El pestilente arroyo Napostá
El cauce del arroyo era el lugar elegido por los propios vecinos para arrojar basura y volcar todo tipo de desecho
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Hace 86 años, en agosto de 1940, se elevaban las voces de protesta vecinales por el pésimo estado del arroyo Napostá, convertido en un verdadero basural a cielo abierto.
No era la primera vez que se ponía el acento en el estado de ese “débil y manso curso de agua”, frontera natural entre lo que era ciudad y lo que era barriada, un verdadero "cuerpo urbano de pueblos” --Villa Mitre, Villa Obrera, Villa Italia, Tiro Federal, La Falda y Bella Vista-- que extendió la ciudad hasta el pie mismo de la loma. “Entre esas poblaciones y la ciudad, el arroyo rezonga, día y noche, su miseria”, se dijo.
La calificación tenía que ver con la completa falta de limpieza del curso, lo cual convertía su lecho en un depósito de inmundicias y pestilencias.
De allí también el lamento por lo que el arroyo pudo haber sido y lo que era. “Pudo haber continuado siendo la corriente limpia y ágil, pero el crecimiento a sus márgenes le cambió el destino. Pudo haber sido un mensaje del campo abierto y de la sierra, fuente propicia para la inspiración de los poetas y recreo de los chiquilines de los barrios”. Lejos de eso, había perdido todo su aspecto rural, se había empequeñecido miserablemente, “una lenta corriente de agua espesada, verdosa, maloliente”.
El Napostá era, en definitiva, un caldo propio para los microbios y una nota de abandono urbano, un serio problema de carácter sanitario.
La causa de semejante situación era clara: allí se arrojaban todo tipo de residuos, se derivaban aguas servidas y desechos industriales. Se planteaba entonces la necesidad de realizar una profunda limpieza y establecer un control sobre esa indebida conducta vecinal.
Esta situación se mantuvo en el tiempo y la “solución” final, impulsada por los vecinos del sector, fue esconder la mugre bajo la alfombra, encerrar el arroyo en un conducto de hormigón, el entubado.