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La fina que viene (con buen clima): otra vez la nutrición aparece como un aliado ideal


A partir de una buena disponibilidad hídrica (un aspecto clave para iniciar la siembra), el manejo de la fertilización será determinante para mejorar la calidad y lograr los mejores rendimientos. La visión desde Fertilizar AC.

Revertir el agotamiento del suelo, la clave para mejorar los rindes. / Fotos: Rodrigo García-La Nueva y Archivo LN.

De cara al inicio de la siembra de la fina 2026, el escenario agrícola presenta una oportunidad histórica. Con perfiles de suelo que muestran entre un 80 y un 100 % de agua útil disponible en la mayoría de las regiones, el potencial de rendimiento es sumamente elevado.

Sin embargo, desde Fertilizar Asociación Civil advierten que el éxito de la campaña no dependerá del clima, sino de la estrategia nutricional para revertir el agotamiento de los suelos. Y que, ante la abundancia de recursos hídricos, el foco se desplaza hacia el manejo técnico.

La Ing. Agr. María Fernanda González Sanjuan, gerenta ejecutiva de Fertilizar AC, destacó que el factor limitante ha dejado de ser la humedad. “Hoy, en realidad la campaña dependerá de la IA; esto es, la ingeniería agronómica que apliquemos”, comentó.

Este enfoque es vital dado que las últimas cosechas récord y las intensas lluvias han profundizado la extracción y lixiviación de nutrientes, dejando los suelos desprovistos de reservas esenciales como nitrógeno, fósforo y azufre.

Pese a que la Argentina importa el 70 % de los fertilizantes que consume, el Ing. Agr. Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar AC, llevó tranquilidad al sector. “El abastecimiento para la siembra de fina está asegurado por la disponibilidad en plantas y lo que está en camino”, aclaró.

No obstante, advirtió que el escenario global sigue siendo complejo debido a los conflictos internacionales —los Estados Unidos e Israel contra Irán—, lo que termina impactando en los precios.

“Los fertilizantes y los granos van acoplándose en la dinámica que genera el escenario internacional, que afecta el mercado de combustibles y de fertilizantes”, sostuvo el directivo.

Rentabilidad del diagnóstico

Uno de los mayores desafíos sigue siendo la baja adopción de análisis de suelo, que apenas alcanza al 25 % de los productores.

El Dr. Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar AC, enfatizó la importancia económica de esta herramienta. “El costo de diagnóstico —muestreo y análisis— es de apenas 5 dólares por hectárea. No reviste discusión el costo del análisis”, precisó.

Ciarlo explicó que, en un escenario de costos elevados, la fertilización debe verse como el motor de la viabilidad económica. “Es importante analizar la fertilización como la inversión estratégica que nos garantiza el retorno económico y hace viable la siembra de trigo y cebada en 2026”, sostuvo.

Pasar de dosis promedio a dosis optimizadas puede incrementar el margen bruto en un 25 %. La relación insumo-producto también sigue siendo favorable pese al aumento de costos.

Actualmente se requieren 8,9 kilos de trigo para comprar 1 kilo de nitrógeno (contra 6,3 antes del conflicto internacional), pero cada kilo aplicado genera en promedio 20 kilos de trigo. En fósforo, la relación de precios es de 20 kilos de trigo por kilo de fósforo, con una respuesta media de 50 kilos de grano por kilo aplicado; 2 veces y media más que el costo del nutriente.

Al llevar estos datos a planteos concretos, con un precio de trigo de 230 dólares por tonelada y fertilizantes como urea en torno a 940 dólares, el incremento de rendimientos marca diferencias.
Incluso, pasar de dosis promedio a dosis optimizadas puede generar un aumento del Margen Bruto del orden del 25 % según zonas productivas.

Entre cebadas cervecera y forrajera

Desde la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba), el Dr. Pablo Prystupa se refirió a la nutrición de cebada. También explicó cómo la fertilización afecta la calidad del producto para los distintos usos, ya sea cervecera o forrajera.

El especialista aclaró que el manejo de la fertilización en cebada presenta el dilema de equilibrar rendimiento y calidad según el destino del cultivo, para lo cual la nutrición nitrogenada es determinante, tanto para la producción como para el contenido proteico del grano.

En el caso de la cebada cervecera, la calidad está directamente asociada al nivel de proteína. Los estándares comerciales establecen un rango entre 10 % y 12 % de proteína, ya que valores por fuera de ese intervalo reducen el rendimiento industrial de la malta y afectan la calidad de la cerveza.

Esteban Ciarlo (izq.), María Fernanda González San Juan, Pablo Prystupa y Roberto Rotondaro, en la presentación de Fertilizar AC.

A diferencia de otros cultivos, el objetivo no es maximizar el rendimiento, sino lograr un equilibrio. “Se debe fertilizar para la proteína y no para el rendimiento cuando el destino es maltería”, aseguró.

En este sentido, describió que para pasar de 10 % a 12 % de proteína se requieren entre 23 y 43 kilos de nitrógeno por tonelada de grano. Cada punto porcentual adicional implica aproximadamente 9,5 kilos de nitrógeno por tonelada, equivalente a unos 20,5 kilos de urea.

En el lote, una cebada con un rendimiento de 4.000 kilos por hectárea necesita alrededor de 82 kilos de urea para aumentar un punto de proteína, con un costo estimado de 78 dólares por hectárea. Además de la dosis, el momento de aplicación también incide en el resultado.

Las aplicaciones en siembra y al macollaje impactan tanto en rendimiento como en proteína, mientras que, en etapas más avanzadas, como espigazón, el efecto se concentra exclusivamente en mejorar el contenido proteico. En este sentido, la fertilización tardía y/o foliar aparecen como una herramienta para corregir desvíos de calidad.

El uso de tecnologías como sensores de verdor (SPAD) o índices de vegetación (NDVI) permite ajustar las decisiones en tiempo real, mejorando la estimación del rendimiento y del nivel de proteína y la necesidad de nitrógeno adicional.

Para la cebada forrajera, en cambio, el foco está puesto principalmente en maximizar el rendimiento, con menor exigencia en calidad proteica, lo que permite estrategias de fertilización más orientadas a volumen que a parámetros industriales.

Claramente, la fertilización en cebada no admite recetas únicas: depende del destino del cultivo y exige ajustar dosis, momentos y objetivos. En el caso de la cervecera, la calidad manda y el nitrógeno se convierte en la variable clave para cumplir con los estándares del mercado.