La ilusión del programa propio de TV
La avalancha de canales de streaming ha generado una sobredosis de programas y presentadores. Y en ese cardumen, como en las redes de pesca, viene de todo.
Periodista, conductor y realizador televisivo, columnista en medios de difusión nacional. Nativo de Coronel Dorrego, alterna residencia entre Sauce Grande y Capital Federal. Conduce el ciclo ESAS PEQUEÑAS COSAS en BVC Bahía Blanca.
Quién no se siente tentado a probar suerte y tener un programa propio en un canal de streaming. El costo es mínimo: solo hay que animarse e intentarlo. De repente sale bien, el presentador suma suscriptores y clics, aparecen anunciantes y, en el horizonte, asoma un youtuber con un futuro económico impensado y aparentemente asegurado.
El streaming ofrece lo que la televisión y el cable no pueden dar: consumo a demanda, la facilidad de ver lo que queremos, cuando decidimos hacerlo y a través de cualquier dispositivo conectado a internet.
Esta avalancha de canales de streaming ha generado una sobredosis de programas y presentadores en distintas plataformas, empezando por YouTube, la más accesible y popular. Y en ese cardumen, como en las redes de pesca, viene de todo. Como decía Discépolo: "Lo mismo un burro que un gran profesor".
Una década atrás, Umberto Eco alertó duramente sobre el desembarco de aventureros e improvisados en medio de la explosión de las redes sociales.
Poco antes de morir, en 2015, el filósofo y escritor italiano disparó contra los responsables de esas plataformas que crecían exponencialmente porque "le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel".
También sostuvo: "Es la invasión de los idiotas. Les dan espacio a legiones de idiotas". Y concluyó: "La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad".
¿Qué diría hoy Umberto Eco de lo que sucede con la irrupción de la inteligencia artificial en nuestra vida cotidiana? Cuesta imaginarlo.
El streaming, que viene de lejos, se masificó a partir de 2005 a través de YouTube y de nuevas plataformas que fueron sumándose, como Netflix, Spotify, Instagram y TikTok, por citar las más conocidas.
Como ocurre con toda novedad, en un primer momento deslumbra. Después nos acostumbramos, deja de sorprendernos y hasta puede decepcionarnos. Pasaba con los payasos del circo, que impactaban vestidos con prendas multicolores; pero, a medida que transcurría la función, sobrevenía cierta desilusión al comprobar que aquello que brillaba no era oro, sino un rejuntado de retazos cosidos a las apuradas.
Algo de esto ocurre con el furor de las ilustraciones generadas por inteligencia artificial. En medio de la sobredosis de imágenes que aparecen en medios y redes, comprobamos que muchas tienen la misma matriz, se asemejan entre sí y parecen cortadas con la misma tijera.
Con los videos creados mediante IA, que recrean situaciones y personas con un realismo impecable, ocurre algo diferente. Del impacto inicial pasamos a la desconfianza generalizada hacia cualquier video que circula por las redes. Invertimos la carga de la prueba: no es real hasta que se demuestre lo contrario.
Este efecto de descrédito termina tributando a favor de los medios más rigurosos y confiables. Se recurre a ellos para confirmar si aquello que vimos es verdadero o para enviarlo, con un clic, al basurero digital.
Son avatares del nuevo mundo en el que estamos inmersos, con cambios sustanciales en la manera tradicional de informarnos sobre lo que ocurre a diario.
Durante décadas recurríamos a los diarios de la mañana, a los informativos horarios de las radios y a los noticieros vespertinos de la televisión. Hoy los diarios de papel son historia antigua y la televisión tradicional está en caída libre de audiencia. Los canales de cable fueron los herederos naturales de la TV abierta. Parecían invencibles, pero pierden abonados y ahora enfrentan la competencia del streaming, donde cualquier persona, con un presupuesto mínimo, deja de ser receptora y, de un día para otro, se muda al otro lado de la pantalla para convertirse en emisor, comentarista o entrevistador.
Buena parte del periodismo tradicional —conductores, presentadores y comentaristas deportivos— ya tiene un pie en el streaming. Astros del fútbol mundial conceden reportajes exclusivos a youtubers. El Presidente y muchos de sus ministros son visitantes habituales de programas emitidos por streaming. Allí conceden largas entrevistas, inimaginables —y quizás poco soportables por su duración— para los formatos de la televisión tradicional.
Hay que acostumbrarse a convivir con las nuevas tecnologías y prepararse para lo que vendrá, porque ya está a la vuelta de la esquina.
Sin perder de vista a Joan Manuel Serrat cuando dice:
"Del derecho y del revés
uno solo es lo que es
y anda siempre con lo puesto.
Nunca es triste la verdad,
lo que no tiene es remedio."