Por qué las ceremonias de los Mundiales suelen decepcionar y la cancha que se convertirá en pileta
Comparaciones y transformaciones, en el camino que une a la Copa del Mundo de fútbol con los Juegos Olímpicos Los Ángeles 2028.
Periodista. En La Nueva desde 2013. Especializado en el movimiento olímpico. Asistió a los Juegos Olímpicos de Río 2016, a los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, a los Juegos Suramericanos de la Juventud Rosario 2022, a los Juegos Suramericanos Asunción 2022, a los Juegos Panamericanos Santiago 2023, los Juegos Olímpicos París 2024, los Juegos Panamericanos Junior Asunción 2025 y los Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026, entre otros eventos internacionales.
Mucho del deporte más espectacular del mundo gira en torno a los Estados Unidos y la atracción va más allá de las finales de la NBA, el US Open, el Super Bowl, Indianápolis, varias veladas boxísticas o alguna carrera de la F1.
Por estos días, los norteamericanos son anfitriones principales de la Copa del Mundo de fútbol y dentro de dos años, serán sede por quinta vez en la historia de los Juegos Olímpicos, mientras que Los Ángeles lo hará por tercera ocasión.
La ciudad del entretenimiento y la cultura ofrecerá mucho más que deportes gracias a su diversidad y amplios paisajes.
Pero sin irnos por las ramas, quería —primero— contar un poco por qué las ceremonias de apertura de los Mundiales suelen decepcionar y, por consiguiente, ser menos atractivas que las de los Juegos.
Para comenzar, hay que señalar que de por sí la comparación será injusta porque se trata de dos eventos concebidos de manera diferente.
Las Olympics Opening Ceremony son en sí mismas un acontecimiento, un espectáculo independiente de la competencia deportiva. Suelen durar entre tres y cuatro horas, involucran miles de artistas, cuentan una historia sobre el país anfitrión, incluyen el desfile de todas las delegaciones participantes, los discursos oficiales, el juramento olímpico y el encendido del pebetero, que es uno de los momentos más esperados.
Se muestran en base a una narrativa inmersiva, donde el público se siente partícipe desde la mismísima cuenta regresiva que te eriza los pelitos del brazo.
En las Copas del Mundo de fútbol poco de eso ocurre.
En principio, porque son apenas un complemento del partido inaugural (o de los partidos, como en esta oportunidad). Todos, incluído el público en cada estadio, estamos esperando que ruede la pelota.
Entonces, dichas ceremonias suelen ser mucho más reducidas, acaparadas por espectáculos musicales y poco más. El atractivo suele ser el propio cantante o la banda de turno como excusa para que el tiempo pase y comience el fútbol.
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Además, suele ser tan excesivamente amplia la previa de los Mundiales, desde el sorteo, las convocatorias, los entrenamientos, los amistosos, las lesiones, las antrevistas y las llegadas de los equipos que para cuando llega la ceremonia, parece que el Mundial ya empezó hace rato.
Si bien por calendario, se dio en varias oportunidades que algunos deportes comienzan uno o dos días antes, en los Juegos Olímpicos, la ceremonia es el verdadero punto de partida y allí nadie está esperando que termine porque no hay nada inmediatamente después esa noche.
Muchos de nosotros seguramente recordatremos entonces la magnífica actuación de Mr. Bean en Londres 2012, con Carrozas de Fuego, más Paul McCartney, James Bond y la reina; los 2008 tambores de Beijing y el recorrido por el Sena, en París 2024.
Ni hablar del encendido del pebetero por Muhammad Ali en Atlanta 1996 y Cathy Freeman en Sídney 2000, por citar algunos ejemplos.
Y sin embargo, nadie (o pocos...) tengan en la memoria qué hubo cuando arrancó Alemania 2006, Brasil 2014 e, incluso Qatar 2022 hasta llegar a Maná, Shakira o Kate Perry y su emotiva interpretación de Wonder junto al pequeño noruego Tius.
Por eso las aperturas de los Mundiales suelen parecer modestas o incluso aburridas frente a la magnitud de unos Juegos Olímpicos.
A propósito, quienes observaron anoche el debut de Estados Unidos y Paraguay habrán quedado impresionados por el majestuoso estadio donde se celebró el encuentro.
El "Estadio Los Ángeles", como se lo conocerá durante la Copa, originalmente llamado SoFi Stadium, fue construido en 2020, tiene una capacidad aproximada para 70.500 personas y cuenta con una pantalla 360, fabricada por Samsung, de 80 millones de píxeles.
Albergará otros siete encuentros, cuatro más por la fase de grupos: Irán vs. Nueva Zelanda, Suiza vs. Bosnia, Bélgica vs. Irán y Turquía vs. Estados Unidos. Luego, dos encuentros de dieciseisavos de final y uno de cuartos, el 10 de julio.
Fuera del Mundial, el estadio es sede de Los Angeles Rams y Los Angeles Chargers (fútbol americano), fue la casa del Super Bowl LVI en 2022 y lo volverá a ser en 2027. Mientras que en 2028 se convertirá en la sede de natación más grande en la historia de los Juegos Olímpicos y co-organizará la Ceremonia de Apertura junto con el LA Memorial Coliseum.
Si bien no fueron comunicados los detalles, e incluso no se conocerán hasta que comience la misma, allá por el 14 de julio de 2028, se sabe un dato extraordinario: la ceremonia se desarrollará paralelamente en dos estadios. Hay unos 10 kilómetros de distancia entre ambos...
Este enfoque de doble sede también se reflejará en el calendario de competición, que incluirá el atletismo en la primera semana de los Juegos y la natación en la segunda, alterando el orden tradicional. La explicación es sencilla: ambas disciplinas se celebrarán en las dos sedes respectivas, lo que permitirá una planificación eficiente y un mejor uso operativo.
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Sí, donde ahora hay una cancha de fútbol, en dos años estará la piscina olímpica donde esperamos ver a los mejores nadadores del mundo y, por qué no, a Agostina Hein y más argentinos. Estiman albergar unas 40.000 personas; una locura.
Será una transformación singular e impresionante, que ya nos encargaremos de ir descubriendo.