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El primer empleo, una puerta cada vez más difícil de abrir

Los jóvenes bahienses enfrentan mayor desempleo, informalidad y precariedad que los adultos, según una investigación de la UNS y el IIESS-CONICET. 

Acceder al primer empleo continúa siendo uno de los principales desafíos para los jóvenes bahienses. Aunque Bahía Blanca presenta un porcentaje de estudiantes superior al promedio nacional, quienes ingresan al mercado laboral encuentran un escenario caracterizado por la precariedad, la informalidad y fuertes desigualdades sociales.

Así lo revela una investigación elaborada por el Departamento de Economía de la Universidad Nacional del Sur (UNS) y el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS-CONICET), que analizó la evolución del mercado laboral juvenil entre 2003 y 2025 en el aglomerado Bahía Blanca-Cerri. 

El trabajo concluye que, pese a los cambios económicos registrados en las últimas décadas, los problemas estructurales prácticamente no se modificaron.

Uno de los datos más relevantes es que el 29% de los jóvenes de entre 18 y 29 años se dedica exclusivamente a estudiar, porcentaje muy superior al promedio de los principales centros urbanos del país, donde alcanza el 21%. Como contrapartida, la participación laboral es menor: el 58% trabaja, frente al 64% registrado a nivel nacional.

El estudio también desarma uno de los lugares comunes más instalados sobre la juventud.

"Cuando uno piensa en los problemas laborales que afectan a los jóvenes, lo primero que piensa es en el grupo de los famosos 'ni-ni' que no estudian ni trabajan. Si vemos los datos, eso no se verifica: el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan llega al 13%, un número similar al del resto de la población viendo el total urbano nacional", explicó el economista Gustavo Burachik.

Detrás de ese 13%, sin embargo, existe una diferencia importante respecto de los adultos. Mientras entre las personas mayores predomina la inactividad, entre los jóvenes la mayoría continúa buscando empleo.

"Entre los jóvenes predomina la desocupación, mientras que entre mayores de 30 años predomina la inactividad. Y si bien la desocupación es un fenómeno más juvenil, se concentra aún más en jóvenes de bajos recursos", sostuvo Burachik.

La calidad del empleo

El informe señala que la principal dificultad no pasa únicamente por conseguir trabajo, sino por acceder a empleos registrados.

Solo el 24% de los jóvenes bahienses ocupa un puesto asalariado formal con descuento jubilatorio. En cambio, entre los adultos de 30 a 65 años esa proporción asciende al 40%.

La informalidad también golpea con mayor fuerza a la población juvenil: el 20% trabaja sin registrar, frente al 14% observado entre los adultos.

Para Burachik, allí aparece la principal diferencia entre ambas generaciones.

"La gran particularidad pasa por la muy mala calidad de sus trabajos. El porcentaje de jóvenes que alcanzan un empleo formal asalariado es muy bajo; solo el 24% de los jóvenes de entre 18 y 29 años tienen empleo formal, cuando en el resto de la población el número alcanza el 40%. Es una brecha muy grande, y lo mismo pasa con los asalariados en negro", afirmó.

Otros condicionantes

El trabajo muestra además que las posibilidades laborales cambian drásticamente según el nivel de ingresos del hogar.

Entre los jóvenes pertenecientes a familias de menores recursos, la desocupación alcanza el 21%, mientras que en los hogares de mayores ingresos desciende al 6%.

Las diferencias son todavía más marcadas cuando se analiza el empleo registrado: apenas el 19% de los jóvenes de sectores vulnerables consigue un trabajo formal, porcentaje que se triplica entre quienes provienen de hogares de ingresos altos, donde llega al 58%.

La informalidad también refleja esa brecha: alcanza al 31% de los jóvenes de menores ingresos y baja al 22% entre los sectores más favorecidos.

El desaliento

El informe también aporta una explicación sobre por qué la desocupación suele ser más elevada entre los jóvenes que entre los adultos.

Según Burachik, la diferencia no necesariamente responde a que los mayores consigan trabajo con mayor facilidad, sino a que muchos terminan abandonando la búsqueda.

"Hay un número importante de personas mayores a los 30 años que no trabajan pero tienen un panorama más difícil de cara al mercado laboral. Las personas sin trabajo de entre 30 y 65 años se desaniman y pierden la voluntad de seguir buscando empleo, cosa que no sucede entre jóvenes. Entre los grupos de mayor edad hay más desaliento laboral, personas que han perdido la fe, la confianza y la energía a la hora de buscar trabajo", explicó.

Las conclusiones del estudio adquieren aún mayor relevancia en el contexto actual del mercado laboral bahiense, donde la desocupación alcanzó el 10,1% durante el primer trimestre de 2026, el valor más alto de la serie histórica. Para los investigadores, el deterioro ya no responde únicamente a una recesión transitoria, sino que podría estar reflejando cambios estructurales en el perfil productivo de la ciudad. 

En ese escenario, mejorar la inserción laboral de los jóvenes aparece como uno de los principales desafíos para evitar que las brechas sociales continúen ampliándose.

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