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Obras para destapar un problema más profundo que un pluvial obstruido

El municipio invertirá $85,5 millones en la limpieza de un conducto a la altura de avenida Alem al 3000, en una ciudad donde el crecimiento desordenado y la infraestructura envejecida siguen condicionando cada lluvia.

Hay una realidad incontrastable en nuestra ciudad: sus problemas de infraestructura –servicios, pavimento, pluviales— son consecuencia de la falta de planificación y del crecimiento anárquico que ha tenido en las últimas décadas.

No se llega a tener el 60% de calles de tierra porque sí, ni se sigue distribuyendo agua potable con cañerías colocadas por los ingleses hace cien años por su calidad.

Se necesita un plan permanente de obras que vaya dando respuesta a los cambios que va teniendo la ciudad.

En el caso de los pluviales, gran parte de la evacuación del agua se realiza mediante un tendido diseñado hace 60 años, cuando el agua corría de otra manera, el suelo absorbente era otro y las lluvias de otra intensidad.

Para paliar esa situación, la municipalidad llamó a licitación para la desobstrucción del pluvial que corre por calle Javier Rizzo –a la altura de avenida Alem 3000--, entre Agustín Álvarez y Evaristo Carriego.

Se trata de un recorrido de 295 metros de una cañería de hormigón de 100 mm, la cual se encuentra un 90% obstruida por la acumulación de sedimento. También se realizará la limpieza del sumidero y de los caños de empalme.

El trabajo tiene un presupuesto oficial de $ 85,5 millones y un plazo de ejecución de 60 días.

De esta manera la comuna sigue con una tarea de limpieza de pluviales que en muchos casos nunca han tenido mantenimiento, con lo cual han perdido su capacidad de evacuación.

El secretario de Obras Públicas, licenciado Gustavo Trankels, explicó a este medio que se realiza un control permanente de esas instalaciones.

“Cuando son tareas menores las hacemos con personal propio, a veces las realiza Aguas Bonaerenses SA (ABSA) o recurrimos a Bahía Ambiental Sapem o cooperativas de trabajo. Para tareas mayores llamamos a licitación o las derivamos a la provincia”.

“La limpieza del entubado del Napostá, por caso, se realizó con recursos de la provincia. Fue una tarea muy importante considerando que no había antecedentes de que se hubiese limpiado antes. Lo mismo ocurrió con el pluvial de calle Godoy Cruz, que llevaba 20 años sin atención”, agregó.

En relación a los anegamientos que se producen con las lluvias, Trankels refirió que tienen diversas causas, sobre todo cuando son lluvias intensas en poco tiempo.

“Cuando detectamos problemas de drenaje hacemos un monitoreo con inspectores y personal que van estableciendo cada situación. A veces se trata de pluviales tapados, otros no tienen la capacidad necesaria para evacuar elevados volúmenes de agua”.

Finalmente señaló que la desobturación de cañerías es permanente porque con tantas calles de tierra es habitual que se junte sedimento, con lo cual se verifican las bocas de inspección para conocer el estado de situación.

Un aviso de 60 años

Un ejemplo de situación lo podemos tomar de una nota publicada por este diario hace 60 años, en febrero de 1946.

“Cuando se construyeron las obras sanitarias y se pavimentaron las calles sostuvimos la conveniencia de efectuar los desagües pluviales para evitar inconvenientes, de modo que el agua tuviera rápido tránsito sin que se llegue al anegamiento de las calles. El centro es el caso típico de esa desidia edilicia. De haber existido una política de urbanización las cosas habrían marchado mucho mejor”, se señaló en “La Nueva Provincia” allá por 1946.

Se mencionó, además, que de haber existido ese plan urbano “no se habría dado la anarquía edilicia” de nuevos barrios.

“Por eso se debe cambiar de táctica. No solo se debe cuidar el trazado de las calles, sino que se impone efectuar los desagües necesarios. De lo contrario la ciudad se anegará siempre, con un aguacero violento o un milimetraje insignificante. No es posible dejar que el progreso de Bahía Blanca siga su evolución mientras sus calles se anegan completamente”.

Unos años antes, en agosto de 1938, se señalaron las consecuencias de una lluvia en Villa Mitre, haciendo mención a una obra realizada durante la administración de Agustín de Arrieta, “un zanjón que servía de desagüe, el cual en poco tiempo quedó cubierto de tierra y su cauce no podía arrastrar las aguas que descendían con ímpetu de las lomas”.

Un estudio más cercano, realizado por profesionales  de la UNS y del INTA luego del temporal del 7 de marzo de 2025, volvió a ocuparse del tema.

“Es crucial optimizar la red de desagües pluviales, asegurando su capacidad y mantenimiento ya que varios barrios en zonas altas sufrieron inundación. En Ingeniero White se deberían revisar los escurrimientos para facilitar el drenaje hacia la ría”.

El estudio destacó a su vez “un aspecto positivo de la ciudad”: el encontrarse en una zona con pendiente “los excesos de lluvia escurren de manera eficiente, tienen un escurrimiento natural más eficaz. Sin embargo, esa rápida evacuación puede generar caudales de punta excesivos, aumentando los desbordes e inundaciones. Por ello es fundamental que se administre el escurrimiento, incorporando medidas de retención y conducción adecuadas”.