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Masacre de Patagones: heridas que no se ven y que no se van

La Justicia indemnizó a una alumna del curso de "Junior". En el fallo describieron los alcances del daño psicológico.

Ya son varios los alumnos que recibieron, de parte de la Justicia bahiense, millonarias indemnizaciones por estar aquella mañana fatídica del 28 de septiembre de 2004 en la misma aula que Rafael Juniors Solich, en lo que se conoció como la Masacre de Patagones.

En los últimos días, la jueza federal Nº 2, María Gabriela Marrón, condenó a la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires y a la Prefectura Naval Argentina (fuerza a la que pertenecía el padre del joven tirador) a pagar 5,4 millones a otra compañera de "Junior" y 3,3 millones a su madre, más intereses, por daño moral y psíquico

Pero más allá de la sentencia, es conmovedor saber de qué manera las consecuencias psicológicas perduran, a más de 20 años, en los jóvenes -hoy adultos- que, por fortuna, zafaron del imprevisto ataque que dejó tres alumnos fallecidos y cinco lesionados.

E.E.U., una de las jóvenes sobrevivientes, todavía tiene fortísimos escollos internos para reinsertarse en la vida social, pese a no ser una de las víctimas directas alcanzadas por las balas. 

Esa mañana, esa escuela, esos chicos

Ella compartía con "Junior" el 1° B del Polimodal Islas Malvinas, pero esa mañana, después de la entrada, dejó su carpeta y útiles en el aula (donde no había ningún adulto responsable a cargo) y se dirigió a la preceptoría, desde donde la horrorizaron los ruidos de los disparos y los gritos.

Cuando volvió sobre sus pasos encontró a compañeros huyendo, en medio de gritos desoladores, llanto y sangre. 
Todos corrían hacia la sala de video, cuando "Junior" realizó el último disparo, sin impactar a nadie más. Sin embargo, en el aula quedaron los signos de la barbarie.

Huellas indelebles

La Licenciada Verónica Noemí Fernández fue la psicóloga que entrevistó a la joven en el marco de la demanda que acaba de ganar.

La víctima confesó en ese encuentro que al día de hoy le escapa a "las multitudes" y que, en general, prefiere no asistir a eventos.

Recién en los últimos años pudo concurrir a una fiesta del pueblo donde refirió "haberse sentido tranquila" al observar seguridad en el lugar y estar acompañada por su grupo familiar.

La paciente le dijo a la psicóloga que se siente "una complicación" para el resto de las personas, lo que la lleva a "evaluar" muchos aspectos antes de acercarse a una persona o un lugar. "Si no se siente cómoda o cree que no se sentirá a gusto con alguna situación prefiere no ir", explicó la profesional que entrevistó a la víctima. 

En la misma línea concluyó que es "muy desconfiada" a la hora de hacer nuevas amistades y fue "todo un desafío" volver a compartir un aula con gente que no conoce, incluso en la universidad, al punto que necesita sentarse en un banco cercano a la puerta de salida.

Al día de hoy le cuesta pasar por la puerta de la escuela Islas Malvinas, que queda de paso entre su vivienda y la de su madre, y prefiere tomar otra calle y recorrer más trayecto para evitar esa situación.

"No tengo pesadillas ni recuerdos que vengan de la nada, pero cuando llega un aniversario (del hecho) se me pone la piel de gallina, es algo inexplicable", sostuvo la víctima.

Desde aquella mañana tuvo que dormir con la luz prendida -mucho tiempo junto a su madre- y no logra acostumbrarse a los ruidos fuertes. 

"Me paralizan y me descolocan, incluso cuando hay partidos de fútbol y tiran cohetes", relató.

La jueza Marrón, luego de analizar todas las pruebas reunidas, y tal como resolvió en otros casos, entendió que tanto la Provincia de Buenos Aires -a cuya administración corresponde la escuela donde se registró la masacre- como la Prefectura Naval y el padre de "Junior" -integrante de esa fuerza de seguridad- deben responder por haber actuado con negligencia e imprudencia, sin evitar los hechos.

Más de 50 impactos

Terror. Según el Juzgado de Menores N° 1 de Bahía Blanca, a cargo de la jueza Alicia Ramallo, los peritos determinaron que hubo 54 impactos de bala, sumando rebotes de los proyectiles disparados por Solich.

Presencia. Al momento de los disparos había en el aula 22 de los 27 alumnos del 1° B del Polimodal Islas Malvinas. 

Deceso. La jueza aceptó la demanda de parte de la joven y su madre, aunque rechazó el reclamo por daño moral de parte de su padre, hoy fallecido. La familia fue asesorada por los abogados Manuel Maza y Leandro Sferco.

Víctimas. "Junior" (como se lo conoce públicamente a partir de su segundo nombre, Juniors) mató a sus compañeros Federico Ponce, Evangelina Miranda y Sandra Núñez. Y en la misma acción hirió de gravedad a Pablo Saldías Kloster, Rodrigo Torres, Nicolás Leonardi, Cintia Casasola y Natalia Salomón.