Bahía Blanca | Domingo, 29 de marzo

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Una fe más fuerte que el miedo a morir: “Es un milagro estar vivo y poder seguir jugando al fútbol”

El pringlense Emanuel Bilbao se formó en Olimpo, se convirtió en arquero profesional cuando el aurinegro todavía estaba en Primera y hoy defiende la valla de Alvarado en el Federal A. El 21 de octubre de 2022 ganó el partido más importante de su existencia tras superar una compleja operación en la cabeza: “Ese día volví a nacer”.

Fotomontaje Guillermo Kluin y fotos Emmanuel Briane y Archivo La Nueva.

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(Nota ampliada de la edición impresa)

"Dios aprieta, pero no ahorca", le dije en voz baja sin tener que darle un sermón. Sus ojos estaban cargados de lágrimas y de memoria me recitó la lección que la vida le enseñó: “Aunque el destino nos someta a pruebas difíciles, a riesgos de salud y a momentos de gran angustia, siempre hay que aferrarse a una esperanza que nos indique que existe una salida o solución”.

Emanuel Bilbao nació el 3 de noviembre de 1989 en Coronel Pringles, el fútbol lo atrapó desde chiquito y a los 11 años arribó a las infantiles de Olimpo porque pretendía llegar a ser “arquero profesional”.

Permaneció en filas del aurinegro hasta 2014, cuando fue cedido a préstamo a Guillermo Brown de Puerto Madryn, el paso previo a Quilmes, Huracán Las Heras, Villa Dálmine, Instituto y Atlético Rafaela.

En la mayoría de los clubes luchó el puesto desde abajo y le tocó alternar entre las convocatorias al primer equipo y las chances de atajar en la Reserva, pero en la Gloria cordobesa le tuvo que hacer frente al partido más complejo de su existencia: un aneurisma cerebral derivó en una operación de altísimo peligro de muerte, pero como la intervención fue exitosa y sin secuelas, él declara feliz que el 21 de octubre de 2022 volvió a nacer.

El domingo que pasó, Ema estuvo en el estadio Roberto Carminatti defendiendo el arco de Alvarado, que cayó 2-0 ante Olimpo en el debut de ambos en la edición 2026 del Federal A.

Aunque hacía mucho que no lo veía, lo conozco, y cuando nos saludamos tranquilamente le pude leer la mente: a partir de ese 21 de octubre de hace ya casi cuatro años, este campeón de la vida ya no cae en depresión por un traspié deportivo ni le genera insomnio un error personal que, por lo general, termina en gol para el rival.

“Cualquier derrota duele, pero menos si es que al otro fin de semana tenés revancha; lo que muchas veces no podés manejar, porque no sabés, es el miedo a morir, y eso es lo que generó pánico en mi y en mi familia cuando nos explicaron cuales eran las consecuencias que podía generar el aneurisma alojado en la arteria carótida interna izquierda”, contó el golero campeón con la Primera local de Olimpo en 2009.

Acto seguido, el jugador fue derivado a un especialista en neurocirugía para determinar la conducta terapéutica a seguir.

--¿Cuáles fueron los primeros síntomas?

--Siempre tuve dolores cervicales, eran comunes por tirarme y andar tanto por el piso, pero nunca había experimentado la sensación inaguantable de un taladro en la cabeza, del lado izquierdo, detrás del ojo. Iba a entrenar y le decía al masajista que con sus manos haga magia para que se me pase el malestar, pero llegó un momento que el cerebro me explotaba y la presión a la altura de la sien era insoportable.

“Aguanté dos semanas sin poder dormir y con dolores intensos. En un principio, en una guardia de un hospital, me habían diagnosticado `migraña´, pero cuando me hice ver por los doctores de Instituto, que dicho sea de paso me retaron porque no podía seguir así, me mandaron a hacer una resonancia nuclear magnética”.

--Y ese estudio descubrió lo que jamás imaginaste.

--No sabía lo que era un aneurisma, me tuvieron que explicar. Si era grande, de 24 por 27 milímetros, similar a una pelota de golf. Lo más riesgoso era que estaba a punto de explotar, aunque los médicos que me iban a operar en el sanatorio Allende (Córdoba), antes de ingresar al quirófano, me aclararon que lo habían agarrado a tiempo y que el milagro podía ser posible.

“Fue una intervención de seis horas y media, de alto riesgo, porque el doctor ya le había anticipado a mi señora (Micaela) que existía un 95 por ciento de probabilidades de morirme y un 90% de quedarme con alguna secuela”.

“Mirá, se me pone la piel de gallina”, me confesó antes de romper en llanto.

“Iba a ser una operación de menos tiempo, pero el panorama se complicó sobre la marcha y fue necesario cambiar de plan cuando descubrieron un aneurisma más chico al lado del más grande. No podían pasar los stends (pequeños tubos de malla metálica o plástica que se inserta en una arteria, vena u otro conducto del cuerpo para mantenerlo abierto y mejorar el flujo sanguíneo) y me tuvieron que hacer una embolización cerebral y un sellado de la carótida izquierda”, contó con un poco más de color en su rostro.

“Y acá estoy, vivito y coleando, hablando con vos, tocando un tema del pasado que para mi quedó en una anécdota que trató de contar cada vez menos porque, cuando arranco, me empieza a temblar el cuerpo”, agregó.

--Uhhh, entonces perdón por preguntar.

--No me molesta, tampoco te sientas mal, lo hablé y lo hablo con los que considero que siempre me acompañaron con respeto y buenas vibras a lo largo de mi carrera. Estuve al borde de la muerte, si el aneurisma reventaba se producía una hemorragia interna, el cerebro se iba a quedar sin oxigeno y eso podía derivar en el deceso o la parálisis.

“Repito, es un milagro que no me hayan quedado secuelas, que no tenga que seguir con los estudios y que haya podido volver al fútbol”.

--¿No más chequeos?

--Sí, cada cinco años y por precaución. Desde que sucedió hasta ahora solo una vez me cuestioné “¿Por qué a mi?”. Hoy ya no me hago más preguntas, vivo sin remordimientos y me manejo sin restricciones médicas. Fue el destino, me tenía que tocar, y quedé en manos de Dios, quien me encomendó a los especialistas con un único mandato: yo debía seguir viviendo.

 

Por sus hijos y ese 5% de esperanza

“Más no le puedo pedir a la vida, hoy estoy sano, relajado y siento que fui fuerte para no aflojar en ese instante que pensás `¿Y si algo sale mal, si ocurre lo peor?´ Fue difícil aferrarse al 5 por ciento de vida, aunque en medio de la incertidumbre y la tristeza, siempre pensé en salir adelante por mi familia y mis hijos (Francesca y Benicio)”, fue el sentido mensaje del cuidapalos pringlense.

“Mi familia jamás me soltó la mano e Instituto se portó de maravilla con la contención y las visitas diarias de los facultativos médicos del club. Recibí la mejor atención y, además de Dios, los doctores Roca y Faba Torres me salvaron la vida”, reconoció de corazón.

“Además, me llegaron mensajes alentadores de colegas de todos los equipos por donde pasé, y eso me llena de orgullo; son gestos que no olvidaré jamás”, declaró antes de emocionarse por segunda vez.

“Cuando pasó lo que pasó estábamos con la locura del ascenso, entonces lo asociaba al estrés, pero los médicos me dijeron que no le tenía que dar tantas vueltas, que me había tocado y me debía ocupar”, señaló quien ascendió a la elite con Olimpo (fue parte de la plantilla) en 2013 y con la Gloria (2022), y a la Primera Nacional con Atlético Rafaela en 2025.

“Mi señora se encargó de todo, de avisarle a mi familia que estaba lejos, de escuchar que era una operación de alta mortalidad... Como los médicos me enseñaron todo lo que iban a hacer, paso por paso, entré al quirófano tranquilo, pero la procesión, te puedo asegurar, iba por dentro”, recordó el 1 que sostuvo un encuentro para el seleccionado argentino sub-20 en 2008.

“Lo mío era una bomba de tiempo, aunque gracias a Dios la anatomía de mi cuerpo funcionó como tenía que funcionar y las energías la puse en aguantar para absorber el impacto. Quiero agradecer a cada persona. A la gente, a los hinchas de Instituto y sus locuras. No entiendo por qué tanto cariño, no sé qué vieron en mí, tal vez mi forma de ser, no lo sé. Pero el agradecimiento es hacia ellos, por ese cariño que me dio fuerzas y valentía ante semejante momento”, apuntaló Ema, quien volvió a la actividad, en la Reserva del albirrojo de Alta Córdoba, el 23 de abril de 2023.

“La evolución fue muy rápida. A los 10 días ya quería acompañar a los muchachos al partido contra Defensores de Belgrano en Buenos Aires por el Reducido, aunque los médicos no me autorizaron. Y viví el ascenso como un jugador más. Siempre voy a decir que la gente de Instituto y los médicos del club me salvaron la vida. Hoy vivo todo de otra manera. Disfrutando cada instante”, destacó quien en Olimpo disputó 88 encuentros (33 de ellos en Reserva de AFA) y recibió 133 goles.

 

Chau racha y “perdón”

La del domingo fue la tercera vez que Bilbao viene a enfrentar a Olimpo en Bahía. Con Huracán Las Heras fue 1-1 en 2020 y con Atlético Rafaela 0-0 el 21 de septiembre del año pasado, por la ida de los cuartos de final de la Reválida

“Me crucé con Alfredo (Dagna, presidente olimpiense) en zona de vestuarios y me dijo `La tercera fue la vencida, al fin te pudimos ganar´. El Carminatti es motivante para cualquier jugador, un lugar con mucha historia”, argumentó antes de meternos de lleno en el tema fútbol.

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“Olimpo cuenta con un gran equipo y es candidato al igual que Alvarado, que viene de descender de la Primera Nacional. Cuenta con una jerarquía individual tremenda, en tres minutos nos definieron el partido con dos golazos. Igual debemos estar tranquilos, esto recién empieza y el camino a recorrer es muy largo”, reflejó el guardameta del Torito marplatense.

--Venís de ascender con Atlético Rafaela, atajaste en los 34 cotejos del Federal A 205, ¿por qué no seguiste en la “Crema”?

--Me fui con la mejor onda, consciente de que no iba a arrancar el torneo de la Primera Nacional atajando porque era la hora de Mayco Bergia, un chico que venía pidiendo pista y que me siguió los pasos todo el año anterior. Es un arquerazo.

“Como prioricé jugar, estar activo, acepté la propuesta tentadora de Alvarado, un club exigente y con altas pretensiones. Atlético me necesitaba vender y eso fue lo que me comunicaron los dirigentes, a los que entendí perfectamente sin generar represiones ni guardando rencores. Como todo se habló en tiempo y forma, como fue todo muy claro, estoy súper conforme con la decisión que tomé”.

--Seré curioso, el domingo, ¿te silbaron algunos socios de Olimpo o me pareció? Capaz que no te conocieron.

--Sabían perfectamente quien estaba en el arco visitante, pero bueno, con esta nota aprovecho a pedirles perdón a los hinchas de Olimpo porque cuando vine con Atlético Rafaela el árbitro me hizo cambiar el buzo azul por el alternativo, que era el único que había traído la utilería: uno verde, negro y blanco, similar a la camiseta de Villa Mitre (foto).

“En ese momento no me di cuenta y pareció una tomada de pelo, por eso el domingo me lo hicieron saber puteándome bastante. Con el 2-0 consumado, me gritaban: `Por qué no te ponés ahora la de los tristes´. Para eso el hincha tiene memoria, ja, ja... No hubo mala intención y por eso pido las disculpas del caso si es que se sintieron ofendidos”.

--La verdad, ni me acordaba que eso había ocurrido.

--Pero algunos hinchas de Angel Brunel sí lo recordaban... (risas). Olimpo me dio mucho, me hizo crecer como profesional, pasé casi 15 años de mi vida, me formé, y siempre le deseó lo mejor, deportiva, social e institucionalmente.

--Gracias por la nota.

--Algo más: muchas veces no le prestamos atención a las señales que nos da nuestro cuerpo humano, hay que tener en cuenta que un simple dolor puede ser una consecuencia mortal. Se los digo yo, que aprendí que todo tiene solución si nos damos cuenta a tiempo.

 

La compu de Cocho