Asado por los silos de La Sirena

23/2/2020 | 14:10 |

Parte de uno de los molinos más importantes que tuvo el país.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.como / @mariominervino

   Hace 95 años, en febrero de 1925, el ingeniero Francisco Marseillán organizó un asado para celebrar la terminación de la cubierta de los monumentales silos del molino harinero La Sirena.
Industria netamente bahiense, propiedad de Luis Godio (1873-1957), el molino fue fundado en 1882 por José Godio (1847-1923), como una elemental instalación a orillas del arroyo Napostá, cuyas aguas movía una rueda triturado. 
   La calidad de la harina elaborada le permitió conquistar el mercado local y con la incorporación de modernas máquinas consolidó la capacidad de producción.
   Fue así que, en 1922, la firma construyó un molino mecanizado en la esquina de las calles Dorrego y General Paz. 
   Tres años después (1925), con el fin de “responder a al aumento de sus operaciones”, la empresa añadió un grupo de silos para almacenar trigo a granel. 
   Se trataba de cuatro estructuras de hormigón armado, material novedoso para la época, de 21 metros de altura y seis de diámetro. 
   La empresa del ingeniero Marseillán demoró apenas siete meses en completar la estructura y llegar a su techado, lo cual dio lugar, según es tradición, a un asado popular, del cual participaron cerca de cien personas, entre obreros y personal del molino.  “El ambiente de la fiesta fue animado, con derroche de buen humor y deseos de progreso”, señaló una crónica de la época. 
   El molino Godio, como se lo conocía en la ciudad, funcionó hasta la década del 80, en que fue adquirido por un pool de empresas que procedió a su desguace y parcial demolición para evitar que fuera una competencia. 
   La estructura semiderruida se mantuvo durante casi 40 años, hasta su completa demolición. 
   En 2018 comenzó a construirse en ese terreno un ambicioso complejo edilicio de viviendas, oficina y locales comerciales.

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