Aure: “Asumí un compromiso a tiempo completo con la profesión”
Ingresó al diario en 1973 y, tras pasar por casi todas las secciones y dirigir el semanario Reflejos, se retiró en 2016. En agosto de 1998 fue distinguido con el Premio Santa Clara de Asís.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
“La simple mención de La Nueva Provincia tiene un peso enorme. Implica haber sido juzgado, condenado, absuelto o, incluso, indultado por lo que el diario representa. Trabajar allí no fue un objetivo que me propuse, sino la consecuencia espontánea de un compromiso con la profesión que asumí a tiempo completo. Fue el escenario donde pude desarrollarme y comprender la enorme responsabilidad que conlleva la comunicación escrita, esa que queda documentada a través del tiempo y que exige un cuidado extremo en cada línea y en cada palabra”.
Ricardo Aure no podría haber descripto de mejor manera el paso de 43 años por el diario La Nueva Provincia, hoy La Nueva., en el contexto de los 128 años desde la fundación del medio que transita tres siglos en nuestra ciudad.
A la hora del repaso, Aure admite que no tiene cuentas pendientes con el periodismo, que se siente profundamente agradecido y que, hoy, su compromiso es devolver todo lo recibido a través de la enseñanza del yoga.
“Mi labor actual es cumplir con el testamento que me dejó mi maestro, Aruna; esto es, replicar esta enseñanza como un servicio genuino a la humanidad”, dice.
Su trabajo lo realiza en centros de todo el país, interactuando con personas que van desde adolescentes hasta adultos de más de 90 años.
“Ya no corro detrás de los paradigmas de dinero o poder que impone el sistema; ahora mi entrega es total, sin pedir recompensa, porque como suelo decir: cuando uno ama de verdad, lo da todo. Esta vida me dio una oportunidad inmensa que espero profundizar en la próxima”, reflexiona.
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Luego de más de cuatro décadas en La Nueva Provincia, Aure resalta la importancia del periodismo tradicional y, al mismo tiempo, compara la mística de las coberturas presenciales con la celeridad tecnológica actual.
“El periodismo que yo viví exigía el contacto humano como algo imprescindible. Había que estar en el lugar, sentir el entorno y verle la cara tanto a la víctima como al victimario; era necesario ver el marco para poder explicar el cuadro”, explica.
“El periodismo que yo viví exigía el contacto humano como algo imprescindible. Era necesario ver el marco para explicar el cuadro”.
“Hoy observo, con cierta rebeldía, cómo la profesión a veces queda de rodillas frente a la tecnología. Sin embargo, abracé los avances tecnológicos en mis últimos 15 años porque me parecieron fascinantes, casi como una película de ciencia ficción”, agrega.
“Pasamos de procesos de horas, desde desgrabar, usar la máquina de escribir y correcciones manuales en taller a entrevistar a una enfermera en la Franja de Gaza y tener la nota publicada, siempre en papel, apenas tres horas después”, recuerda.
Su carrera se destaca por la versatilidad de los temas en los que se involucró y por la dinámica respecto de la continuidad de esos hechos, especialmente en cuestiones de sensibilidad social.
“Me tocó abordar realidades crudas: desde los primeros informes sobre drogadicción y el aumento de la violencia familiar, hasta casos de embarazos adolescentes donde veía a niñas con sus bebés en brazos”, cuenta.
“También investigué irregularidades en el Hospital Penna sobre nacimientos dudosos y saqué a la luz la corrupción en los Tribunales de Trabajo, donde se obligaba a trabajadores mutilados a resignar dinero porque los juicios tardaban décadas”, indica, además de coberturas de repercusión nacional como el juicio por la muerte del soldado Omar Carrasco, un hecho de violencia institucional ocurrido en 1994 que, al final, desató una crisis política y social que terminó con el Servicio Militar Obligatorio; campañas antárticas; sobre la guerra sin fin, o la tragedia de sobrevivir a Malvinas y coberturas especiales en País Vasco, Galicia y Asturias.
En cuanto a entrevistas el abanico es inmenso: desde un niño Abel Pintos jugando a la pelota en su barrio de Ingeniero White hasta figuras como Raúl Alfonsín, Mercedes Sosa, Gustavo Cerati, Sandro y Fernando de la Rúa. También a Diego Maradona (en las playas de Marisol), Luis Brandoni, Juan Manuel Fangio y Oscar Gálvez, entre otros.
—Si tuvieras que elegir un momento que defina tu paso por el periodismo, ¿cuál sería?
—Sin dudas: la cobertura del escape de cloro en la planta de Solvay Indupa (NdR: 20 de agosto de 2000). Las empresas y los comunicados oficiales intentaban minimizar el desastre, pero nosotros teníamos los testimonios que María Inés Di Cicco, quien estaba ese día en el diario, había recogido en el Barrio 20 de Septiembre de Ingeniero White. El momento decisivo fue recibir una llamada anónima y que alguien dejara unas fotos en la portería que probaban la magnitud de la nube tóxica. Con el aval de la dirección, lo publicamos en primera plana. Esa nube era letal; si hubiera cambiado el viento hacia los monoblocks, la ciudad habría enfrentado una tragedia sin precedentes. Aún hoy, haber podido publicar eso me hace sentir en paz.
—¿Cuál ha sido el esfuerzo personal detrás del periodista reconocido?
—Fue un camino de mucho sacrificio compartido con Maryta, mi compañera de vida, con quien formamos una familia de cinco hijos. Durante unos 15 años mantuve una doble jornada laboral: trabajaba de 7.30 a 14 en el Poder Judicial, y de ahí seguía en el diario hasta la madrugada, a veces hasta las 3 o 4 de la mañana, cuando el cierre dependía de procesos manuales antes de la voracidad tecnológica actual. Mi motor siempre fue la convicción: la necesidad de mirarme al espejo al final del día y sentir que esa mirada me daba paz y no una guerra interna.
—¿En qué momento aparece el yoga y cómo transformó tu labor como comunicador?
—Mi vida cambió radicalmente al conocer al Maestro Aruna ((NdR: Yogiraj Aruna Nath Giri. Nació en Córdoba y se radicó en Europa. Fue un referente del Rishi Yoga y discípulo de Swami Gitananda. Fundó escuelas de yoga y centros de cultura integrando la ciencia, la neurología y el espíritu. Falleció en octubre de 2020).
“Gracias a él empecé a comprender las funciones de la mente y el universo inexplorado del cerebro humano. El yoga me sacó de la comodidad de ser un espectador obediente de la vida para convertirme en protagonista. Esta nueva visión influyó de manera directa en mi compromiso periodístico, integrándolo como parte de un compromiso mayor con la vida misma”.
—¿Qué significa ser periodista para vos?
—La integridad del periodista reside en la fidelidad a sus convicciones y en la responsabilidad ética frente a cada palabra documentada.
Algo personal
(Héctor) Ricardo Aure nació el 19 de octubre de 1953 (tiene 72 años) en el Hospital Militar de Campo de Mayo. Es hijo de Elsa Ester Scarcella y Pedro Aure.
Luego de vivir en Paso de los Libres, en Yapeyú y en Pigüé (su padre era militar), en 1961 llegó a Bahía Blanca. Estudió en las Escuelas Nº 18 y Nº 17 e hizo el bachillerato en el Goyena.
En 1970 realizó el curso en el Círculo de Periodistas Deportivos (también cursó Periodismo Moderno en la UNS) y, en 1971, ingresó a la sección Deportes del diario El Eco.
La llegada a La Nueva Provincia se produjo en el año 1973, como cronista volante en Deportes. Allí permaneció hasta 1986, cuando pasó a Proyectos Especiales, donde llegó a dirigir el semanario Reflejos.
De forma paralela, entre los años 1980 y 1995 trabajó en el Poder Judicial. Y estudió los idiomas francés e inglés.
El 23 de agosto de 1998 recibió el Premio Santa Clara de Asís, patrona universal de la televisión y las comunicaciones, en la ceremonia anual celebrada en Buenos Aires.
Algo más personal: en 1981 se casó con María del Carmen Curriqueo (Maryta). Tienen cinco hijos: Samanta nació en 1982; Matías, en 1984; Marisol, en 1987; Ailén, en 1992 y Ananda, en 1993. Y tres nietos: Luan, Imanol y Catalina.
¿Otra pasión? Racing Club de Avellaneda, un legado de su padre y de su abuelo materno. Y lo pone en palabras: “Un gol de Racing provoca el abrazo del más rico con el indigente”.
Esta letra
Estoy.
Escribo.
Estimo.
Estuve.
Desestimo.
Describo.
Destrozo.
Desprecio.
Este teclado y esta pantalla con cámara de alta definición, NO ME DEFINEN.
Es la letra, esa que delata mi mano derecha, en cursiva, en minúsculas y mayúsculas, la única que llega a mitigar el potente impulso interno que me presiona el plexo solar.
Es esa letra, que se bifurca por los ojos y confluye en el entrecejo, la que puede expresarme.
Y me alivia.
Y me responde.
Y suspiro.
Escribo. Estoy. Soy. Doy...
Nota: Documento personal escrito por Ricardo Aure, 1 de enero de 2026.