Nunca más
Un pasado que debe estar siempre presente para evitar caer en los mismos errores y horrores
Las fechas exactas, redondas, resultan propicias para las evocaciones. Los 50 años del golpe de estado del 24 de marzo de 1976 son por demás significativos y llevan a todo tipo de sentires, reflexiones y análisis.
Fue el último golpe militar que tuvo nuestro país, práctica habitual durante casi cuatro décadas, cuando los militares, autoproclamados “la reserva moral de la Nación”, se hacían del poder a partir del uso de la fuerza.
El golpe de 1976 en Argentina fue de carácter militar, ya que el gobierno fue tomado directamente por las Fuerzas Armadas que instauró el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.
Sin embargo, una mirada histórica más amplia lo define como un hecho cívico-militar, ya que los militares contaron con el apoyo, la complicidad o el aval de distintos sectores civiles, entre ellos empresarios, parte del sistema financiero, medios de comunicación, el Poder Judicial y actores políticos.
Basta repasar diarios de la época para advertir la aprobación general que lo acompañó, el alivio que generó en la sociedad en un momento de extrema violencia, sin que nadie condenara el quiebre del sistema democrático y la imposición de una nueva dictadura.
Parte del convencimiento de asumir que no había otra salida, que ese era el camino, que tenían que venir los militares a poner en orden las cosas, como seres iluminados y de capacidad ilimitada.
Nadie imaginó que se abría una de las páginas más penosas, sangrientas, crueles y devastadoras de nuestra historia, un gobierno que en los siete años en que ocupó el poder generó un accionar nefasto e impropio.
Han pasado 50 años del golpe y 43 del regreso de la democracia, “el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás», según lo definió Winston Churchill.
Un aniversario que tiene sus grietas y sobre el que hay distintas miradas, pero que sin debe siempre servir para reforzar una lectura crítica y sentida sobre lo ocurrido.
Seríamos el país más pobre de la tierra si semejante vivencia no dejase las marcas necesarias para nunca más caer en semejante despropósito, para cuidar y defender además a capa y espada un sistema de gobierno que tanto costó recuperar.