Crece la congelación de óvulos en Bahía: “Las técnicas vienen para mejorar el futuro de las mujeres”
Entre cambios sociales y avances médicos, se redefine el momento de formar una familia. “La criopreservación es ideal antes de los 37 años”, dijo la especialista en fertilidad, María José Iturria.
Periodista y comunicadora digital. Forma parte del equipo de redacción de La Nueva desde 2022, donde cubre eventos locales, regionales y nacionales, generando contenido para las ediciones impresa y digital.
Audionota: Marina López
La escena se repite cada vez más: mujeres de poco más de 30 años, con proyectos personales, académicos o laborales en marcha, que no descartan la maternidad, pero tampoco quieren que el reloj biológico marque el ritmo de sus decisiones.
En ese cruce entre deseo, planificación y ciencia, la criopreservación de óvulos se consolida como una alternativa en expansión en Argentina y con fuerte impacto en Bahía Blanca.
“La criopreservación de óvulos es una técnica que en los últimos años ha aumentado un montón”, explicó la ginecóloga y especialista en fertilidad María José Iturria, quien se desempeña en AMERIS, en el centro CREARE y también en PROCREARTE.
El cambio, según señala, responde a una transformación cultural profunda: “La mujer decide postergar su maternidad por distintos motivos: económicos, laborales, de relaciones. Y esta técnica permite acompañar esa decisión”.
La clave está en una idea simple pero potente, que es preservar hoy para decidir mañana. “La ventaja que tiene es que congela la calidad de esos óvulos que luego se van a utilizar más adelante cuando la mujer decida ser madre, pero con la gran ventaja de que esos óvulos van a tener la calidad de la edad que congeló”, remarcó, en diálogo con La Nueva.
Once días para ganar tiempo
Lejos de lo que podría suponerse, el procedimiento es breve y sencillo. “Requiere 11 días en la vida de una persona”, detalló Iturria.
El proceso comienza con una estimulación ovárica de aproximadamente nueve días, mediante gonadotrofinas administradas de forma subcutánea. “En un ciclo natural se desarrolla un solo folículo y el resto se pierde. Con este procedimiento buscamos aprovechar al 100 % los folículos disponibles de ese mes”, explicó.
La segunda etapa es la punción ovárica: “Es un procedimiento quirúrgico de 20 minutos, con una sedación intravenosa leve. Por vía transvaginal se aspiran los folículos y de allí se obtienen los óvulos”.
El trabajo continúa luego en el laboratorio. Los ovocitos son identificados, evaluados y, si son maduros, se someten a vitrificación: un congelamiento ultrarrápido a -196 grados en nitrógeno. Allí quedan almacenados hasta el momento en que la mujer decida utilizarlos.
De la urgencia médica a la elección personal
La técnica no es nueva, pero sí lo es su uso extendido. En sus inicios estaba destinada a pacientes oncológicas que necesitaban preservar su fertilidad antes de tratamientos invasivos.
“Hoy es muy usada porque la maternidad se pospone en esta nueva normalidad. Es una herramienta interesante para planificar una familia”, sostuvo la especialista.
Cuando llega el momento de utilizarlos, esos óvulos se fecundan mediante fertilización in vitro. “No pueden regresar al cuerpo”, aclaró.
El factor tiempo, en el centro
Uno de los ejes centrales es la edad. “La criopreservación es ideal antes de los 37 años, porque la calidad del óvulo va de la mano de la edad. No es que después no se pueda, pero cuanto antes, mejor”, indicó Iturria.
Para evaluar cada caso, se utiliza la hormona antimülleriana, un indicador clave de la reserva ovárica (cantidad de óvulos disponibles para quedar embarazada). “Nos habla del potencial reproductivo de cada mujer, que es distinto en cada caso”, explicó.
Esa información permite tomar decisiones más precisas. “Hay mujeres a las que les conviene congelar antes y otras que pueden esperar un poco más”, añadió.
Aun así, la especialista fue clara: “Es una posibilidad de maternidad futura, no una garantía”. En términos concretos, señaló que “congelando entre 10 y 15 óvulos, la probabilidad de tener un hijo es del 60 %”.
En ese contexto, también aparece una limitación económica: los tratamientos no suelen estar cubiertos por obras sociales o prepagas cuando responden a una decisión personal. “Es una opción que tiene la mujer hoy por hoy, es optativa”, explicó.
Una tendencia que también se ve en Bahía
El fenómeno global tiene su reflejo local. “El crecimiento se ve claramente en Bahía Blanca. Tengo muchas chicas derivadas de otros ginecólogos que ya vienen con la hormona antimülleriana pedida y directamente a consultar por el procedimiento”, contó.
El perfil se repite: “Son mujeres de alrededor de 35 años, haciendo posgrados, organizando viajes al exterior, sin pareja o que simplemente no quieren hijos en este momento”.
En paralelo, la maternidad se corre en el tiempo. “El promedio se ha extendido de los 38 a los 42 años en mujeres modernas. Pero el reloj biológico sigue avanzando: después de los 37 años la reserva ovárica cae notoriamente”, advirtió.
Actualmente, el procedimiento se realiza en la ciudad. “Desde CREARE pueden tomar turno con especialistas en fertilidad. Es importante consultar, asesorarse e informarse”, agregó.
Decidir (o no) también es una elección
Más allá de la técnica, Iturria puso el foco en la información como herramienta de libertad. “Si la reserva ovárica es baja no significa que una mujer esté condenada a no tener hijos. Y pedir la hormona antimülleriana no implica que vayas a congelar óvulos. Sirve para tener un pronóstico y decidir”, sostuvo.
“Estas técnicas vienen para mejorar el futuro de las mujeres, para que programen sus vidas como quieran y para que no corran con ese reloj biológico que verdaderamente tenemos. Lo importante para ser mamá es el deseo de serlo. Las mujeres que quieran podrán hacerlo. Y las que no, también está bien”, concluyó.
En tiempos donde los proyectos de vida se reconfiguran, la ciencia ofrece una posibilidad concreta: que la maternidad no sea una carrera contra el tiempo, sino una decisión consciente.