Una biblioteca tallada de historias
Una estudiante de Literatura y Escritura de la Universidad del Arte, con antepasados en Bahía, realizó un ensayo sobre la biblioteca Rivadavia.
Por Lias Jose Thornton (*)
“Anduve dando vueltas por la ciudad en busca de huir un poco del hogar y, de paso, encontrarme con el lugar donde creció mi madre.
Entre los sitios que visité está la Biblioteca Rivadavia. Una histórica estructura clásica, tan bella con sus vitrales en la entrada y suficientemente fuerte y resistente como para haber mantenido todos sus libros a salvo durante la inundación pasada.
En el fondo de la planta baja hay una puerta que da a una sala de lectura que me atrajo enseguida. No solo por sus techos altos, los imponentes retratos al óleo, el impresionante silencio colectivo o incluso el piso bien conservado; sino, también, por sus bancos de lectura. Pequeñas mesas individuales de madera oscura, viejas pero fuertes con su sillita de cada lado, enfrentadas para poder leer y mirar a los ojos a tu acompañante literario, o algún fantasma fundador, organizadas de dos en dos en filas casi hasta el fondo de la habitación e incluso aún más particular y razón por las que las menciono: todas están casi completamente marcadas.
Marcas de las vidas que han pasado por este lugar en busca de leer un libro, esconderse o simplemente estar tranquilos. Niños, adultos, adolescentes. Han tenido la idea o el impulso de tallar con algo estos bancos y dejar un mensaje. Corazones con iniciales, citas secretas, amenazas e incluso sueños. Todas estas son las huellas de quienes han sentido algo en este lugar.
De entre todo el mejunje de mensajes, destaco en particular uno de la última fila del lado izquierdo a la puerta, en el banco 3 o 4, justo bajo una punta del vidrio que protege estas historias: un corazón medio grande encierra “Fabian y Claudia 30/6/83”.
¿Qué habrá sido de este amor? Intento imaginar a una parejita de jóvenes sentados juntos y susurrándose cosas al oído, ella tal vez intentando fingir que lee mientras lo mira a él de reojo, las manos entrelazadas bien fuerte debajo de la mesa para que nadie los mire, un “shh” de fondo cada vez que se ríen muy alto ¿Los habrán atrapado por marcar este corazón? ¿Seguirán juntos? ¿Cómo era la vida bahiense en 1983 para ellos? Tal vez también intentaban huir de la vida diaria o al fin se sentían libres de expresarse, de ser ellos mismos, esperanzados por la vuelta de la democracia en el país. ¿Qué pensaban ellos al respecto?
Cuando más tarde volví a la casa de mis abuelos me quedé viéndolos en su rutina, en cómo interactúan, cómo se entienden de forma instintiva, ese amor silencioso pero que sigue ahí. Quizás ellos también tallaron algún banco o árbol en un intento de dejar rastro de su amor, quizás mi mamá también lo hizo con alguien en su momento. En mi mente pienso, espero, que esa pareja haya sido feliz y que aún sigan juntos, como mis abuelos”.
(*) Estudiante de Literatura y Escritura de la Universidad del Arte, con antepasados en Bahía. En 2025 estuvo en la ciudad y recorrió el lugar.