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Un amor de “colección”, el museo que se viene y una frase que lo dice todo: “De Comercial desde la cuna”

Flavio Discioscia, whitense de 41 años, fanático del verdiamarillo y yerno de Mario Rachi, histórico emblema del portuario whitense. ¿Qué más se puede agregar?

Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

Instagram: @sergiopeysse

Twitter: @elpeche1973

(Nota ampliada de la edición impresa)

Mientras tomábamos el café y el preámbulo de la nota se extendía sin tiempos establecidos ni apuros apremiantes, miré varias veces hacia el rincón de la cocina donde estaba la heladera, que no tenía la puerta pintada de amarillo y verde ni era una ilusión óptica que me podía hacer confundir: los imanes con los colores de Comercial imponían ese sentimiento tácito que mentalmente te lleva a entender todo antes de hacer la primera pregunta.

Los buzos y los camperones colgados en las sillas marcaban su propio territorio y en el quincho estaban ellas, las 82 camisetas del club portuario que engalanan la colección que, sin querer ni proponérselo, un día “armó”, “creó” o “fabricó” Flavio Discioscia, whitense de 41 años y “Gringo” hasta la médula.

“Como veras, Comercial es todo, hoy es un estilo de vida más allá de que sigo siendo hincha, fanático y enfermito”, aclama mientras atravesamos el amplio patio de la casona tipo “chorizo” de avenida San Martín 3445.

Con paso acelerado, se dirigió hacia el racimo de bolsas de consorcio que contenían no sé cuántas pilas de camisetas que iba a empezar a desarmar para la foto.

“Estoy buscando una bandera muy significativa para mí, la que envolvió la cuna el día que nací. Me la regaló mi tío Adrián (Ruiz), fanático de Villa Mitre, que justamente la sacó de la sede tricolor, porque en aquel entonces, los clubes, en sus frentes, solían lucir las banderas de los otros representantes de la Liga del Sur”, señaló Flavio, criado en Plunket al 3.800, a una cuadra del coloso verdiamarillo.

“Esa bandera dice ´Desde la cuna con vos´, así que imagínate. Fueron los primeros colores que vi. Después me hice simpatizante de Boca, pero cuando me preguntan de quien soy hincha, respondo de Comercial, mi corazón no comparte otros colores”, declara el peluquero que desde hace 18 años mantiene en pie su propio salón de corte, “Flavio Barbería”, en la parte de adelante de su vivienda.

Jugó al fútbol (llegó a menores), al básquet y al futsal en Comercial, es socio, colaborador y está en pareja, desde hace dos décadas, con Natalia Rachi (con él en dos fotos), hija de Mario, emblema e ídolo del verde del Puerto en la dichosa y prestigiosa década del 80.

“Tenemos dos hijos, Franchesco (14 años), que juega al fútbol y al básquet en el club, y Giovana (7), que práctica básquet. Aunque ellos nos acompañan a cualquier actividad, porque si hay que pintar, cocinar o vender una rifa, ahí estamos con la familia entera”, cuenta quien, de jovencito, fue cadete de una rotisería y mozo en las famosas “cantinitas” de calle Guillermo Torres.

--¿Cómo surgió lo de coleccionar camisetas?

--Fue natural, de un día para el otro y sin pensarlo. Cuando era chico solía comprar camisetas y pantalones y andaba todo el día vestido de Comercial. Estaba tan metido en el club que me empezaron a regalar, aunque algunas la conseguí de “mangazo”, no lo puedo negar. Las primeras que recibí fueron “donadas” por arqueros y jugadores de básquet, y son de fines de los 90 y principios de la era 2000.

“Mucho me ayudaron amigos que jugaron en la institución, como Adrián Abdala, Roque Armario y Juan Manuel Santos (básquet), son los que vienen a casa y me dicen ´Esta es de tal, con esta le ganamos a…´ Hoy lamento no haber llevado un registro, por eso algunas camisetas, que está buenísimas y brillan por sí solas, son ´NN´ y no recuerdo a que época pertenecen”.

El museo cuenta con 82 prendas, sin contar chombas, buzos, pantalones, camperones, gorras y bufandas. Y, además de fútbol, futsal y básquet, hay una bien distinta.

“Es de fútbol playa, porque, para los que no saben, Comercial hace tres años que participa en esa disciplina, en Buenos Aires, y nos está yendo bastante bien”, nos pone en aviso el aplicado volante creativo o enganche de Agencia Martina, equipo histórico de la Liga Comercial, hoy en Veteranos B.

“Cuando me empezaron a regalar, dejé de comprar, y hoy solo sumo a la colección camisetas de jugadores, que hayan sido utilizadas en un partido o campeonato, con número y sin etiqueta, ¿se entiende? Naty por ahí me trae alguna que vio en algún local y le gustó, pero yo prefiero que llegue desde las manos de algún protagonista. Ahora se van a enterar de que estoy armando el museo y, por ahí, aumenta la producción…(risas)”, comenta de refilón, mientras yo clavaba los ojos en una foto donde Flavio, vestido de Comercial, hace “pogo” en un recital del Indio Solari.

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--¿La idea es exhibirlas?

--Sí, pero eso cuando tenga un quincho más grande o un compartimento especial y específico para colgarlas en perchas o en cuadros. Hoy me haces esta nota y se me pasan mil opciones por la cabeza, por eso no sé para donde voy a salir. Son muchas, y además también hay 21 pantalones, entre cortos y largos.

“El hincha de Comercial es de acumular amuletos y ropa de todo tipo, porque son los colores más lindos del mundo. Acá en White, hay un chico, Nicolás Galíndez, quien también tiene una colección grande, pero no sé cuándo empezó ni cuantos testimonios tiene”.

--Entre todas las que tenés, ¿hay alguna especial?

--Sí, y me emociono cada vez que la veo; es la de mi suegro, Mario Rachi, la 5 que lució en la final del ascenso de 1985, el día que Comercial le ganó 4-1 el clásico a Huracán en cancha de Olimpo. En el pecho dice “Cantina Royal” y el amarillo está manchado de pasto. Hermosooo…

“No me la pongo para que no se gaste, es una reliquia, durante un tiempo largo durmió conmigo, la tenía debajo de la almohada. La cuido como oro, es la única que, si me la piden, es imposible de regalar”.

--Pero hay otra que…

--(Interrumpiendo), si, te leo la mente, ya sé en la que estás pensando, la otra que me regaló Mario, la de la Selección de la Liga del Sur, con la que marcó a Kempes y a Maradona cuando el seleccionado argentino de César Luis Menotti vino a Bahía (13 de mayo) antes del Mundial 78. Esa es un orgullo más familiar que personal, aunque es otro de los tesoros que guardo en lo más profundo de mi corazón.

“Otro regalo especial es un camperón que me obsequió Néstor Luciani, todo azul con el escudo de Comercial que resalta en el pecho, que utilizó el cuerpo técnico en el torneo Nacional de 1974”.

--¿De básquet tenés alguna más cara a los sentimientos que otra?

--En realidad un pantalón, el del “Flaco” Lliteras cuando Comercial salió campeón oficial de Primera en 2001. Tenía 17 años y seguí toda la campaña de ese equipo, hasta ligué una musculosa del “Loco” Mele, un personaje único e irrepetible.

“Juntar camisetas es un ´laburo´ hermoso, pero es como las fotos o los videos de VHS, cuando empezás a revolver te pinta la nostalgia, sobre todo cuando se cumple un aniversario de Comercial o el club organiza algún evento íntimamente relacionado con nuestra historia”.

¡A ordenar!

“Cada vez que miro las pilas de camisetas en las bolsas me doy cuenta de la cantidad que tengo y que, sí o sí, debo hacer algo para no tener que ´manosearlas´ tanto. Mi hermano Nico (los otros son Maxi y Andreina) no cuenta con tanta cantidad, pero las mantiene bien dobladas y planchadas. Debo aprender de él”, confiesa el hijo de la medanense Graciela Ruiz y del whitense Domingo, o “Cachi”, ambos fervientes admiradores del comercialino.

“Delante de la casa de mis padres, en calle Avenente, vivía el ´Manco´ Gamero, ídolo y referente de Comercial. Con eso te digo todo”, apuntaló quien asegura que, si algún hincha le pide de regalo una camiseta, lo puede llegar a contemplar, menos las de su suegro Mario Rachi, esas son “sagradas”.

Nació y vive vestido de verde y amarillo, profesa la religión comercialina y desde que empezó a ir a la cancha solo, entre los 10 y 11 años, nunca se perdió un partido.

“Voy a ver la Primera, las menores, el básquet, al futsal, soy extremadamente enfermo de Comercial. En la cancha me uno a la hinchada, aunque no soy parte ni organizador de la barra”, establece marcando y respetando los valores de una pasión que no se arrepiente de haber heredado.

--Un sábado de tanta actividad, ¿cómo hacés para atender la peluquería?

--Los sábados no trabajo, aunque están los tres magníficos, mis empelados (Mati, Ale y Nacho), quienes desde hace años me vienen acompañando y no los cambiaría por nadie ni por nada. Ellos saben cómo me manejo, nos conocemos, además la barbería ya tiene un nombre y una posición establecida en White.

--Está bien, pero si diste un turno con anticipación y ese día y a esa hora juega Comercial, ¿qué hacés?

--Suspendo o postergo, primero Comercial. Te voy a contar algo: el día que le festejamos el primer año y el bautismo a mi hijo, me escapé del almuerzo a las dos de la tarde porque en White jugaba el verde. No había nada que me detenga, me perdí el postre, la mesa dulce y la entrega de tarjetitas y suvenires. Primero Comercial, después el resto, y mi familia lo sabe.

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“Además, los sobrinos de Naty, Joaquín y Santi. juegan en el club y vamos todos a verlos. Nuestras vidas giran en torno a Comercial”.

--¿El mejor jugador que viste?

--Varios. Me hablaron maravillas de mi suegro Mario y del “Ñoqui” Santiñaque, pero me voy a quedar con uno que me llenó los ojos de fútbol: Leandro Pierez. Sé que se va a agrandar y que otros amigos se van a enojar, pero elijo la magia de un 10 exquisito y con el ADN comercialino.

--¿El gol que más gritaste?

--El de Nielsen (Juan Ignacio) en 2006 (15 de octubre) ante Tiro, acá en White. Le ganamos 1-0, nos salvamos del descenso y mandamos a los “turcos” a la B. Casi me caigo de la tribuna.

--¿Tenés amigos de Huracán?

--Sí, y los quiero mucho.

--Te invitan a comer una paella al bulevar, al salón de la sede del Globito, ¿vas?

--Sí, ¿por qué no? No iría a la cancha de ellos si es que no juega Comercial, nada más. Somos rivales, no enemigos.

--Lindo mensaje.

--Antes que nada respeto por los colores, por la vida de los demás y por los sentimientos de uno y otro lado.

--¿Podrías haberte “enamorado” de una “cangreja”?

--No, eso sí que no. Yo la tuve fácil, Natalia es comercialina de cuerpo y alma como su familia. Estamos juntos desde hace 20 años, nos conocimos por compartir los mismos grupos y por estar relacionados, de alguna manera, a Comercial. Además, siempre digo lo mismo, sino se espantó en la primera cita…

--Contame, ¿qué pasó?

--La invité al bar de la Agrupación 22 (así se denomina la barra verdiamarilla), el que estaba donde hoy se encuentra la panadería más famosa de White (La Nueva Central). Tomamos unas cervezas rodeados de hinchas que iban y venían con los bombos y las banderas. Le declaré mi amor y me contestó con un “si” lleno de ternura. ¿Qué más voy a pedir?

--Era aceptar o salir corriendo.

--No se pudo resistir, ja, ja…

--El ascenso, ¿se les dará este año?

--Me ilusiono con ese objetivo todos los días, la A es la categoría donde Comercial se merece estar. No es fácil y nadie te regala nada, pero hace un tiempito que el club viene trabajando bien con las inferiores y con inculcar el sentido de pertenencia. No es casualidad que el 80 por ciento del plantel mayor esté compuesto por jugadores propios de la institución.

“Comercial no tiene barras bravas, acá en White nos conocemos todos, son hinchas caracterizados que dan una mano y que siguen al equipo a todos lados. Para mi somos los más seguidores y populares de la Liga del Sur”.

--Para ir cerrando, ¿es cierto que cortás el pelo en los buques extranjeros que amarran en el puerto whitense?

--Sí, conseguí un permiso de la Agencia Marítima para entrar a los barcos y ofrecer mis servicios. Por lo general le corto a capitanes que no quieren bajar a tierra, que me llaman para que vaya, y suelen ser rusos, ucranianos, chinos, indios y filipinos.

--Con ellos, ¿hablás de Comercial?

--Ja, ja… No entienden nada. Lo bueno es que suelen interpretar mi inglés básico y podemos charlar mientras les corto el pelo. Les abró el grifo con Comercial, se los pongo a la altura de Boca y River, total… Además voy con el buzo o la campera del club, ya saben, los hice hinchas…(risas).

La anécdota

“Una vez, cuando tenía 15 años, me colé en la cancha, en un partido de local frente a Sporting. Salté el alambrado y me agarró la policía, que a modo de castigo me llevó, en patrullero, a la comisaría de White. Me dejaron detenido el tiempo que duró el partido y me largaron, sin decirles nada a mis padres. Como era menor no me quedaron antecedentes, pero el susto, por no decir otra cosa, me duró varios días, je, je”,