Con las formas del ayer

Hace 115 años, en diciembre de 1903, se bendijo la piedra fundamental de la capilla San Miguel, en el pueblo de Cuatreros (desde 1943 renombrado como General Daniel Cerri).
Apenas comenzó a funcionar, aquel año, el frigorífico Sansinena, los trabajadores de la empresa solicitaron al padre Félix Guerra --director del colegio salesiano de Bahía Blanca-- la construcción de un templo en el pueblo. El presidente de la compañía, el mega empresario Ernesto Tornquist, donó de inmediato una hectárea de tierra para ubicar la obra.
Una suscripción popular permitió contratar al arquitecto José Baüerle para realizar el proyecto. De inmediato comenzó la construcción. La bendición de la piedra fundacional --ubicada debajo de la puerta principal-- fue motivo de fiesta. Tornquist y su mujer oficiaron de padrinos, tras llegar al poblado a bordo de un vaporcito del Ferrocarril del Sud.
Casi treinta meses después, el 11 de mayo de 1905, los obreros de los talleres Forgue colocaron la cruz que coronaba el edificio. Las chimeneas del frigorífico y del lavadero Santa María ya no estaban solas. 
En junio, la capilla había sido concluida, aunque hubo que esperar casi dos meses para que los caminos --en mal estado por las lluvias--  permitieran llegar al pueblo y realizar la gran fiesta inaugural.
“Cuatreros, el humilde y laborioso pueblo cuyos habitantes descansan arrullados por el suave rumor de las ondas del mar, tiene ya su casa de la fe”, escribió este diario. Muchas familias partieron aquel día desde Bahía Blanca. Unas, en tren; otras, en carruajes. 
En un día ventoso, con tremendas nubes de polvo y un escondido horizonte gris, una emocionada multitud ocupó la capilla y elevó sus primeras plegarias al Señor.

03/12/2018

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