Mejoras en el parque Noroeste que consolidan un espacio de relevancia
Las obras son el resultado de una constante interacción entre vecinos del sector, que desde hace años vienen trabajando en recuperar el espacio, luego de décadas de abandono, olvido y degradación.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Con un reacondicionamiento integral del sector de juegos y la adecuación de la pista de ejercicios, el municipio continúa con las mejoras en el parque Noroeste, con una intervención similar a la que viene desarrollando en varios espacios públicos de la ciudad.
En este caso se procedió a mejorar el piso de los sectores mencionados, colocando baldosones de caucho reciclado, un material más adecuado y amable para ese tipo de uso.
Por otra parte se reordenó la ubicación de estos sectores, de modo que cada uno funcione de manera independiente.
Las obras son el resultado de una constante interacción entre vecinos del sector, en particular los reunidos en el denominado Foro del parque Noroeste, que desde hace años vienen trabajando en recuperar el espacio, luego de décadas de abandono, olvido y degradación.
Jorge Luna, referente del lugar e integrante del foro, mencionó que lo obtenido a la fecha es consecuencia del “sacrificio y la tenacidad” del barrio y de una buena respuesta del actual jefe comunal, Federico Susbielles.
“Hay una voluntad de generar una verdadera transformación. Hoy es un espacio con cada vez más uso, el cual se intensifica a medida que se suman obras de mejoramiento”.
Otra tarea que se realizan es el retiro de escombros del cerco perimetral y un acomodamiento integral de los bordes.
La gran materia pendiente es la adecuación del que fuera taller de Montaje, uno de los pocos galpones que ha logrado quedar en pie, testimonio de un ámbito de trabajo que llegó a contar con más de mil empleados distribuidos en distintas secciones relacionados con la reparación y el mantenimiento de la infraestructura ferroviaria.
“Sabemos que la municipalidad trabaja en un proyecto para recuperar el edificio, cuyo primer paso es darle estabilidad a las paredes y reforzarlas”, agregó Luna.
El edificio resultó afectado con el temporal de diciembre de 2024 y la inundación de 2025, debilitado además por años de vandalismo y falta de mantenimiento.
A fines de 2024, el intendente Federico Susbielles anunció que se haría una “demolición controlada”, reducir la altura de las paredes, respetando su fisonomía histórica, con la idea de generar en el lugar un punto cultural y recreativo.
“Esta obra es necesaria para evitar riesgos estructurales y transformar un edificio hoy abandonado en un espacio activo para la comunidad”, señaló Susbielles.
La comunidad cercana acompañó esta propuesta, definiendo al galpón como “uno de los últimos vestigios ferroviarios del barrio”.
Para los vecinos, la discusión sobre la intervención no es técnica sino simbólica: el Parque Noroeste nació alrededor de la actividad ferroviaria, y cada elemento, desde el galpón hasta el mástil recientemente restaurado, forma parte de la memoria del barrio.
Otro tema que preocupa, y mucho, a los usuarios, es el de los robos y la existencia de varios vagones ocupados de manera ilegal.
“Hemos pedido en varias oportunidades que se retiren esos elementos, porque sirven para que se junte gente que se apropia del lugar y se pierde el sentido de espacio público”, indica Luna.
Esta situación es además preocupante considerando que al lugar concurren de manera habitual distintas escuelas para disfrutar del espacio y conocer su historia.
La ciudad industrial
El parque Noroeste se desarrolla ocupando terrenos donde, desde fines del siglo XIX y pasada la mitad del XX, funcionó una verdadero complejo ferroviario dedicado al cuidado, la reparación y el mantenimiento de los distintos componentes de las formaciones del ferrocarril.
El lugar fue construido por la empresa Bahía Blanca al Noroeste en 1891. Pasó a manos del Buenos Aires al Pacífico en 1905, al Ferrocarril del Sud en 1926 y al Estado Nacional en 1946.
Rodeado de un paredón de dos metros de altura que recorría el perímetro definido por calles Sixto Laspiur y Malvinas, entre Rondeau y Juan Molina, gran parte del movimiento pasaba inadvertido para los vecinos, oculto a las miradas ajenas.
Había decenas de dependencias y galpones, destinados a trabajos de herrería, soldadura, estopa, montaje, reparaciones, aserradero, tornería, estación, usinas y almacenes. A partir de la década del 80 el lugar dejó de operar, abandonado a su suerte, con un completo desentendimiento por parte del estado nacional. Los galpones fueron vandalizados, destruidos, robadas todas y cada una de sus partes. Desde la calle, por encima de los paredones, se podía ver como las cubiertas iban perdiendo chapas y estructura.
Al igual que gran parte de los terrenos que supo ocupar el Ferrocarril del Sud sobre la avenida Parchappe, entre Darwin y Falucho, fueron los vecinos quienes tomaron el toro por las astas.
Fueron trabajando el lugar, hubo tareas de forestación y limpieza, cayeron los paredones, se generaron lugares. La municipalidad sumó equipamiento e iluminación.
La ciudad ganó así un espacio verde público de relevancia, quebrando además una barrera urbana que se volvía cada día más insostenible.