El mundial 1930: Ilustraciones, fotos y un enviado especial
Con un representante en Montevideo, fotografías propias y un innovador sistema de información para el público, este diario realizó un despliegue sin precedentes para acercar a los bahienses la primera Copa del Mundo.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Primer campeonato Mundial de Fútbol, julio de 1930. Pocos torneos con un inicio tan modesto estarían llamados a convertirse en un suceso deportivo y social de tanta magnitud.
Aquella primera edición fue en el continente americano, con sede en Montevideo, Uruguay. Se invitaron a 16 equipos, pero para algunos europeos el traslado (en barco) era complicado, con una economía en recuperación. Finalmente fueron 13 los participantes.
El 7 de julio llegó a Montevideo el presidente de la FIFA, Jules Rimet, y un par de días después arribaron las delegaciones. La competencia se organizó en cuatro grupos, los ganadores de cada uno jugarían entre sí las semifinales.
En nuestra ciudad no hubo clima de mundial hasta una semana antes de su inicio. Hay que considerar que no existía la televisión, no había estaciones locales de radio, ni celulares, ni internet, ni cable.
En ese contexto, este diario se preparó para ofrecer una cobertura especial. Por un lado, con un repórter gráfico, Hilario Bazzana, como enviado especial. “Significa un nuevo esfuerzo de La Nueva Provincia para ofrecer información gráfica completamente original”, se escribió. Por otro, colocaría un superparlante en su edificio de Sarmiento 64, dando a conocer las incidencias principales de los partidos.
Eran nueve días de competencia que, se mencionó, se convertirán en punto de atracción del mundo entero, “La brega adquiere importancia al ser la oportunidad de liquidar un pleito tantas veces debatido: ¿qué fútbol es mejor, el europeo o el sudamericano?”.
El 12 de julio, un día antes del inicio del torneo, el diario estableció una comunicación telefónica con un miembro del comité ejecutivo, quien manifestó el singular entusiasmo que existía en la ciudad uruguaya y señaló que el diario era el de una comunicación desde más larga distancia.
El día del debut argentino, frente al combinado francés, se invitó al público a reunirse frente al edificio de calle Sarmiento, donde se darían a conocer las alternativas del score “de la mejor manera posible”. Para eso se disponía de la sirena de la azotea, según el siguiente detalle: iniciación del partido, un toque largo; goal argentino, dos toques; goal francés, un toque; final del partido, tres toques. El sistema se implementó en cada encuentro.
El primer informe de Bazzana –via telefónica-- dio cuenta de la hostilidad del público uruguayo hacia el equipo argentino. “Nunca los aplausos fueron para nuestros compatriotas, el estímulo incesante fue para los franceses, demostrando el incontenible deseo de que el foot ball argentino fuera derrotado”.
Durante el desarrollo del torneo el diario publicó infografías, mostrando el estadio Centenario, la formación del team argentino y otros detalles ilustrativos.
El 20 de julio incluyó las primeras fotografías propias y una síntesis del partido ante Méjico: “El triunfo argentino fue lógico y el score pudo asumir mayores proporciones. El referee actuó mal y el público hizo sentir su desagrado con prolongadas silbatinas”, detalló.
Argentina ganó su grupo, venció en la semifinal a Estados Unidos y definió el torneo con Uruguay. Una multitud se reunió en la plaza Rivadavia para seguir las alternativas de aquel partido. Pero aquella primera estrella fue para los uruguayos, que se impusieron por 4 a 2.
El diario cerró su cobertura publicando varias fotografías que iban llegando por avión y los comentarios finales del torneo. Fue la primera de las cuatro finales perdidas por la Argentina en los mundiales.