Lule Vitaquis, la historia del artista que hace cantar a White
Es whitense, trabajó durante años embarcado en la pesca, recorrió el país con una guitarra al hombro y encontró en la música el camino de su vida.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Con el paso de los años, Claudio “Lule” Vitaquis fue ensamblando su historia junto a su querido White, ese lugar que no solo acompañó su recorrido artístico, sino que terminó convirtiéndose en parte inseparable de su identidad.
El sentido de pertenencia aparece desde la primera respuesta. No necesita pensarlo demasiado; apenas comienza la charla deja en claro que todo lo que vino después tuvo un mismo punto de partida.
“Nací en Ingeniero White, en el Hospital Menor. Gracias a Dios soy bien whitense, de pura cepa. Amo mi pueblo y amo a la gente de este lugar”, afirmó sin dudarlo.
Esa identidad atraviesa toda su vida. Porque antes de convertirse en un músico reconocido, antes de recorrer la Argentina con sus tributos a Joaquín Sabina, antes de escribir la canción "Aguante White", fue un chico que aprendió a tocar la guitarra entre amigos, en las veredas del barrio.
Los primeros acordes llegaron cuando apenas tenía diez u once años. Había un profesor que les enseñaba algunas nociones musicales, pero el aprendizaje verdadero sucedía cuando terminaban las clases.
"Nosotros queríamos tocar. Teníamos un profesor que nos enseñaba las notas, pero después seguíamos solos. Hacíamos punteos de ‘Los Enanitos Verdes’, tocábamos folklore y nos animábamos a canciones difíciles. Nunca pensé en estudiar para enseñar música; lo único que quería era tocar", apuntó.
La guitarra tampoco fue una elección sencilla. Le gustaban el teclado y el saxo, pero en aquellos años esos instrumentos eran imposibles para un adolescente de familia trabajadora.
"Siempre me gustó el teclado, el saxo, pero eran instrumentos muy caros. Nosotros éramos pibes humildes y costaba muchísimo comprar uno. Cuando tuve mi primera guitarra ya no la largué más", subrayó Lule.
Si hay un momento que todavía lo emociona es cuando recuerda a su madre, Hortensia Albarracín, quien después de muchos sacrificios logró regalarle una guitarra Ovation, uno de los instrumentos más prestigiosos de la época.
Lule todavía la conserva, aunque sólo la usa para ocasiones especiales.
"Mi vieja hizo un esfuerzo enorme para comprarme esa guitarra. El día que me la regaló me dijo: 'Hijo, con esta guitarra tenés que ganar mucha plata'. Me tomé esa frase en serio y gracias a esa guitarra recorrí la Argentina. Pero, más que la plata, lo más lindo que me dio la música fueron los amigos", resumió.
En el recuerdo de sus palabras, la imagen de su madre aparece una y otra vez.
"Ella me seguía a todos lados. Aunque ya era grande, iba a verme tocar a los bares de noche. Siempre me pedía 'El Témpano', de Juan Carlos Baglietto. Y yo se la cantaba; cada vez que agarro esa guitarra me acuerdo de ella", reveló.
La otra vida, el mar
Mucho antes de vivir exclusivamente de la música hubo otra profesión que marcó su carácter. A los quince años consiguió la libreta de embarque y comenzó una carrera que lo llevó a navegar durante más de una década.
"Me embarqué muy joven. Tiré redes, trabajé en buques factoría, conocí la costa de las Malvinas, la Antártida... Vivía arriba de un barco. Era un tipo de mar, a tal punto que llegué a ser contramaestre”, contó.
Sin embargo, sabía que esa vida tenía un costo demasiado alto.
"Veía a mis compañeros llorar por los hijos. Se embarcaban meses enteros y cuando volvían los chicos habían crecido. Cuando nació Grecia dije: 'Hasta acá llegué'. No quería perderme la infancia de mi hija”, aseguró.
Fue entonces cuando tomó la decisión más importante de su vida.
"Dejé un trabajo donde tenía un recibo de sueldo seguro. Mucha gente me decía que estaba loco, pero elegí esta pasión. Me lo tomé en serio y por eso hoy puedo decir que vivo de la música", contó.
La calle como escuela
Aunque hoy llena teatros y festivales, Lule sigue definiéndose de la misma manera: "Soy un músico callejero".
"Toda la vida canté en la calle. Hice a la gorra en la peatonal Florida, canté en Mar del Plata, donde casi termino preso porque se juntaba mucha gente, jajaja. Aprendí tocando con otros músicos. Llegaba a un bar, aparecía uno con una guitarra y terminábamos en una casa sacando canciones hasta cualquier hora. Esa fue mi universidad", apuntó.
Durante uno de sus viajes embarcado, unos compañeros españoles le prestaron un casete. Era Joaquín Sabina, nunca más dejó de escucharlo.
"Me enamoré de las letras. El que entiende a Sabina encuentra una canción donde está reflejada su vida. Seas abogado, albañil o enfermero, siempre hay una letra que habla de vos, que te sentís identificado", aclaró.
"La canción que más canté en mi vida fue '19 días y 500 noches'. Es larguísima, pero me la aprendí de memoria porque me apasionaba", dijo emocionado.
Lule recuerda especialmente el primer espectáculo dedicado íntegramente al artista español.
"Llegué a Pringles con mi autito y mi guitarra. Vi un montón de sillas blancas y pregunté para qué eran. Me dijeron: 'Es para la gente que viene a escucharte'.
No lo podía creer. Cuando empezó el show estaba todo lleno, me llevé una gran ovación y ese es uno de los tesoros más lindos para un artista”, resumió Lule, quien dijo haber recorrido muchísimos pueblos y ciudades bonaerenses, entre ellas Carhué, Pigüé, Coronel Suárez, Dorrego, Monte Hermoso y muchas más.
"Viví muchos años embarcado. Tiré redes, fui pescador, llegué a ser contramaestre y conocí desde la costa de las Malvinas hasta la Antártida. Era una vida muy dura, pero también muy linda. El problema era cuando veía a mis compañeros llorar porque pasaban meses sin ver crecer a sus hijos”, dijo Lule Vitaquis.
El himno de White
Hay una canción que resume toda su historia y que ya suena como un himno para los habitantes de su lugar de origen y es precisamente "Aguante White".
"Me pidieron que escribiera una canción para el pueblo y entendí que tenía que nombrar todo aquello que nos representa. Los barrios, los clubes, el puerto, las cantinas, los inmigrantes... Porque hacerle una canción a un pueblo es muy difícil; siempre te olvidás de alguien (risas)", explicó.
Entre risas admite que los hinchas del Club Atlético Deportivo Whitense todavía le reclaman no haber mencionado al club en la letra.
"Un amigo me dijo: '¿Y Whitense? ¿Y Defensores del Sur?'. Tiene razón. Pero tampoco podía escribir una canción de diez minutos", remató.
Cada presentación en la Fiesta Nacional del Camarón y el Langostino, donde Lule expone su mejor repertorio, termina de la misma manera.
"No hay forma de no cantarla. Desde el primero hasta el último la cantan y la bailan. White es alegre, su gente siempre lo fue y por eso la hice en ritmo de cuarteto. Me gustaría bailar con cada uno de los presentes, de esa gente maravillosa", dijo.
El comienzo de la canción tiene una historia muy especial.
"Cuando volvía de tocar de Bahía veía la antorcha del polo iluminando el cielo. Para mí era un faro. Yo decía: 'White está para allá'. Esa imagen terminó siendo el comienzo de la canción", contó
Hoy comparte escenario con Grecia, su hija. No la menciona sólo como padre, sino que se refiere a ella como músico.
"Es una cantante impresionante, tiene una afinación increíble. Es mi Olga Román, mi Mara Barros. Me acompaña en los tributos a Sabina y también canta en inglés mejor que yo. El otro día sacó un tema en dos minutos, mientras yo todavía estaba buscando los acordes (risas)”, puntualizó.
“Quiero nombrar y mandar un saludo grande a la otra cantante que trabaja conmigo, que se llama Magalí Barrera. Es compañera de Grecia. Cuando no puede venir una, viene la otra; pero cuando nos pagan bien vamos los tres. Y otros que se suman al grupo de tanto en tanto son mis amigos Pablo Rivera y Verónica Rengelman”, añadió.
Lule también dedica una mención especial para quien considera es su mano derecha.
"Lorena Baños maneja las redes sociales, me saca las fotos, organiza todo. Yo estoy pensando en la música y ella hace que todo funcione; es una compañera de lujo", manifestó.
“Mi abuelo, Nicolás Vitaquis, trabajó con la empresa exportadora de granos de Aristóteles Onassis acá en el Puerto de Ingeniero White, aunque mucha gente eso no lo sabe. Fue por el año 1923 en adelante. Después vino el resto de familia, nací yo, somos cuatro hermanos (Gladys, Héctor y Constantino). Mi papá se llamaba Constantino Vitaquis y murió cuando yo tenía 8 años, pero nos dejó todo bien armado, incluyendo la casa”, afirmó Lule.
Un pueblo que siempre lo espera
Después de recorrer casi toda la Argentina, hay una certeza que nunca cambió para Lule.
"Me recorrí el país de Ushuaia a La Quiaca. Toqué en casi todas las provincias, viajé en avión, conocí lugares increíbles, pero cada vez que vuelvo a White siento que vuelvo a mi casa, vengo a descansar y a activar mi mente con gente conocida”, dijo.
"White es una familia muy grande, acá nos queremos todos. Siempre digo que White tiene que crecer porque es el pueblo que convive con el puerto, con las empresas, con todo lo que genera trabajo para la región. Quiero que cuando la gente venga encuentre un pueblo lindo, cuidado y orgulloso de lo que es", remarcó.
Quizás por eso su historia conmueve tanto. Porque detrás del cantante hay un pescador que cambió el mar por la guitarra. Y porque detrás de cada escenario sigue estando aquel chico que aprendió a tocar entre amigos, en las calles de Ingeniero White.