Violaba a su hijastra en cementerios y lo condenaron a 15 años de prisión
El hombre fue sentenciado por los graves delitos cometidos en Coronel Suárez a principios de 2020. También la sometió a manoseos. La chica le contó a su madre pero no le creyó. Su padre biológico denunció el caso.
La perversidad de los abusadores sexuales y el sufrimiento infligido a las víctimas no tiene límites.
Esto quedó reflejado en lo que le ocurrió a una chica de 13 años en Coronel Suárez, quien fue violada en tres ocasiones por la pareja de su madre en el interior de distintos cementerios de esa ciudad.
La chica no solo debió “luchar” contra los ultrajes, sino también soportar que su madre y hasta alguna de sus hermanas no creyeran en sus pedidos de ayuda.
Finalmente, como suele ocurrir, la joven encontró contención en la escuela y su padre biológico realizó la denuncia al tomar conocimiento de la situación.
En las últimas jornadas, y en el marco de un debate abreviado, el sujeto -no se lo identifica para preservar a la niña- fue condenado a 15 años de cárcel por el juez del Tribunal en lo Criminal Nº 1, Hugo Adrián De Rosa.
El magistrado lo halló culpable de los delitos de abuso sexual gravemente ultrajante en concurso real con abuso sexual con acceso carnal reiterado, ambos agravados por haber sido cometidos mediante el aprovechamiento de la situación de convivencia preexistente con una menor de 18 años de edad.
Previamente la fiscal Agustina Olguín y el defensor oficial Augusto Duprat, con la aceptación del procesado, acordaron la calificación legal de los hechos y la sanción.
El imputado se encuentra detenido en la cárcel de Villa Floresta, aunque podría ser trasladado próximamente a la Unidad Nº 19 de Saavedra.
Para el juez quedó probado que, entre enero y febrero de 2020, con frecuencia diaria y en varias ocasiones por jornada, en el interior de la vivienda que compartían en Pueblo San José, el procesado sometió a la víctima a manoseos.
Los hechos eran cometidos aprovechando la situación de convivencia y amenazando a la víctima, a quien le refería que si contaba lo que pasaba “se alejaría y su madre sufriría”.
Al mismo tiempo, en el interior de los cementerios de Pueblo San José y Pueblo Santa Trinidad, tomó por la fuerza de los brazos a la menor y la empujó contra una pared, para luego accederla carnalmente.
Estos hechos se reiteraron en tres ocasiones y contra la voluntad de la niña.
Descubrimiento
El caso salió a la luz el 20 de febrero de 2020, cuando el padre biológico de la adolescente fue convocado a la escuela a la que concurría su hija.
Allí le mencionaron que desde hacía días observaban a la menor muy triste y que, consultada por una profesora, la chica le dijo que “su padrastro la acosaba, le controlaba el celular, le mandaba mensajes y que también la manoseó en varias oportunidades”.
De inmediato el hombre concurrió a la comisaría y denunció la situación, por lo que se requirieron las pericias de rigor.
El informe del médico de Policía que evaluó a la víctima detalló la presencia de “signos de violencia ejercidos sobre la región genital”.
Personal del Servicio Local municipal se entrevistó con la madre de la chica, quien refirió que su expareja “le hace la vida imposible” y que su hija “está complicidad con él”
"Usa ropa corta"
La mujer descreyó de la veracidad de lo denunciado y hasta consideró que su hija es “la que provoca por usar ropa corta”.
Una hermana de la chica dijo que nunca tuvo problemas con el acusado y que nunca vio que la sometiera a manoseos.
La víctima declaró en la causa y describió cómo era la convivencia en la vivienda, donde, según dijo, dormían todos en una misma habitación.
Relató que mientras su madre se estaba conociendo con el procesado, su hermana mayor le mencionó a la progenitora que el hombre había intentado acercarse a ella, aunque la mujer, al igual que en su caso, no le creyó. El sujeto, consultado al respecto, negó esa afirmación.
La chica contó la forma en que iniciaron los abusos (dos meses después de comenzar a convivir), los mensajes que el hombre le enviaba y la forma en que la intimidaba para que no contara nada.
Explicó que los manoseos se producían cuando su madre estaba en el patio o se descuidaba un instante.
Acerca de su progenitora, sostuvo que “nunca me defendió, nunca me creyó”.
Comentó que las violaciones ocurridas en el cementerio se produjeron en ocasiones en las que le pedían realizar distintas diligencias y el hombre se “ofrecía” a llevarla.
Detalló que en todos los casos el individuo se detuvo frente a esos lugares y con distintas excusas la hacía ingresar, para luego someterla contra su voluntad.
Señaló que el sujeto la amenazaba y le decía que si contaba algo nadie le iba a creer.
También admitió que lo ocurrido provocó que "tuviera miedo de estar con hombres".
Pruebas decisivas
El juez consideró que la declaración de la chica “se presentó coherente, persistente en lo sustancial y exenta de contradicciones relevantes a lo largo de las distintas intervenciones efectuadas durante el proceso”.
Agregó que “la joven describió con claridad la dinámica de los hechos investigados, precisando las agresiones sufridas contra su integridad física y sexual, así como las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que aquéllas ocurrieron”.
Destacó también que “las manifestaciones de la víctima encuentran sólido respaldo en diversos elementos objetivos de corroboración externa”.
Finalmente, explicó también que “adquieren especial relevancia las intervenciones de los profesionales de la salud y del equipo técnico interviniente, quienes constataron indicadores emocionales y psicológicos compatibles con situaciones de abuso sexual y experiencias traumáticas de significativa intensidad”.