Ricardo de Titto ya forma parte de la Academia Argentina de la Historia
El columnista de “La Nueva.” fue incorporado por la institución en una sesión plenaria especial realizada en Capital.
En una sesión plenaria especial de la Academia Argentina de la Historia (AAH),se llevó a cabo la incorporación del profesor Ricardo Julio de Titto a la institución.
Con más de 20 años de presencia en las páginas de “La Nueva.” a través de su espacio “Bajo estos mismos cielos”, De Titto fue incorporado como Miembro de Número, una de las máximas distinciones que otorga la institución dedicada al estudio de la historia nacional.
Durante su exposición el historiador realizó una exposición sobre el tema “Tesis sobre las revoluciones de independencia en América”.
Fue en el acto realizado en el Club Francés, de Buenos Aires, en el cual se realizó la entrega de un diploma al Académico Emérito Doctor Rosendo Fraga.
“La Revolución Francesa de 1789 es, desde hace siglos, una de las fechas más repetidas para marcar el comienzo de la Edad Contemporánea. Sin embargo, esa periodización podría estar dejando afuera uno de los procesos políticos más profundos de la historia moderna: las revoluciones anticoloniales que transformaron a América durante el medio siglo que va desde 1776 hasta 1825”.
Esa es la mirada que el historiador planteó durante una exposición de unos 40 minutos, en la que propuso revisar la manera tradicional de interpretar el inicio de la etapa contemporánea.
Su planteo parte de una pregunta sencilla, pero de profundas consecuencias: ¿por qué 1789 y no 1776?
La fecha habitualmente aceptada toma como referencia la Revolución Francesa. Pero, según esta nueva perspectiva, esa mirada privilegia dos procesos europeos —la Revolución Industrial inglesa y la Revolución Francesa— y deja en un segundo plano las revoluciones anticoloniales americanas.
“Tenemos una periodización equivocada”, sostiene el historiador. A su entender, el modelo tradicional contempla la revolución económica y tecnológica iniciada en Inglaterra con la industrialización y la revolución política francesa, pero prácticamente excluye las revoluciones que terminaron con el dominio colonial europeo en buena parte de América.
El comienzo, en 1776
La fecha propuesta como nuevo punto de partida es 1776, cuando las colonias británicas de América del Norte declararon su independencia. El proceso revolucionario estadounidense desembocaría luego en la construcción de un nuevo modelo político basado en una república y en una Constitución.
Para De Titto, allí aparece una de las grandes novedades que definirían a la Edad Contemporánea: el nacimiento de las repúblicas modernas.
La importancia de ese proceso no se limitaría a Estados Unidos. Medio siglo después, prácticamente todo el continente americano habría atravesado procesos de independencia que modificaron de manera definitiva el mapa político mundial.
Por eso, la propuesta establece un arco temporal que comienza en 1776 y culmina en 1825, con la derrota definitiva de las fuerzas españolas en Sudamérica tras la batalla de Ayacucho, librada en diciembre de 1824.
Son, en términos cronológicos, aproximadamente 50 años. Pero, desde esta perspectiva, fueron “los 50 años más revolucionarios” de la historia institucional y política de la humanidad.
La razón es que en ese período un continente entero pasó, con distintos conflictos, de estar sometido a estructuras coloniales europeas a organizarse mayoritariamente bajo formas republicanas.
Una transformación que tardó en Europa
El contraste con Europa resulta central en el argumento. Mientras las independencias americanas avanzaban en las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del XIX, las monarquías continuaron dominando el escenario europeo por mucho tiempo.
Incluso Francia, protagonista de la revolución de 1789, volvió a atravesar distintas experiencias políticas antes de consolidarse como república. La monarquía francesa sobrevivió al proceso revolucionario y recién desapareció definitivamente en 1870.
En el resto de Europa, las estructuras monárquicas también mantuvieron un enorme peso durante buena parte del siglo XIX y llegaron incluso hasta el siglo XX. El zarismo ruso, el Imperio alemán, el Imperio austrohúngaro y las monarquías española y británica son algunos de los ejemplos de un continente que permaneció mayoritariamente monárquico durante décadas.
Desde esta perspectiva, entonces, la gran transformación política del siglo XIX no habría ocurrido exclusivamente en Europa.
El acontecimiento decisivo habría sido la independencia de las colonias americanas y su transformación en nuevos Estados, en su mayoría republicanos.
El “ensayo” del voto
La transformación no fue solamente territorial. También significó una experiencia política inédita.
Las nuevas repúblicas americanas debieron afrontar el desafío de construir instituciones propias, establecer constituciones y desarrollar mecanismos de representación política. Fue, con todas sus dificultades, contradicciones y conflictos, un enorme laboratorio político.
El continente comenzó así un largo proceso de experimentación con una forma de gobierno que terminaría convirtiéndose en uno de los pilares de la política contemporánea: la representación basada en el voto.
“América hizo la gran experiencia, o el ensayo, de gobernar mediante el voto”, plantea el historiador.
Ese proceso constituye, a su juicio, una diferencia sustancial respecto de otras regiones del mundo.
Asia y África recién atravesarían procesos comparables de descolonización después de la Segunda Guerra Mundial, más de un siglo después de las independencias americanas.
Las revoluciones que quedaron afuera
La propuesta también cuestiona el enfoque eurocéntrico con el que tradicionalmente se enseña la historia contemporánea.
La periodización clásica pone el foco en dos grandes revoluciones: la Industrial, con epicentro en Inglaterra, y la Francesa, como gran transformación política.
Pero esa mirada, sostiene el historiador, deja prácticamente fuera de escena las revoluciones anticoloniales.
Y fueron precisamente esas revoluciones las que modificaron de manera radical la estructura política del continente americano.
Cambiar una fecha
La discusión no se reduce, entonces, a reemplazar un número por otro. Detrás de la propuesta existe una revisión más profunda sobre quiénes protagonizaron el nacimiento del mundo contemporáneo.
Si el inicio se ubica en 1789, el relato queda fuertemente asociado a Europa y a la Revolución Francesa. Si se retrocede hasta 1776, en cambio, las revoluciones americanas adquieren un papel central y se incorpora al relato la dimensión anticolonial.
La diferencia es de apenas 13 años, pero modifica el eje de interpretación.
Una trayectoria de 30 años dedicada a divulgar la historia
“Siento este reconocimiento como una valoración a una trayectoria de casi 30 años dedicada a la publicación, edición y divulgación de la historia. Mi recorrido estuvo siempre marcado por una participación más bien independiente, sin formar parte de manera permanente o sistemática del mundo académico y bibliográfico” reconoció De Titto.
“También soy miembro fundador de la Asociación Argentina de Investigadores en Historia (AsAIH ), una institución que forma parte de este camino que he transitado durante tantos años”.
“Para mí es un verdadero honor ser colaborador de “La Nueva.” durante tanto tiempo. Es un vínculo que valoro, porque junto con Clarín son los dos medios con los que he mantenido una relación sostenida a lo largo de los años”.
“Además, tener en Bahía un público que acompaña y sigue mi trabajo es algo que me reconforta muchísimo. Después de años de publicar y divulgar historia, sentir ese reconocimiento y ese vínculo con los lectores tiene un valor muy especial”.