La oportunidad que esconde la caída de la matrícula: menos alumnos, ¿mejor educación?
Las proyecciones anticipan una fuerte reducción de la población escolar en Bahía Blanca. El desafío, sostienen especialistas, será convertir ese cambio en una mejora del sistema educativo.
Periodista y comunicadora digital. Forma parte del equipo de redacción de La Nueva desde 2022, donde cubre eventos locales, nacionales e internacionales, generando contenido para las ediciones impresa y digital, además de sus redes sociales.
Durante décadas el crecimiento de la matrícula escolar fue una constante. Hoy ocurre exactamente lo contrario.
Si las proyecciones se cumplen, Bahía Blanca tendrá, en 2028, 7426 alumnos menos en el nivel primario que en 2023. La reducción, equivalente al 26 % de la matrícula y superior al promedio nacional, es consecuencia del fuerte descenso de los nacimientos que atraviesa la ciudad.
La primera lectura parece evidente: menos estudiantes implicarán menos cursos y, a su vez, menos aulas y menos docentes.
Pero, ¿y si esa no fuera la única forma de mirar el fenómeno? ¿Y si la misma tendencia demográfica que enciende alertas sobre el futuro también ofreciera una oportunidad inédita para mejorar la calidad educativa?
La investigación elaborada por Francisco Saenz, becario doctoral del CONICET, y la doctora en Economía Valentina Viego estima que, si el sistema educativo mantuviera su estructura actual, esa reducción equivaldría a unos 407 cargos docentes o 291 aulas.
Sin embargo, Saenz invita a romper esa lógica. “Si es un problema o una oportunidad, va a depender totalmente de la creatividad de quienes estén desarrollando la política educativa”, sostuvo en diálogo con La Nueva.
Su planteo desplaza el foco del debate. La cuestión ya no pasa solamente por cuántos alumnos dejarán de ocupar los bancos, sino qué hacer con un sistema educativo que, por primera vez en mucho tiempo, tendrá menos estudiantes para enseñar.
“No es que una baja en la tasa de natalidad debería implicar de manera lineal una baja en los cargos. Se podría expresar también como una oportunidad para mejorar la calidad educativa”, afirmó.
La idea no es aislada. Según el informe Presente y futuro de la cantidad de alumnos por docente y por grado, elaborado por el Observatorio Argentinos por la Educación, para 2030 la matrícula primaria caerá un 27 % en el país: habrá alrededor de 1,2 millones de alumnos menos que en 2023. En la provincia de Buenos Aires, esa reducción llevaría el promedio de 16 a 12 estudiantes por docente.
Esa misma mirada había sido planteada meses atrás en una entrevista con La Nueva. por Martín Nistal, coordinador de Investigación del Observatorio Argentinos por la Educación.
“Hay que sacar el mayor provecho posible de esta situación”, había señalado entonces, al considerar que una menor cantidad de estudiantes puede traducirse en mejores oportunidades de aprendizaje si los recursos se utilizan de manera estratégica.
La lógica parece simple: menos alumnos por curso significa más tiempo para cada uno. Más posibilidades de detectar dificultades tempranas, adaptar la enseñanza y acompañar las trayectorias escolares.
Pero la ecuación no funciona por sí sola.
La investigadora del CONICET Cecilia Adrogué, quien también analizó este fenómeno, advirtió que el tamaño de las clases representa apenas una pieza del rompecabezas. La formación docente, la infraestructura, los equipos de orientación, la gestión escolar y las políticas educativas siguen siendo factores determinantes.
Por eso, el verdadero debate no es cuántos estudiantes habrá en cada aula, sino qué hacer con los recursos que podrían liberarse como consecuencia de la caída de la matrícula.
Saenz propone fortalecer las parejas pedagógicas, ampliar los equipos de apoyo y brindar un mayor acompañamiento tanto a docentes como a estudiantes.
“Lo que tenemos que evitar es que sea una excusa para disminuir el presupuesto educativo. Lo importante sería ver cómo reasignar ese presupuesto de la manera más inteligente posible para lograr la mejora de la calidad educativa. Ese es el gran desafío que tenemos hoy por hoy”, afirmó.
El tiempo, además, juega en contra.
“En Bahía Blanca, en los últimos ocho años se redujo a la mitad la cantidad de nacimientos”, recordó Saenz. Y mientras las políticas educativas suelen tardar cerca de una década en mostrar resultados, el cambio demográfico avanza a un ritmo mucho más acelerado.
“La natalidad argentina no nos está dando tiempo para poder adaptarnos. Hay que tomar decisiones ya”, advirtió.
La caída de los nacimientos suele analizarse por su impacto en el mercado laboral, el sistema previsional o el envejecimiento de la población. Sin embargo, sus efectos ya empezaron a sentirse en las escuelas.
La pregunta, entonces, dejó de ser cuántos alumnos habrá en las aulas dentro de algunos años. La verdadera discusión es si esa nueva realidad terminará convirtiéndose en un ajuste de cursos y cargos o en la mayor oportunidad de las últimas décadas para construir una educación más personalizada, más cercana y de mayor calidad.
La demografía modificará las aulas. Lo único que todavía está por decidir es qué escuela surgirá de ese cambio.