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"Hay zonas donde aún no llegó ayuda; por suerte mi familia está bien", dijo un venezolano que vive en Bahía

Dylan Beomon, estudiante de la UNS, relató las horas de incertidumbre que vivió desde Bahía Blanca al enterarse del terremoto que afectó a su país natal.

Fotos: La Nueva e Infobae

El fuerte terremoto que sacudió a Venezuela en las últimas horas repercutió con fuerza y dolor a miles de kilómetros de distancia. En Bahía Blanca, el joven venezolano Dylan Beomon vivió una jornada marcada por la desesperación y la angustia mientras intentaba recopilar información sobre el estado de sus familiares y amigos en el país caribeño.

Dylan, quien actualmente reside en la ciudad, cursa la Licenciatura en Turismo en la Universidad Nacional del Sur y se desempeña como jugador de vóleibol en el Club Liniers, se enteró de la catástrofe justo al salir de la UNS: “Me enteré a eso de las 6:30 o 7 de la tarde, un poco después de que ocurrió todo”, abrió y remarcó que lo primero que hizo fue contactar a su madre y a su padrastro para coordinar las llamadas hacia el norte de Sudamérica.

Su familia es oriunda de Cagua, en el estado Aragua, una localidad ubicada a unas dos horas del epicentro del movimiento, el cual se localizó hacia la zona de Carabobo. “Se sintió mucho en todo el país en general, pero a nosotros, que estábamos relativamente cerca, se nos sintió bastante”, detalló.

Al no ser una zona de edificios, sus allegados en Cagua se encuentran fuera de peligro. Sin embargo, la preocupación de Dylan se trasladó a la infraestructura de las grandes ciudades y a las regiones donde su padrastro tiene familiares, como La Guaira. “Ahí estuvo un poco más complicado: edificios que se desplomaron como si nada, carreteras agrietadas y el colapso total de la energía eléctrica. Mucha gente todavía está sin luz y sin Wi-Fi, por lo que la información nos llega muy tarde”.

Panorama desolador

Desde nuestra ciudad, Dylan describió con crudeza el escenario que afrontan sus compatriotas ante la falta de recursos del Estado para contener una emergencia de tal magnitud. “Los centros de salud están colapsados y los bomberos y rescatistas no dan abasto, Hay zonas que aún no llegó la ayuda, pero por suerte mi familia está bien”, comentó.

Además, destacó las cadenas de solidaridad civil que comenzaron a tejerse entre los escombros: “La gente anda pidiendo materiales para poder remover las ruinas y voluntarios que se ofrezcan a ayudar. Con lo que pueden, se ayudan entre ellos”.

Pese al gran alivio de saber que su padre —quien trabaja cerca de Caracas y se encontraba en su hogar al momento del temblor— y el resto de sus familiares directos están bien, Dylan permanece atento a las noticias que llegan desde Venezuela.

"Mi primo que tiene que viajar constantemente hacia la capital, me dijo que todavía hay mucha gente bajo los escombros. En mi zona, que no es un pueblo tan edificado, los daños fueron menos, pero eso sí, todas las casas se movían y también los pisos. Fue tremendo", cerró.