Bahía Blanca | Lunes, 09 de marzo

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Falso testimonio: demandan a la consejera Damiani y al Poder Judicial

La joven que la semana pasada recibió una condena penal en suspenso ahora debe responder por daños y perjuicios. La presentación alcanza a la Justicia bonaerense.

Fernando Gabriel Pereyra y Joaquín Ezequiel Álvarez, los dos jóvenes que fueron víctimas del falso testimonio de Fiorela Belén Damiani, demandaron a la consejera y también a la Justicia, por daños y perjuicios.

En el planteo formulado la semana pasada, que se hizo bajo el asesoramiento del abogado Juan Ignacio Vitalini, se pretende un monto de 40.320.000 pesos e intereses, o en más o en menos lo que pueda resultar de la prueba a producirse.

El caso tendrá que ser evaluado por el Juzgado en lo Contencioso Administrativo N° 1 de Bahía Blanca, a cargo del juez Agustín López Cóppola, ya que la persecución incluye a un organismo público como el Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires, en cabeza de la Fiscalía de Estado.

En la presentación, a la que tuvo acceso La Nueva., se deja constancia de los tormentos que vivieron ambos jóvenes al permanecer algunos días detenidos por la supuesta violación denunciada por Damiani, hecho por el cual condenaron a la consejera a la pena de 3 años de prisión en suspenso.

"Fuimos apresados por orden del Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires, a pedido de la fiscal Marina Marcela Lara, alojados en un calabozo de la DDI (Dirección Departamental de Investigaciones), rodeados de otras personas privadas de su libertad, quienes obviamente tomaron conocimiento del delito por el cual allí nos encontrábamos, delito que claramente no es de los más respetados en el circulo carcelario y nos lo hicieron saber", explicaron Pereyra y Álvarez.

"Desde que fueron ambos detenidos en los calabozos de la DDI, las agresiones físicas y principalmente psicológicas nunca cesaron, no solo por parte de los oficiales, sino también por de los mismos detenidos.  

"Permanecimos en lo que se denomina “buzón”, incomunicados, sin visitas, ni ventanas, sin poder ver la luz del sol, durmiendo en una cama de hormigón armado, sin sanitarios y con una pequeña entrada de aire. En ese lugar era imposible determinar si era de día o de noche, sin entender que es lo que realmente estaba pasando y cual era nuestra situación", agregó el abogado en el escrito.