El código de ordenamiento urbano: una necesidad vital
Es indispensable tener normativas acordes a las demandas de la ciudad y un pensamiento integral que apunte a tener la mejor ciudad posible.
La municipalidad presentó de manera oficial el que busca ser el nuevo Código de Ordenamiento Urbanos y Territorial (COUT) en reemplazo del vigente Código de Planeamiento Urbano.
El trabajo establece los lineamientos generales para disponer de normativas tendientes a ordenar el crecimiento y desarrollo de la ciudad, dando respuestas a cuestiones actuales y también tratando de establecer un rumbo en cuanto a la mejor ciudad posible para el futuro.
No es un trabajo menor, desde el momento que se trata de atender las exigencias, necesidades y realidades de la ciudad, uno de los organismos más complejos creados por el hombre.
No se trata solo de trazar calles, zonificar usos o limitar alturas, sino de intervenir sobre un sistema vivo, que contiene cuestiones de infraestructura, transporte, servicios, sociales, económicos y ambientales, donde cada decisión impacta en varias de estas dimensiones al mismo tiempo.
Esa complejidad además admite varias miradas, de acuerdo al rol de los distintos protagonistas, desde vecinos, desarrolladores, comerciantes, estado, en un esquema donde lo que puede favorecer a unos resulta perjudicial para otros.
Y la singularidad de que las ciudades cambian, evolucionan y exigen respuestas de manera permanente. Por más intensidad y profesionalismo que se haya puesto, el código puede quedar inadecuado rápidamente porque hay escenarios a veces imposible de anticipar.
Sin embargo, lo peor que le puede pasar a una ciudad es no tener ese conjunto de normativas, que no exista una mirada integral que considere todos los intereses y establezca determinadas leyes a favor de tener la mejor ciudad posible, con una buena calidad de vida, que sea justa y equitativa.
En Bahía Blanca el CPU vigente fue elaborado a fines de la década del 60 y “actualizado” de a parches a lo largo del tiempo hasta su última adecuación en 1991.
Se abre ahora una etapa de discusión, donde será inevitable tener confrontaciones, miradas opuestas, críticas y planteos. Es casi imposible que se logre un producto con total unanimidad. Pero es clave tenerlo, concretarlo, ponerlo en vigencia. No hay espacio ya para que sea la anarquía la que rija cada acción urbana.