Fuentes: entre la postal perdida y la promesa de recuperación
De escenarios de encuentro a estructuras olvidadas, el municipio impulsa una inversión para devolverles vida y funcionalidad con un mantenimiento periódico y permanente.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Pocos elementos del equipamiento urbano parecen tan “muertos” como las fuentes que han dejado de funcionar, pensadas y diseñadas a partir de la presencia del agua, la cual debería estar operativa, con un líquido limpio, transparente y en movimiento y que por el contrario su abandono da una idea de descuido, desde y desinterés.
Una fuente abandonada transforma un símbolo positivo (vida, agua, encuentro) en lo opuesto, estancamiento, olvido y pérdida de sentido. Puede haber más lecturas, pero en definitiva es resignar el disfrute de un elemento que debiera embellecer la ciudad, que la gente disfrute, que ayuda a sentirse mejor, un elemento convocante y que se opone a la aridez del clima.
En Bahía Blanca, históricamente, las fuentes de agua se construyen para que no funcionen. El sistema circulatorio deja de funcionar al poco tiempo, se quedan sin agua, se fisuran, se convierten en nada. Muchas incluso no han sido diseñadas para ser protagonistas del espacio que ocupan, aparecen a un costado, al pasar, pero no son el foco de atracción, convocante.
Por eso, resulta interesante la decisión de la municipalidad de modificar esa situación a partir poner en marcha un plan estableciendo un servicio regular, permanente y exclusivo –tercerizado-- destinado al mantenimiento preventivo y correctivo de las mismas, que garantice su permanente funcionamiento.
Se pueden mencionar como fuera de servicio las fuentes del parque Independencia y el parque de Mayo, las de la plaza Rivadavia, la del paseo de las Esculturas, la de la plaza Villa Mitre, las de Ingeniero White, entre otras varias distribuidas en distintas plazoletas y paseos.
La propuesta ahora es disponer de un esquema de intervenciones, programadas y periódicas, contratando empresas particulares que se dediquen a la atención de al menos dos fuentes por semana, permitiendo una cobertura adecuada y el seguimiento de sus instalaciones.
El camino
Para eso se ha convocado a licitación de empresas, con un presupuesto oficial de 34,8 millones de pesos mensuales. En principio, se considera una primera intervención en la fuente vecina al monumento a la Loba y a la de los juegos infantiles en el parque de Mayo, el monumento a los Héroes Caídos en Malvinas en el paseo Cuyo, el bebedero de Brandsen y avenida Cerri, la del Centenario de Ingeniero White (Vélez Sarsfield y San Martín), la de los ingleses y la de calle Alsina, ambas en la plaza Rivadavia.
El servicio a contratar comprende su limpieza, mantenimiento y la verificación de su funcionamiento.
También incluye la limpieza de sus piletas, incluyendo superficies internas y elementos ornamentales, la incorporación de productos para evitar las proliferación de algas y suciedad, el retiro de residuos, la remoción de grafitis, el control de las bombas, conductos y elementos de impulsión de agua, el sellado de pérdidas y la verificación del funcionamiento general.
Para los trabajos el contratista deberá disponer de personal capacitado y maquinaria adecuada.
Una historia (de tantas)
Posiblemente la llamada fuente de los ingleses haya sido la primera en su tipo en la ciudad. Ubicada en la plaza Rivadavia, recostada sobre calle Estomba a la altura de la avenida Colón, fue el obsequio que en abril de 1928 hizo la comunidad británica a la ciudad en ocasión de celebrar esta sus cien años.
En diciembre de 1926, la municipalidad respondió de manera positiva al pedido de la Sociedad Británica, luego del visto bueno de las direcciones de obras públicas y plazas y jardines, dando posesión a Arturo Coleman, presidente de The British Community Pro-Centenary Comittee, de 122 metros cuadrados de la plaza Rivadavia para ubicar este monumento-fuente, costeado por los miembros de esa comunidad.
Con los trabajos en marcha, Coleman dirigió una nota al gobernador de la provincia, el convecino Valentín Vergara, solicitando lo exima del pago de la aprobación de los planos de la fuente, de los derechos de construcción y de la tasa de conexión a la colectora cloacal, pedido al que Vergara gentilmente accedió.
La fuente se destaca por una suerte de obelisco truncado de mármol de Carrara, con bajorrelieves destacando las distintas actividades que vinculaban a los dos países y un par de placas conmemorativas. A eso suma la pileta, cuatro columnas de iluminación y un pedestal con un niño de cuya boca salía agua.
Ese elemento fue retirado en 2021, luego de haber sido vandalizado, y se encuentra a resguardo en la sede de 2Museos, de Sarmiento 450, a la espera de su reparación y reposición.
Esta fuente de los ingleses ha tenido en su recorrido de un siglo momentos operativos y de abandono. En la década del 50 se la utilizó como apoyo para el armado del pesebre a fin de año, en los veranos de los 60 ha servido para el baño de los niños, fue una de las postales de la ciudad y sirvió para ilustrar una historieta relacionada con su uso para ahorrar agua en los hogares.