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La fiesta de todos (Tres estrellas)

Una nueva edición de un torneo que apasiona y tiene al seleccionado como protagonista.

Parece increíble que hayan transcurrido cuatro años del mundial de fútbol Qatar 2022, cuando el seleccionado argentino logró su tercera corona, y que estemos a días de una nueva edición.

Una puja deportiva que es, junto con los juegos olímpicos, la que mayor atención genera en el planeta, despertando una pasión única.

Es además un momento especial para los argentinos, no sólo por lo que significa el fútbol en el país, sino porque además el seleccionado ha sido constante protagonista de las últimas copas.

En 1978 el equipo dejó de ser el tantas veces mencionado como “campeón moral” para obtener su primera trofeo, un mundial que hasta hoy no ha logrado desprender el logro deportivo del oscuro momento político y social que atravesaba el país.

El de 1982, en España, con el país envuelto en una guerra, luego de la decisión del gobierno militar de invadir las Islas Malvinas y provocar una de las páginas más penosas y lamentables del siglo XX.

El de 1986, el mundial de Diego Maradona. Una selección que se clasificó a duras penas y que jugaba mal pero que en el torneo se transformó en un equipo maravilla, contundente, vistoso, dominante, con un Maradona de excelencia.

Fue el mundial del “gol a los ingleses”, el de la mano de Dios, que le regaló a los argentinos una alegría que hasta sirvió para disimular el difícil momento económico que atravesaba.

Tenemos también muy cerca dos finales perdidas, las dos frente al mismo rival, Alemania, las dos por el mismo resultado, 1 a 0. Italia 1990 y Brasil 2014. Carlos Salvador Bilardo, técnico del combinado en 1986 y 1990, dejó instalada la idea de que ser segundo no sirve, con lo cual es habitual que esos subcampeonatos no sean debidamente valorados y considerados.

Llegamos ahora a un mundial atípico, que se juega en tres países: Estados Unidos, México y Canadá. Curiosamente, el último campeón, Argentina, no es considerado candidato.

Así que se viene otra fiesta, se ha perdido la inocencia como para que el mundial sea utilizado para ocultar realidades del país,y sólo resta disfrutar. Eso sí, no descarten a los nuestros. Nunca.