Una visita al popular club Napostá, 1936
Ubicado en la avenida Alem, es uno de los tantos clubes de barrio que cumplen un valiosa labor social y deportiva.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Hace 90 años, en agosto de 1936, este diario visitó las instalaciones del club Napostá, entusiasta entidad local que ese año celebraba su octavo aniversario.
“Conocida es la brillante actuación del club que agrupa a jóvenes del barrio donde desarrolla sus actividades atléticas, culturales y recreativas en Avenida Alem 328, donde ha construido la hermosa cancha de basketball, un verdadero adorno para nuestro principal boulevard”, destacó la nota.
Con 311 socios, la entidad, al decir de su secretario, Juan Rodríguez, gozaba de una popularidad “que los estimula día a día a crecer”.
En sus primeros años de existencia, el club se dedicó únicamente al fútbol, aunque con la mirada puesta en ir sumando otras actividades. En 1934 agregó la práctica del basket, recibido con satisfacción por los socios y “despertando el interés de la muchachada”.
Un año después conquistó el campeonato de cuarta división de ese deporte. También la entidad practicaba “el popular y entretenido juego de bochas”, el ajedrez y el atletismo.
El aspecto cultural estaba presente con una sala de lectura que proporcionaba libros de la biblioteca Rivadavia, a la cual el club estaba adherido en carácter de socio colectivo.
Entre los planes para aquel mes, estaba la puesta en marcha de “un interesante campeonato de bolitas para los pibes”, un torneo de ajedrez y, “tomando en cuenta el interés de las señoritas” se había iniciado la actividad del basket femenino”.
La entidad estaba presidida entonces por Pedro Olivera, actuando como tesorero Atilio Palma y entre los vocales se contaban Saturnino Cejas, Pascual Mazza, Antonio Palma y Domingo Blanca.
A 90 años de aquella visita, Napostá sigue siendo uno de los varios clubes barriales que desempeñan una destacada función social y deportiva en la ciudad.