Psicología política del 25 de mayo: ¿Por qué nos anestesian con una falsa libertad?
.
Se cumplen 216 años del histórico 25 de mayo. Probablemente en la mente de muchos/as está la imagen del cabildo que dibujábamos en la escuela, la de los vendedores ambulantes, las cintas que repartían French y Beruti, y ese deseo de un pueblo que quería “saber de lo que se trataba”.
Sin embargo, el 25 de mayo de 1810 fue una revolución con todas las letras. Un estallido impulsado por la militarización de una ciudad que venía de echar a los ingleses, y aunque les pese a muchos/as el motor no estuvo en los trajes elegantes, sino en el protagonismo de un “nosotros” plebeyo, ya que milicias populares de morenos y pardos, o “marrones” como etiquetan despectivamente ahora, eligieron de forma democrática a sus jefes y garantizaron la caída del virrey Cisneros.
Castelli, apoyado en ideas de soberanía popular, convence a la mayoría del Cabildo de destituir al virrey y el 25 de mayo marca el inicio del camino hacia la independencia con la conformación de la Primera Junta.
Eso sí que era un “Viva la libertad”. Pero, mientras que en 1810 libertad fue un grito colectivo, el “¡Viva la libertad, carajo!” que nos gritan hoy desde el poder es una marca de cotillón individualista. De esta manera, nos cambian y nos roban el sentido de las palabras en la cara. Por eso, la gran pregunta es: ¿Es libertad si para salvarnos tenemos que dejar a media patria afuera?
Desde la Psicología Política podemos esbozar algunas respuestas. Wendy Brown filósofa y politóloga estadounidense, autora de numerosas obras, sostiene que bajo el paradigma neoliberal, la libertad se reduce a una lógica de mercado y a la autonomía individual frente al Estado.
Las personas somos definidas como empresas de nosotros/as mismos/as y toda nuestra existencia se mide bajo criterios económicos; la meta es la competitividad y la valorización. Así no hay construcción colectiva posible y es una forma de ahogar a las democracias.
A su vez, Brown considera que la batalla crucial de nuestro tiempo está en disputar el sentido de la palabra libertad y arrebatársela a la versión libertaria, a la que define como "agresiva, antisocial y antiestatal".
Para poder hablar de libertad hay que ser libres de carencias, de precariedad, de desamparo. Si la libertad es una condición para diseñar un proyecto de vida ¿cómo hacerlo cuando el 80% sobrevive?
Pretenden instalar la idea de que la libertad se alcanza haciendo sacrificios, entonces los sistemas o colectivos (palabras que les jode) de salud, educación, ciencia, cultura, discapacidad, jubilados, entre tantos otros, debemos asumir estoicamente ajustes económicos, desregulación, “cascadas” y la retirada del Estado, interpretando el sacrificio personal y la falta de protección social como un "precio necesario" a pagar en nombre de la autonomía, el mercado y la libertad.
El 25 de mayo nos tiene que sacudir la modorra y sacar de la impotencia. La Revolución de 1810 no nació para sacrificar al pueblo en pos de los mercados; fue el pueblo el que decidió tomar las riendas de su propio destino. Que quede claro, que si hoy no llegás a fin de mes, que si no podés pagar los remedios de tus viejos o el boleto para ir a la facultad, no es un "mal cálculo individual", es el resultado de un modelo que decide que millones, como vos y yo, somos prescindibles.
La libertad que “sigue prometiendo a los gritos” está en ruinas. Rompieron el tejido social y nos dejaron una postal deshilachada que es la antítesis exacta de la gesta patriótica de 1810. Este domingo corresponde recordarles que la libertad no es el derecho cruel a ver cómo el de al lado se hunde, mientras algunos pocos flotan en una burbuja o viven una realidad paralela. La libertad, la que verdaderamente carajo importa, es la que nos da esa capacidad colectiva de construir un destino común donde haya lugar para todos.