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Violencia digital: una madre que transformó el dolor en prevención

Ema Bondaruk se quitó la vida tras la viralización de un video. Laura Sánchez trabaja para que no le suceda lo mismo a otros adolescentes.

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Audionota: Danilo Belloni

Laura Sánchez logró transformar el dolor interminable por la pérdida de su hija en una lucha sin cuartel para salvar a los hijos de otras personas.

El 24 de agosto de 2024, Ema Bondaruk, de apenas 15 años de edad, se quitó la vida en su vivienda de la localidad de Longchamps, provincia de Buenos Aires, pocas horas después de que un video íntimo fuera difundido sin su consentimiento entre compañeros de su escuela.

Desde ese momento Laura se convirtió en una militante de la prevención de la violencia digital en las escuelas, donde existían más interrogantes que certezas al momento de abordar estas situaciones.

Elaboró la denominada “Guía Ema” (se puede descargar gratis en Internet) y propulsa una ley para crear un programa de abordaje integral de la problemática en ámbitos educativos.

Recientemente Santa Fe se convirtió en la primera provincia del país en aprobar la iniciativa, con el voto de diputados y senadores.

“Fue una sensación de emoción absoluta y de esperanza, ya que en las dos instancias se acompañó por unanimidad. Esto deja a la vista que el problema es transversal y que la responsabilidad es colectiva”, dijo Laura a La Nueva.

“Además, no hace más que ratificar mi compromiso para con la causa, el de seguir impulsando la ley y militándola. El caso de Ema dejó de ser individual y se volvió política pública, no solo se trata de memoria colectiva sino también activa”, continuó diciendo la mujer.

-¿Qué persigue la “Ley Ema”?

-Nombrar la violencia digital de género en la escuela como lo que es: violencia. Pretende prevenir desde la concientización, con perspectiva de género y derechos humanos, obviamente articulando con la ESI. Es urgente hablar de ciudadanía digital. Necesitamos que las adolescencias sean sujetos de derecho, para que también sepan cuáles son sus responsabilidades y puedan empezar hacer un uso crítico de Internet.

“También busca reparar, con protocolos de acción que apuestan a la justicia restaurativa. Poder trabajar esto en la comunidad educativa es de imperiosa necesidad. Queremos que sea una herramienta, y no una carga más para los y las docentes”.

-¿Fue presentada en la provincia de Buenos Aires?

-Se realizó la presentación en ambas cámaras. Tuvo un primer tratamiento en el Senado, donde se aprobó por unanimidad, y ahora aguarda ser tratada por la Comisión de Presupuesto. En las demás provincias estamos iniciando el camino. Se presentó también en Santa Cruz, donde en los próximos días tendrá su primer tratamiento.

“Hay que entender que mientras no haya ley, la respuesta depende de la buena voluntad de cada escuela. Y eso no alcanza. Necesitamos que todas las provincias la tengan”, agregó.

-¿Cómo surge la “Guía Ema”?

-Nace al poco tiempo de la partida de Ema, porque si nosotros como familia, la escuela y ella inclusive (por su hija) hubiéramos tenido las herramientas, habríamos sabido lo que estaba pasando y seguramente la historia hoy sería otra. Nace para que nadie se quede sin saber qué hacer, para que la historia de Ema no se repita.

-¿Qué temas abarca?

-Trabaja sobre tres ejes: autonomía corporal y digital, vínculos y cuidados, y ciudadanía digital responsable. Por suerte se está utilizando. Docentes de primaria y secundaria la bajan, la adaptan y la llevan al aula.  

“No es una charla de 'cuidado con Internet'. Es trabajar consentimiento, empatía y derechos, es poder trabajar con los pibes y las pibas la empatía, volver a las prácticas humanitarias, algo tan simple como poder pensar en el otro antes de hacer un clic”, explicó.

Un largo camino

“Cada vez son más los adolescentes que toman conciencia sobre esta problemática, porque la viven en el cuerpo. Saben lo que es que te escrachen o te saquen del grupo, pero aún falta mucho por hacer”, consideró Laura.

Describió que “el cambio tiene que ser radical, es decir, romper estructuras que vienen enquistadas de antaño y que hoy se reflejan en el plano digital. El algoritmo no es neutral, es patriarcal, vertical, sexista y capitalista. El problema no es solo el chico que crea o difunde un video, el problema es la cultura que lo habilita, es ahí donde tenemos que trabajar mucho”.

-¿Cómo es la situación de los adultos en esta realidad?

-Nos cuesta más. Seguimos diciendo “son cosas del celu” o “en mi época no pasaba”. Nos falta entender que lo digital no es aparte. Que lo virtual es real, lo que sucede en Internet atraviesa la vida de forma real. Hasta que no entendamos eso, vamos tarde.

-¿Qué clase de violencia digital es la más común?

-Algunas de las que más vemos, siempre hablando de las que se dan entre niños, niñas y adolescentes son ciberbullying y exclusión (sacarte de grupos, hacer memes para burlarse), difusión no consentida y deep fake con IA (usar la cara de una compañera en un video sexual adulterado), doxxing (filtrar dirección, celular o DNI para exponer a alguien) y control y acoso en vínculos (revisar el teléfono, exigir contraseñas o amenazar con filtrar algo).  

-¿Qué significa, después de todo lo que sucedió, poder trabajar en la prevención?

-Significa transformar el dolor en acción, en derecho, en servicio y el servicio no es más que amor en movimiento. Es hacer algo con todo el amor que Ema me dejó.  

“Si yo me quedaba anclada en el sufrimiento, su partida, una pérdida tan grande y tan dolorosa, hubiera sido en vano. Transformar todo eso en una política de cuidado y militarla sin duda es mi legado y también una responsabilidad muy grande.

Es trabajar en prevención, es decir, que lo que le pasó a mi hija no le pase a ninguna otra.  Es poder entrar a una escuela y que una docente me diga 'con Guía Ema pudimos hablar antes de que pase'. Eso es lo que me sostiene. Porque prevenir es un acto de cuidado colectivo”.

Convivencia entre virtualidad y realidad

“Lo virtual es real. Porque el insulto en WhatsApp duele en el cuerpo igual. Porque la foto falsa hace que no quieras ir a la escuela igual. Porque la angustia no distingue si fue 'online' u 'offline'. Si todo esto impacta en la trayectoria educativa, en la salud mental y en los derechos, es real”.

Así definió Laura Sánchez el panorama actual y un presente donde la realidad y la virtualidad conviven en el mismo plano.

Más adelante consideró que obviamente “la víctima directa es quien recibe la violencia, pero el que la ejerce también lo es”.

“Es víctima de un sistema patriarcal, vertical y sexista que no le enseñó empatía, que le enseñó que humillar da poder y que el algoritmo premia el escrache”.  

“Si solo castigamos y expulsamos, no reparamos nada. Por eso la ley habla de justicia restaurativa: que haya acuerdo, reconocimiento del daño y aprendizaje. Atacar el problema, no solo al chico”.

Indicó que, ante un caso de este tipo, los adultos deben acompañar, intervenir y no culpar.

“Hay que acompañar a la víctima y creerle. La culpa nunca es de quien recibe la violencia”.

Destacó que “callar también es violencia” y resaltó la necesidad de “no borrar pruebas”.

Finalmente sostuvo que “la escuela tendría que tener las herramientas y el acompañamiento del Estado para poder intervenir, activar redes y acciones concretas. Aunque haya pasado fuera del horario, hoy la comunidad educativa no puede estar separada de la comunidad digital. Es necesario hablar con las familias de ambos lados”.

Estadísticas que preocupan y reflejan la situación                   

Encuesta. El Ministerio Público Tutelar (MPT) de la Ciudad de Buenos Aires realizó un relevamiento donde consultó a 1.380 jóvenes de entre 12 y 18 años.  El estudio determinó que el 77,2% de las situaciones de violencia ocurre dentro del ámbito escolar. El 37,8% se traslada o se potencia en las redes sociales (ciberbullying). Y que 6 de cada 10 alumnos de primaria ya sufren agresiones físicas o verbales de forma recurrente.

Peligroso ranking. Las cifras de la ONG internacional Bullying Sin Fronteras destacaron que, entre mayo de 2024 y el mismo mes de 2025, se registraron al menos 140.000 casos graves de acoso en el país. Esta estadística ubica a la Argentina de forma persistente dentro del "Top 10" mundial de naciones con mayor incidencia de esta problemática.

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