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Celulares en las escuelas: el debate volvió a las aulas

A una semana del regreso a clases en Bahía Blanca, especialistas, docentes y organizaciones educativas analizan si los teléfonos deben prohibirse o convertirse en herramientas de aprendizaje bajo reglas claras. 

Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.

Una semana después del regreso a las aulas tras el receso invernal, las escuelas de Bahía Blanca recuperaron su ritmo habitual. Junto con los patios llenos, el tránsito intenso y las mochilas cargadas de cuadernos, también volvió una escena cotidiana que genera cada vez más interrogantes: estudiantes pendientes de la pantalla del celular.

La pregunta atraviesa hoy a todo el sistema educativo. ¿Conviene prohibir los teléfonos dentro de las escuelas o enseñar a utilizarlos de manera responsable? La respuesta está lejos de ser unánime y el debate suma evidencias científicas, experiencias internacionales y distintas miradas de especialistas.

La discusión tomó fuerza este año en la provincia de Buenos Aires, donde comenzó a regir la ley que restringe el uso de pantallas en las escuelas primarias, salvo cuando sean requeridas por los docentes con fines pedagógicos. La norma busca mejorar la concentración, recuperar los espacios de juego y reducir riesgos asociados al uso excesivo de los dispositivos, como el grooming y las apuestas online.

Una realidad que atraviesa a las aulas

Los números ayudan a dimensionar el fenómeno.

Según datos de la OCDE, el 54% de los estudiantes argentinos de 15 años reconoce utilizar el celular todos los días dentro de la escuela, uno de los porcentajes más altos entre los cerca de 80 países evaluados. Diversas investigaciones coinciden en que la sola presencia del teléfono —aunque permanezca apagado— reduce la capacidad de atención y la memoria de trabajo.

El informe "Celulares: ¿prohibir o no prohibir?", elaborado por la ONG Argentinos por la Educación junto con investigadores del Conicet y la Universidad Torcuato Di Tella, agrega otro dato revelador: el 59% de los alumnos argentinos de tercer grado ya posee un celular propio y el acceso alcanza al 90% de los estudiantes secundarios.

Sin embargo, el mismo trabajo advierte que la evidencia internacional no es concluyente respecto de una mejora automática en el rendimiento académico cuando se restringen los dispositivos.

Lo que sí aparece de manera consistente es una disminución de las distracciones durante las clases.

¿Prohibir o regular?

Para el licenciado Claudio Martini, jefe de la Región Educativa 22 de la provincia de Buenos Aires, el debate no debería resolverse con una prohibición general.

"Mi opinión personal es que habría que habilitar el uso del teléfono con ciertas condiciones que debe poner cada profesor. Si el docente decide que no se usa el celular en esa hora, no se debe usar. Y los jóvenes y los niños tienen que aprender a entender ese límite".

Martini propone construir un "contrato pedagógico" entre docentes, alumnos y directivos que establezca reglas claras y sanciones progresivas para quienes incumplan los acuerdos.

"Porque esa otra norma de prohibirlo, en cierta forma, es como incitar a ver cómo podemos transgredir esa prohibición y se va a volver una cacería de brujas".

Al mismo tiempo, considera que los recreos deberían recuperar su función de favorecer el encuentro entre los estudiantes.

"Los chicos están presencialmente en un lado pero virtualmente en el otro, y no están en ninguno de los dos".

Una tendencia que crece

Mientras el debate continúa, muchas instituciones ya comenzaron a actuar.

Un relevamiento de la Asociación de Institutos de Enseñanza Privados de Argentina (AIEPA) determinó que el 10% de los colegios privados bonaerenses ya restringe el uso del celular en el nivel secundario. El estudio comprendió más de 1.500 establecimientos y detectó distintas modalidades de regulación.

El secretario ejecutivo de la entidad, Martín Zurita, resume el escenario que viven las escuelas:

"Es una problemática que vemos día a día en nuestras escuelas: chicos que llegan con el celular como una extensión de su mano, con dificultades para sostener la atención o el diálogo cara a cara. No hay una única solución, pero sí un consenso: el tema no puede ser ignorado".

Los resultados de limitar el acceso

La empresa educativa MotivEd implementó un sistema que mantiene el celular en poder del estudiante, aunque bloqueado mediante fundas especiales durante la jornada escolar.

Las evaluaciones realizadas sobre más de 2.000 alumnos mostraron mejoras significativas: la participación en clase pasó del 38% al 60%; los conflictos vinculados al celular disminuyeron un 75%; y el 83% de los docentes afirmó que sus alumnos estaban más presentes y comprometidos.

Su cofundador, Nicolás Viñales, sostiene: "La atención es un recurso limitado. Cuando el celular está disponible todo el tiempo, compite constantemente con el aprendizaje y con la convivencia.

El desafío no es prohibir la tecnología, sino diseñar entornos donde aprender y relacionarse vuelva a ser más fácil".

En la misma línea, Darío Álvarez Klar, fundador de la Red Educativa Itínere, plantea:

"El objetivo no debería ser controlar a los chicos, sino acompañarlos a desarrollar autonomía y hábitos digitales saludables".

El desafío de educar en ciudadanía digital

Los organismos internacionales también siguen de cerca el fenómeno.

Tanto UNESCO como UNICEF alertan sobre los efectos del uso excesivo de pantallas en el aprendizaje y en la salud mental de niños y adolescentes, aunque insisten en que las restricciones deben formar parte de estrategias educativas más amplias.

Mariela Reiman, directora de Chicos.net, considera válida la existencia de límites, pero pone condiciones.

"Definir que en ciertos espacios y momentos los dispositivos se guardan y se apagan puede ser una decisión válida. Aprender también implica poner límites y construir acuerdos sobre cuándo conectarse y cuándo no".

Sin embargo, aclara que esas medidas solo tendrán sentido si simultáneamente "hay que seguir educando sobre ciudadanía digital, y hay que garantizar otras tecnologías disponibles en la escuela".

Mucho más que una distracción

La discusión trasciende el rendimiento escolar.

Pablo Mainer, fundador de la ONG Hablemos de Bullying, advierte que el teléfono también potencia conflictos vinculados a la convivencia.

"La escuela está siendo la caja de resonancia de toda una complejidad social", sostiene.

El especialista explica que el 86% de los casos de violencia digital tiene origen en relaciones presenciales y sostiene que las restricciones, por sí solas, no alcanzan.

"Hoy es imposible separar el bullying del ciberbullying; el 86 por ciento de los casos virtuales tienen un anclaje en el mundo real".

¿El camino es prohibir?

Por su parte, la psicopedagoga y especialista en neuroeducación Mariana Savid Saravia considera que el debate suele plantearse en términos demasiado simplificados y que no debiera ser así.

"El desafío no está en prohibir, sino en construir un camino intermedio que invite al aprendizaje conjunto".

Para la especialista, quitar el celular sin enseñar un uso responsable resulta insuficiente. 

Y también advierte que una prohibición absoluta podría profundizar desigualdades tecnológicas entre escuelas y familias.

Las experiencias internacionales muestran que no existe una única receta. Algunos países optaron por prohibiciones generales; otros permiten el uso exclusivamente con fines pedagógicos; y varios delegan la decisión en cada establecimiento.

En la Argentina tampoco hay una respuesta uniforme. Once jurisdicciones ya cuentan con regulaciones propias, mientras otras aún analizan cómo abordar una problemática que atraviesa tanto al aprendizaje como a la convivencia escolar.

Con las aulas nuevamente llenas después de las vacaciones de invierno, el debate vuelve a instalarse con fuerza. La evidencia disponible parece ofrecer una conclusión compartida por buena parte de los especialistas: el desafío no consiste únicamente en decidir si el celular entra o no al aula, sino en definir quién, cuándo, cómo y para qué se utiliza. 

Porque, más que una discusión sobre tecnología, lo que está en juego es el modo en que las escuelas del presente preparan a los estudiantes para convivir y aprender en un mundo cada vez más digital.

Cinco claves para una regulación inteligente

Los especialistas, compartieron 5 recomendaciones para gestionar de forma consciente y saludable, el uso de pantallas en las aulas:

--Integrar la regla al proyecto institucional:  el uso del celular debe integrarse al reglamento escolar igual que cualquier otra norma de convivencia, con sus razones explicadas (recuperar atención, mejorar el aprendizaje y fomentar vínculos) y no como una imposición arbitraria.

--Definir claramente cuándo puede usarse pedagógicamente: no se trata de eliminar la tecnología, sino de definir con claridad cuándo y para qué se habilita el celular con fines educativos, y comunicarlo de antemano a alumnos, docentes y familias. El objetivo es que los docentes no tengan que estar controlando constantemente el uso del celular, sino que cuenten con protocolos claros que les permitan enfocarse en enseñar y aprovecharlos pedagógicamente.

--Involucrar a las familias desde el principio: los hábitos digitales se construyen también fuera del colegio, por lo que charlas y contenidos dirigidos a padres son tan importantes como la medida dentro del aula.

--Mantener el celular en poder del alumno pero inaccesible: evitar sistemas de recolección (cajas, lockers) que trasladan la responsabilidad y el riesgo del dispositivo al colegio. La clave es que el estudiante lo conserve, pero que deje de estar disponible durante la jornada.

--Medir resultados después de implementar: relevar indicadores de atención, convivencia y bienestar antes de aplicar la política y volver a medirlos nuevamente, permite ajustar el protocolo con datos reales.