Bahía Blanca | Lunes, 19 de enero

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La singular historia de una plaza que fue parte de un cementerio

Diseñada hace 50 años y a la espera de una puesta en valor, la plaza Ricardo Lavalle es parte de una manzana donde funcionó el primer cementerio de la ciudad.

La plaza Ricardo Lavalle (antes llamada plaza del Sol), en calle O'Higgins al 100, entre calles Arribeños y Olivieri, fue diseñada en 1977 en el terreno que quedó desocupado luego de la demolición del viejo mercado de Abasto.

En ese espacio verde de 2.700 metros cuadrados, siempre cuestionado en cuanto a su diseño y uso, se suele referir que funcionó el primer cementerio de la ciudad, entre 1842 y 1862.

La mención es precisa pero parcial, porque el cementerio ocupó toda la manzana delimitada por calles Brown y Saavedra, entre Donado y O’Higgins. Las típicas cortadas de ese espacio fueron trazadas a fines del siglo XIX.

Plano de 1863, con la ubicación de la manzana

 La historia

Durante 20 años funcionó el cementerio en ese espacio, hasta que su estrechez obligó, en 1862, a mudarlo a pocas cuadras, al sitio donde hoy funciona otra plaza, Pellegrini, en Moreno y Tucumán.

No hay datos de los ribetes de esa “mudanza”. Posiblemente desde nichos o mausoleos resultara simple el traslado, pero es adecuado conjeturar que muchos restos quedaron en el lugar.

Desocupada de ese destino, el lugar tuvo como primeros moradores a la gente de los caciques Ancalao, Linares y Raminqueo, considerados indios amigos y hasta 1879 soldados auxiliares del fuerte. Vivían en muy modestos ranchos y su presencia pasaba desapercibida ya que por entonces el centro de la ciudad, el movimiento social, se concentraba en Zelarrayán y Rodríguez. O’Higgins al 200 era parte de las afueras.

El primer cortejo

Fue desde esta comunidad indígena donde se utilizó por primera vez en el pueblo una carroza fúnebre para trasladar un ataúd, desde un ex cementerio a un nuevo cementerio.

Todo comenzó en 1883, cuando el vecino Justo Barda notó que cada vez que fallecía alguien se lo llevaba al cementerio en cualquier tipo de carro o caminando, a pulso. Viendo un posible negocio, Barda compró un carro fúnebre y una yunta de caballos oscuros y se paseó por el centro promocionando esa prestación. Sin embargo, la falta de costumbre hizo que nadie solicitara sus servicios.

Fue entonces que tomó conocimiento del fallecimiento de una india en uno de los ranchos de la hoy plaza Lavalle y decidió ofrecerle a la familia su traslado de manera gratuita hasta Moreno y Tucumán.

Cuando llegó al lugar fue recibido por un numeroso grupo de indios que, como era habitual en sus velorios, habían hecho correr caña y ginebra de manera generosa. La escena del traslado fue tragicómica, porque luego de subir el ataúd al carro, los familiares y allegados también se treparon al mismo y durante todo el recorrido se manifestaron con gritos y cantos. “Parecía un desfile de carnaval! pero la propaganda tuvo efecto positivo y poco a poco empezaron a pedir mis servicios”, contó el propio Barda.

Llega el mercado de abasto

En 1883 el vecino Jerónimo Torres, propietario de las tierras, cedió la manzana a Ataliva Roca, hermano del ex presidente Julio Argentino, quien a su vez se la vendió a Joaquín Carballo, que fue quien decidió construir en el lugar un Mercado de Abasto donde reunir a todos los productores de la ciudad y la zona.

Cuando en 1888 comenzó la construcción del edificio, los obreros encontraron restos óseos humanos, lo que desató un verdadero escándalo. Tomó inmediata intervención la policía, los diarios se sumaron a una historia de posibles homicidios, el misterio se instaló en el pueblo. Hasta que aparecieron los memoriosos, los conocedores, dando cuenta de la existencia en ese lugar del referido cementerio.

El mercado fue transferido a principio del siglo XX a tres prestigiosos vecinos: el médico Leónidas Lucero, Tomás López Cabanillas y José Ramón Zabala y se convirtió en un lugar con vida propia.

Primero ocupó la mitad de la franja central de la manzana, luego se amplió hasta O’Higgins.

Mercado de abasto, sobre calle Donado

Para facilitar su operatividad se abrieron un par de calles para permitir la carga y descarga y se generaron las llamadas “Manzanitas del mercado” –que fueron vendidas aparte-- y el lugar comenzó a identificarse por su griterío y movimiento.

Ese funcionamiento comenzó a ser una molestia a mediados del siglo XX, cuando O’Higgins y Donado se habían consolidado como espacios comerciales y sociales y el mercado quedó en un sitio completamente inadecuado. Los horarios, los ruidos, los gritos, la suciedad, la basura, todo fue conspirando para que se convirtiera, según mencionó un diario, en un “cáncer urbano”.

Las cortadas del mercado, corazón del lugar.

El cambio

En 1948 la municipalidad planteó su decisión de transformar “ese lugar de estratégica ubicación”, atendiendo razones “de orden estético y sanitario”, y la concretar “una intensa modernización”.

En 1951, intendencia de Norberto Arecco, se declaró al edificio de utilidad pública y se concretó su expropiación. A partir de ahí se planteó construir un mercado modelo, municipal, al que se bautizó “Presidente Perón”, organizado en dos subsuelos, planta baja para negocios y cuatro plantas altas para puestos de venta.

No fue ese primer proyecto el que se llevó adelante. Recién en 1967 comenzó la demolición del viejo mercado, en 1968 se concursó su proyecto y en septiembre de 1971 se habilitó el edificio que hasta hoy ocupa el lugar.

Las columnas del nuevo mercado municipal y la demolición del viejo edificio

Sobre calle O’Higgins quedó libre un terreno de 45 metros de frente y 60 de fondo. Hubo intentos de lotearlo, hubo propuestas para construir torres y hasta funcionó como playa de estacionamiento.

A la espera de la plaza, estacionamiento vehicular

Luego de varias idas y venidas, en 1977, la municipalidad aceptó la propuesta de la firma Di Tullio de construir la Plaza del Sol, como parte de su proyecto de un gran hotel en la esquina de O’Higgins y Saavedra.

Plaza del Sol en obra, 1977

Se está ahora a la espera de la puesta en marcha de la intervención –concursada hace 15 meses--que modificará la estética del paseo y del mercado.