Bahía Blanca | Domingo, 29 de marzo

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La red solidaria que abrazó a Cirila cuando más lo necesitaba

Cirila tiene 95 años y pasó días sola en un hospital. Entre la indiferencia judicial y la burocracia, apareció una bahiense conmovida por su situación que armó un plan de contención. Lo que empezó como un pedido en Facebook terminó en un movimiento comunitario que la acompañó hasta que fue trasladada a un hogar en Darregueira, donde hoy recibe cuidados y afecto.

Cirila pasó semanas en el Hospital Municipal acompañada por voluntarias.

“Un día me llamó Marcela, la señora que cuidaba a mamá, y me dice: Ana, estoy en el hospital cuidando a una señora y nos dan el alta, pero acá hay una abuelita que está sola. Dice que hace días que no la viene a ver nadie. ¿Qué hacemos?”, recuerda  la bahiense Ana Inés Zanconi, habitual impulsora de campañas solidarias.

Ese fue el inicio de una historia que se transformó en símbolo de solidaridad. La abuelita era Cirila, una mujer soltera, sin hijos ni familia (su hermana murió hace tiempo y su sobrino, murió de cáncer), olvidada en una cama de hospital.

“Ahí fui a interiorizarme de qué se trataba y si realmente era una abuela que estaba sola, sola”, cuenta.

Cirila en sus días en el hospital

La primera reacción de Ana Inés fue inmediata: “Lo primero que se me ocurre fue hacer una cadena de contención por medio de Facebook, pidiendo gente que me ofrezca una horita por día, dos, para ir a cuidarla. Se anotaron un montón”.

Así nació una red espontánea de voluntarios que organizó desayunos, almuerzos, meriendas y cenas.

“Cubríamos todo el día y así todos los días, diferentes personas cada día”, relata. Cirila dejó de estar sola: cada jornada estaba acompañada por alguien nuevo, con charlas, compañía y afecto.

Mientras tanto, Ana Inés investigaba qué había detrás de la historia. Descubrió que Cirila había vivido diez años con una familia que la cuidó con amor, pero que ya no podía seguir haciéndose cargo. La justicia intervino, nombró una curadora y se le entregaron los ahorros de la abuela.

“Se llevaron la plata y nada más, y la dejaron en el hospital. Nadie la fue a ver, nunca, ni le llevaron nada”, denunció Zanconi. Durante quince días, Cirila permaneció sola, cuidada únicamente por las mujeres voluntarias.

El caso tomó estado público y los medios comenzaron a difundirlo y la historia dio un giro abrupto: “Decidieron trasladarla a un hogar y se la llevaron sin decir a dónde, sin dejar nada dicho, sin avisarle a nadie. La cargaron a una ambulancia y se la llevaron”, relató Ana Inés con un dejo de preocupación e indignación.

La cuidadora que estaba en la habitación fue obligada a salir. Nadie sabía dónde estaba Cirila.

Bahienses solidarias la iban a visitar

“Cuando me entero que se la habían llevado, me agarró mucha angustia. Voy al hospital, pregunto, no dijeron nada. Llamo a PAMI y me dicen: no te puedo dar información privada de los afiliados”, cuenta Ana Inés.

La incertidumbre terminó gracias a otra mujer que la llamó: “Me dice: me parece que está acá en Darregueira. Porque hoy interné a mi papá y me dicen que están esperando a Cirila. Así fue como finalmente la encontramos".

El desenlace, dentro de todo, fue positivo. “Fue una desgracia con suerte. Porque todo el mundo dice que es un lugar increíble. Que la atienden bien, que es gente de pueblo, que todos charlan con todos y son un amor”, asegura Zanconi, esperanzada ya que el hogar de Darregueira se convirtió en un espacio de contención.

“Me llamó mucha gente para ofrecerse. Gente de Bahía que viaja por trabajo o por familia, que si se necesitaba mandarle algo me avisaban. Así que no estarían las mujeres de acá de Bahía conteniéndola, pero sí hay una red muy grande de gente solidaria que quiere colaborar”, explicó.

Cada una de las cuidadoras con Cirila en las fotos, para confirmar que se encontraba cuidada y con amor

A pesar de la tranquilidad que le da saber que Cirila está bien cuidada, Ana Inés no deja de señalar ciertas irregularidades: El dinero de la abuela recién fue asentado en el juzgado después de que el caso se hiciera público.

Con tantos ires y venires y situaciones extrañas, Ana Inés se queda con la parte luminosa de la historia: “Dentro de todo me quedé tranquila, porque por ahí hubiera ido a un hogar acá en Bahía y no era el mejor. Y este lugar de Darregueira pareciera ser maravilloso. Ayer me contaban que estaban comiendo milanesa de pollo con papas fritas".

La historia de Cirila es la de una mujer que pasó de la soledad absoluta a ser abrazada por una comunidad. Es también la muestra de cómo la solidaridad puede suplir lo que la burocracia y la justicia olvidan.

“Yo en cualquier momento me voy para allá”, dice Ana Inés, que sigue atenta a cada detalle. Y cierra con una advertencia: “Estoy contenta apostando a Darregueira, pero espero que no la vuelvan a trasladar solo por todo lo que se publicó en la prensa”.

Cirila, la abuela "sin familia", gracias a la solidaridad de la gente, ya no está sola.