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El riesgo de una sociedad que se acostumbra a medicarse sola

Especialistas advierten que ampliar el acceso a determinados fármacos puede favorecer la automedicación, retrasar diagnósticos, incrementar las interacciones peligrosas y agravar un problema de salud pública que ya afecta a millones de argentinos.

Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

La decisión de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) de incorporar diez nuevos grupos de medicamentos al régimen de venta libre reabrió un viejo debate sanitario: hasta dónde facilitar el acceso a determinados tratamientos sin que esa medida termine incentivando la automedicación.

El organismo sostiene que la modificación busca ampliar el acceso a medicamentos de eficacia y seguridad comprobadas para afecciones de baja complejidad.

Sin embargo, médicos, farmacéuticos, entidades profesionales y especialistas coinciden en advertir que detrás de una mayor disponibilidad también pueden multiplicarse conductas que representan un riesgo para la salud.

No es un producto inocuo

Uno de los conceptos que más se repite entre todos los especialistas consultados es que ningún medicamento está exento de riesgos.

La médica bahiense María Soledad Pascual, especialista en Medicina Familiar, Cuidados Paliativos y Medicina del Dolor, explica que cada fármaco posee indicaciones precisas, dosis determinadas y posibles efectos adversos.

"Cualquier fármaco que indiquemos tiene un destino, una diana que se llama, que es el lugar donde va a ir a actuar. La combinación de algún efecto de un fármaco puede interferir o potenciar o disminuir el del otro".

Desde el Colegio de Farmacéuticos de Bahía Blanca, Marina Etchehún resume la misma preocupación con una frase contundente: "El medicamento no es algo inocuo que uno pueda tomar como si tomara agua".

En la misma línea, la presidenta del Colegio de Farmacéuticos bonaerense y de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), Alejandra Gómez, remarca: "Lo peligroso es que cuando hablamos de medicamentos de venta libre, no estamos hablando de medicamentos inocuos. Estamos hablando de medicamentos que tienen un principio activo, pero que también tienen interacciones, contraindicaciones, efectos adversos".

Un problemática “invisible”

Quizás uno de los riesgos menos visibles de la automedicación sea el retraso en el diagnóstico de enfermedades que requieren otro tratamiento.

Pascual sostiene que el uso indiscriminado de medicamentos puede postergar consultas médicas indispensables.

"Siempre la recomendación es iniciar su tratamiento con estos fármacos una vez que un profesional se los haya indicado porque podemos estar postergando un diagnóstico o un estudio necesario para evitar males mayores".

La médica Valeria El Haj coincide con ese diagnóstico.

"Cuando una persona consume un medicamento sin supervisión médica, no sólo silencia una alerta del cuerpo, sino que puede retrasar el diagnóstico de una patología de base que requiere atención específica".

En otras palabras, el alivio del síntoma puede convertirse en un obstáculo para descubrir la verdadera enfermedad.

Otro aspecto reiterado por los especialistas son las interacciones entre medicamentos.

Pascual explica que la combinación desordenada puede disminuir la eficacia de tratamientos ya indicados o potenciar efectos adversos.

"Una combinación no controlada de distintos fármacos puede ser peligrosa para el paciente. Puede darse que una enfermedad que está medicada deje de estar controlada o que se generen problemas de salud nuevos".

Alejandra Gómez agrega que estas interacciones pueden ocasionar complicaciones hepáticas, renales y otros efectos adversos cuando el paciente desconoce las contraindicaciones del medicamento que incorpora.

El caso crítico de los antibióticos

Si existe un ejemplo donde la automedicación tiene consecuencias colectivas es el de los antibióticos.

Pascual advierte que muchas personas utilizan antibióticos inadecuados para la infección que padecen, favoreciendo la resistencia bacteriana.

"Al usar indiscriminadamente en cuanto a dosis y cantidad de veces, hizo que algunas bacterias desarrollaran un sistema de defensa que ya no mueren con un antibiótico que antes sí lo hacían".

La médica explica que eso obliga posteriormente a utilizar antibióticos cada vez más potentes, reduciendo las alternativas terapéuticas disponibles para los casos verdaderamente complejos.
Valeria El Haj refuerza esa advertencia.

"Interrumpir las dosis antes de tiempo o tomarlos ante cuadros virales acelera la resistencia bacteriana".

De hecho, el problema trasciende incluso al paciente individual: la Organización Mundial de la Salud considera a la resistencia antimicrobiana una de las principales amenazas sanitarias del planeta.

Una práctica que no deja de crecer

Desde el Colegio de Farmacéuticos de Bahía Blanca alertan que la automedicación ya constituye un problema sanitario.

"La automedicación es un problema de salud alarmante y que va en ascenso".

Según Etchehún, esa conducta termina repercutiendo en todo el sistema sanitario porque muchas complicaciones derivadas del mal uso de medicamentos terminan atendidas en hospitales y guardias.

Las cifras reflejan esa evolución. Datos citados por el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos indican que el porcentaje de argentinos que se automedica pasó del 30 al 80% en las últimas dos décadas.

El rol insustituible del farmacéutico

Otra coincidencia entre los especialistas es la importancia del farmacéutico como último eslabón de control antes de que el medicamento llegue al paciente.

Etchehún sostiene: "El control que tiene el medicamento exigiendo la cadena legal de comercialización —laboratorio, droguería y farmacia— brinda seguridad en la calidad, la conservación y la legitimidad".

Alejandra Gómez amplía esa función.

"La dispensa de un medicamento en la farmacia no es solo entregar una caja: hay control, trazabilidad, detección de interacciones y orientación al paciente".

Y añade otra advertencia: "Entonces ahí tenemos no sólo el riesgo de que un paciente tenga un medicamento que puede generar interacciones con otros sin ningún tipo de asesoramiento profesional... tampoco va a estar garantizada ni la trazabilidad, ni el origen, ni la legitimidad de ese producto".

En este sentido, Soledad Pascual recomienda tomar contacto previamente con el médico de confianza o de cabecera.

“Si bien los farmacéuticos nos pueden aconsejar, es cierto también que en la mayoría de las farmacias quien atiende al público son empleados de comercio y no farmacéuticos, con lo cual consultarle al empleado de la farmacia qué fármaco tomar o cada cuánto supone cierto riesgo. Por supuesto que están en contacto con prescripciones y tienen nociones por lo que ven a diario, pero la verdad es que falta el sustrato técnico clínico de decir a este paciente si se le puede dar tal fármaco o no y por cuánto tiempo”.

¿Medicamentos más baratos?

Uno de los argumentos oficiales para flexibilizar el acceso apunta a favorecer la competencia.

Como antecedente, el Gobierno destacó que, tras la liberación de los prazoles, los precios aumentaron entre un 30,2% y un 40,4% entre mayo de 2024 y junio de 2026, por debajo de la inflación acumulada del 94,7% en ese período.

Según sostuvo el Ejecutivo, ese cambio de condición de expendio permitió ampliar el acceso a esos medicamentos sin que se registraran maniobras especulativas en el mercado.

Sin embargo, desde distintas entidades farmacéuticas ponen en duda ese efecto.

Alejandra Gómez sostiene: "Dicen que con esto bajaría el precio. La realidad es que esto no es así. No pasó tampoco con los medicamentos que pasaron a venta libre en el 2024”.

“Aquí lo que sucede es que esos medicamentos salen de la cobertura social, o sea dejan de tener cobertura en las obras sociales y las prepagas”.

Al ser de venta libre, “los pacientes que los adquirían con un descuento muchas veces del 80% o del 100% en el caso de los jubilados, pasan a pagar el total de un precio más barato, pero lo tienen que pagar de su bolsillo”.

Marcelo Peretta coincide.

"Además de generar más automedicación, más abuso, más efectos secundarios y más adicciones a medicamentos, no va a bajar los precios de los fármacos".

Y añade: “Los medicamentos aumentan por encima de la inflación, aun cuando hoy se venden, además de en las farmacias, en supermercados, kioscos e internet. Está claro que esto no tiene nada de libertad”.

Finalmente, Peretta sostuvo que las posibles consecuencias sanitarias terminarán generando mayores costos para el Estado, mientras que el incremento de las ventas beneficiará principalmente a los laboratorios.

“Se va a enriquecer el más rico, que es el dueño de los laboratorios. Va a multiplicar las ventas y las ganancias y va a perjudicar la salud de los argentinos”, concluyó.

Un bien de consumo

Más allá de la discusión regulatoria, el debate parece girar alrededor de una pregunta central: ¿qué lugar ocupa el medicamento dentro del sistema de salud?

Para Gómez, las políticas de desregulación "ponen al medicamento como un bien de consumo, no como un bien social".

Peretta es aún más categórico: "El cambio de categoría de medicamentos recetados a venta libre que acaba de hacer la ANMAT es un disparate".

Mientras tanto, Pascual propone una mirada más centrada en el paciente y en el uso racional de los medicamentos.

"La idea no es tener temor de utilizar fármacos, sino estar asesorado bien en qué y cuándo se utilizan".

Ese concepto resume el consenso que atraviesa todas las voces consultadas: la venta libre no debería interpretarse como sinónimo de ausencia de riesgos.

Para los especialistas, facilitar el acceso puede ser compatible con una política sanitaria responsable únicamente si se fortalece la información, el asesoramiento profesional y el uso racional de los medicamentos. De lo contrario, el remedio podría terminar agravando un problema que ya afecta a millones de personas.

Qué medicamentos se suman

En el detalle por uso terapéutico, la Anmat precisó cuáles son los fármacos que cambian de condición de expendio y que los usuarios encontrarán desde ahora en el segmento de venta directa.

Para alergias, se incorporan la levocetirizina (como Xyzal) y la fexofenadina (como Allegra), dos antihistamínicos de uso extendido.

Para colon irritable y espasmos digestivos, pasa a venta libre la trimebutina (como Debridat), indicada para trastornos funcionales del aparato digestivo.

Para el mareo por viaje, se suma el dimenhidrinato (Dramamine), de uso frecuente en traslados terrestres, aéreos y marítimos.

Para la tos con flema, se incorpora la carboximetilcisteína, un mucolítico utilizado para fluidificar secreciones.

Para la conjuntivitis alérgica, se habilitan colirios con olopatadina, mientras que para los ojos rojos por alergia se autorizan combinaciones de nafazolina y feniramina.

Para la transpiración excesiva, se suma el cloruro de aluminio hexahidratado, usado en presentaciones tópicas para hiperhidrosis.

Para aftas y pequeñas lesiones bucales, se incorporan preparados con carbonato de calcio, árnica y nitrato de plata, orientados al alivio local de la sintomatología.

Cifras que preocupan

** La cantidad de argentinos que se automedican pasó del 30 al 80% en las últimas dos décadas, según datos del sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos.

** Argentina es el segundo país con mayor consumo de medicamentos sin prescripción de América, detrás de México.

** El consumo de tranquilizantes supera el 14% de la población y aumenta a más del 31% entre personas de 66 a 75 años.

** De no tomarse medidas, las infecciones resistentes podrían provocar 10 millones de muertes anuales hacia 2050. 

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