo Duhalde y Carlos Brown, en "La Nueva.". Foto: Rodrigo García-La Nueva.

Hay escenas que valen más que un centenar de discursos. No porque resuelvan todos los problemas, claro está, sino porque muestran un camino.

La visita del expresidente Eduardo Duhalde dejó una de esas imágenes. Sobre él podrán existir las opiniones más diversas, como ocurre con cualquier dirigente que marcó una etapa de la historia argentina. Sin embargo, hubo un gesto que merece destacarse: en más de una oportunidad reivindicó la figura de Jaime Linares, dirigente de un signo político completamente distinto. Linares era radical cuando Duhalde gobernaba la provincia de Buenos Aires. Las diferencias nunca impidieron el respeto. 

La primera postal fue una cena compartida junto al intendente de Bahía Blanca. La segunda, quizás aún más significativa, llegó al día siguiente durante un almuerzo en uno de los gremios de la ciudad.

Allí estaban prácticamente todos. Sindicato de químicos y petroquímicos, que ofició de anfitrión, la CGT representada por buena parte de sus organizaciones, representantes del Poder Judicial, el intendente Federico Susbielles, miembros de la UIBB y concejales de distintos espacios políticos. 

Todos sentados en la misma mesa. Puede parecer un detalle menor. Pero no lo es.

En tiempos donde la confrontación suele ofrecer más rédito que los acuerdos, Bahía Blanca dio una señal distinta. La ciudad demostró que los debates internos pueden ser intensos, incluso ásperos, pero que cuando se trata del futuro común existe una identidad superior que reúne a todos.

Los colores partidarios son necesarios en democracia. Enriquecen el debate y ofrecen alternativas. Pero cuando estos se convierten en un obstáculo para el desarrollo, dejan de servir.  

Bahía Blanca tiene que discutir una sola idea: Bahía Blanca. Su gente. Sus instituciones. Su puerto. Su polo petroquímico. Sus universidades. Su enorme potencial productivo. 

Las sociedades que progresan no son aquellas donde todos piensan igual. Son aquellas donde quienes piensan distinto buscan puntos de encuentro cuando está en juego el destino colectivo.

Bahía Blanca viene dejando atrás años de desencuentros. Empieza a construir un orden institucional que genera previsibilidad. Y la previsibilidad siempre atrae inversiones, confianza y oportunidades.

Una tierra fértil no es solamente la que tiene recursos. Es la que ofrece reglas claras, instituciones fuertes y dirigentes capaces de entender que el adversario político no es un enemigo sino parte del un sistema democrático donde se discute el progreso en conjunto.