Menos empresas, más informalidad: el mercado laboral se reconfigura
Por cada empleo formal perdido, casi dos trabajadores terminaron en la economía en negro.
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
La radiografía reciente del mercado de trabajo argentino muestra un corrimiento que enciende alertas: la destrucción de empleo registrado no se traduce en mayor desocupación abierta sino, principalmente, en un crecimiento de la informalidad.
El fenómeno se combina con un fuerte achicamiento del entramado empresarial, especialmente en sectores clave como la construcción y la industria.
Según datos oficiales y de organismos técnicos, en los últimos dos años se perdieron 193.590 puestos privados registrados, mientras que en el mismo período crecieron en 357.000 los empleos informales. La relación es elocuente: por cada trabajador que salió del circuito formal, casi dos pasaron a desempeñarse en la economía en negro.
Actualmente, el país cuenta con unos 11 millones de trabajadores registrados —entre sector público y privado—, pero cerca de 6 millones se desempeñan sin cobertura laboral. De acuerdo con estimaciones basadas en la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, la informalidad ya alcanza al 44,2% de los casi 20 millones de ocupados.
Un entramado productivo más chico
El avance de la precarización laboral no puede leerse aislado del retroceso del tejido empresarial. Desde el inicio del gobierno de Javier Milei, el sistema de riesgos del trabajo registra casi 22 mil empresas menos.
En noviembre de 2023 había 512.357 empleadores registrados. Dos años después, en noviembre de 2025, el número descendió a 490.419. La caída neta fue de 21.938 firmas. En paralelo, el total de trabajadores cubiertos por el sistema se redujo en 290.602 personas, hasta los 9.566.571 empleados.
El golpe se concentró con especial fuerza en la construcción —muy sensible al freno de la obra pública— y en segmentos de la industria manufacturera, donde predominan las pymes. Informes sectoriales describen a muchas empresas “pendulando entre la reconversión y el cierre”, en un contexto de consumo deprimido y costos financieros elevados.
Un dato adicional del informe oficial revela la fragilidad del ecosistema empresario: en los últimos cuatro trimestres, el 34% de los cierres correspondió a firmas con menos de tres años de vida, lo que evidencia dificultades estructurales para la supervivencia de nuevos emprendimientos.
Más gente busca ingresos
Paradójicamente, la tasa de actividad alcanzó el 48,6%, el nivel más alto para un tercer trimestre desde 2016. Pero lejos de reflejar un mercado laboral dinámico, el incremento responde en gran medida a la necesidad económica de los hogares.
El Indec registró un aumento interanual del 11% en la cantidad de personas mayores de 66 años que siguen trabajando, fenómeno asociado a la pérdida del poder adquisitivo de las jubilaciones. En contraste, la participación laboral de los jóvenes cayó 1,6%, otra señal de enfriamiento del empleo de calidad.
La mayor presión sobre los ingresos también se refleja en la carga horaria: la semana laboral promedio trepó a 45,2 horas en el tercer trimestre de 2025, tres horas más que un año antes (un salto del 9%).
En términos prácticos, hay menos trabajadores formales, pero quienes conservan su puesto deben trabajar más tiempo para sostener el nivel de ingresos.
El caso bonaerense
La provincia de Buenos Aires aparece como la jurisdicción más afectada por la destrucción de empleo registrado. Desde diciembre de 2023 se perdieron allí 68.570 puestos privados formales, según las estadísticas disponibles.
Por su peso demográfico y productivo, lo que ocurre en territorio bonaerense suele anticipar tendencias nacionales, por lo que el dato refuerza la preocupación sobre la capacidad del sistema para generar empleo de calidad en el corto plazo.
Incertidumbre
Todo este proceso se desarrolla en paralelo al debate por una reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional. Entre trabajadores y empresas predomina la incertidumbre sobre el impacto que podrían tener las nuevas reglas.
La discusión de fondo es si los cambios normativos lograrán incentivar la contratación formal o si, por el contrario, podrían facilitar un ajuste adicional del empleo registrado.
Por ahora, la tendencia observable es clara: el mercado de trabajo argentino no está absorbiendo la pérdida de puestos formales con nuevas oportunidades registradas, sino con un crecimiento de la informalidad y del empleo de supervivencia.
El resultado es un sistema productivo más pequeño y un mundo laboral más frágil, donde cada vez más personas trabajan, pero con menos protección.