Un 10 para una tesis que propone recuperar el castillo de White
El trabajo de Gonzalo Bostal, titulado “Ecos del puerto: museo del patrimonio industrial y del territorio”, mereció la calificación máxima en la Universidad Nacional de La Plata.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
A Gonzalo Bostal le quedaba un último requisito para recibirse como arquitecto en la Universidad Nacional de La Plata: defender la tesis final.
Poco más de un año dedicó a ese trabajo, al que tituló: “Ecos del puerto: museo del patrimonio industrial y del territorio”, en el cual desarrolló una propuesta para la puesta en valor y uso de la ex usina General San Martín de Ingeniero White, popularmente conocida como el castillo.
“En la tesis se trabaja sobre edificios existentes que tengan cierto valor cultural, tecnológico o arquitectónico. Durante la carrera se toman principalmente ejemplos de La Plata, pero en el trabajo final se nos permite elegir un edificio de nuestra ciudad de origen. El castillo me atrapó enseguida”, explicó Gonzalo.
La referencia es al edificio de la ex usina, el cual se encuentra sin uso, solo ocupado el que fuera taller de reparaciones --con FerroWhite-- y la ex casa del director de la usina, donde funciona el café “La Casa del Espía”.
Se trata de un edificio que emula los castillos de la edad media en Italia: fortalezas con altos muros, contrafuertes, arcadas, ventanales verticales y una torre almenada.
“El estilo se aleja un poco del románico lombardo florentino puro, considerado en el siglo XIX el estilo nacional de Italia, y remite a varios períodos históricos, con un lenguaje neo-románico lombardo y ecléctico”, manifestó Gonzalo.
El interior se destaca por su calidad espacial y ornamental: revoques símil piedra, molduras, capiteles, frisos, pisos geométricos, barandas de hierro forjado y bóvedas de crucería.
Hoy, la “Usina del Castillo” se mantiene en pie, como un testimonio de la historia industrial y social de la ciudad, pero la falta de mantenimiento ha provocado un avanzado deterioro en muros fisurados, revoques desprendidos, losas destruidas, carpinterías dañadas y chapas caídas.
“A pesar de ello, mantiene su estabilidad y sigue transmitiendo la fuerza y monumentalidad propias de este ícono del patrimonio bahiense”, agrega.
La propuesta
Para Bostal, la preservación implica valorar tanto las cualidades arquitectónicas del inmueble como su aporte al paisaje.
“Conservarlo responde a razones históricas, culturales y educativas, permite mantener viva la memoria de las formas de producción y de los procesos sociales que les dieron origen. Su recuperación es una oportunidad de reactivar su valor simbólico y social, integrándola a la vida contemporánea”, detalló.
La propuesta de la tesis fue un programa museístico, al que consideró “la estrategia más adecuada para su preservación activa”.
“El museo concebido como espacio de interpretación y aprendizaje, que permita poner en valor la memoria industrial y portuaria de Ingeniero White. A través de la exposición, la mediación y el recorrido, se convierte en un relato habitable: un lugar donde la arquitectura comunica la historia y la proyecta hacia el futuro, permitiendo que sus huellas y grietas la sigan contando”.
La idea es también revalorizar la ría como ámbito productivo y como un escenario cultural y natural, que restituye una mirada donde industria, naturaleza y comunidad vuelven a entrelazarse.
El proyecto respeta la planta baja, donde con mayor fuerza se manifiesta la usina, sus huellas y su funcionamiento, planteando un recorrido que invite a apreciar toda su infraestructura y su memoria.
“La intención no es demoler, sino liberar y adecuar”.
Personal
Recibido e instalado en nuestra ciudad, Gonzalo repasó los detalles de una tesis que sorprendió por su contenido al jurado y que le valió un 10 como nota final, en parte por la estrategia de intervenir el edificio sin opacarlo y convertirlo en la pieza central del proyecto.
--¿Conocías el castillo de antes de comenzar la carrera?
--Lo descubrí buscando edificios para la tesis. Tenía algunas opciones, como los galpones ferroviarios de Noroeste o el ex Hotel Sudamericano (Brown y avenida Colón), pero cuando apareció el castillo no dudé más.
--¿Qué dijeron tus docentes? ¿Les pareció interesante el edificio?
--El edificio les encantó, fue un descubrimiento para ellos. El castillo aportaba un valor distinto: un estilo románico muy marcado y un peso histórico importante. A eso se suma su relación con la costa y los humedales, que abre muchas posibilidades de trabajo.
--¿Barajaste otros posibles usos o siempre fue museo?
--Al inicio busqué un enfoque más ambiental, un nexo entre el puerto y los humedales, una intervención que ayudara a la recuperación del ecosistema y su biodiversidad. Un centro ambiental respondía muy bien a eso. Pero entendí que, si bien la idea era válida, no le daba al edificio el protagonismo que merece. Por eso empecé a pensar en un programa que no solo lo pusiera en valor, sino que también permitiera aprender de él. Ahí aparece la idea del museo.
--¿Cómo fuiste consiguiendo el material gráfico?
--Desde el museo-taller Ferrowhite me ayudaron mucho, siempre dispuestos. En algunos sectores trabajé con aproximaciones y gracias al acceso pude generar mi propio material.
--¿Cómo ves el edificio hoy, con tu mirada profesional? ¿Si tuvieras que impulsar la obra, cómo crees que deberían gestionarse los fondos?
--El edificio es hermoso. Si bien se nota el abandono y cierto deterioro, se encuentra en condiciones recuperables. Por su escala, se trata de una intervención de gran inversión. En Argentina existen antecedentes de recuperación de edificios patrimoniales, como la Usina del Arte o el Centro Cultural Sarmiento, por parte del Estado. Por tratarse de un bien con protección patrimonial, el Estado debería ser el principal impulsor de la obra. Sin embargo, la participación del sector privado puede ser clave.
--¿Cómo ves a Ingeniero White en cuanto a su potencial arquitectónico-turístico?
--El puerto está lejos de su máximo potencial turístico. Hay mucho por hacer, muchas cosas por descubrir. Ingeniero White tiene una identidad portuaria muy fuerte, que se expresa en su tejido urbano, en sus viviendas y su historia. A eso se suma su herencia industrial y ferroviaria.