Cómo empezar el ciclo lectivo con impacto positivo
Con el inicio de las clases 2026, crece el interés por consumir de manera consciente: reutilizar útiles y reducir plásticos.
El inicio del ciclo lectivo 2026 vuelve a activar uno de los momentos de mayor movimiento comercial del año. Mochilas, cuadernos, cartucheras, uniformes y alimentos escolares llenan vidrieras y plataformas digitales, mientras las familias se organizan para retomar la rutina.
Pero este año, cada vez más hogares argentinos incorporan una variable que va más allá del precio y la calidad: el impacto ambiental y social de lo que compran.
Según datos del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresaria y Capital Social (CENARSECS) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, el 75% de los argentinos considera el impacto social y ambiental al momento de adquirir alimentos, y casi el 70% está dispuesto a pagar más por productos sustentables elaborados por empresas que devuelvan valor a la sociedad. Incluso, un 11% afirma que siempre prioriza este tipo de opciones, aun cuando impliquen un mayor costo.
En ese contexto, las llamadas Empresas B ganan terreno como alternativa concreta para una “vuelta al cole” con impacto positivo.
“A la hora de elegir marcas, cada vez más personas se hacen preguntas: ¿de dónde viene este producto? ¿Bajo qué condiciones de trabajo fue hecho? ¿Es un alimento que nutre realmente a mi familia?”, señaló Marina Arias, directora ejecutiva de Sistema B Argentina.
“Para los consumidores conscientes, el sello de Empresa B es un indicador de estándares verificados en materia de prácticas sociales y ambientales, transparencia y responsabilidad”.
Qué es una Empresa B
Las Empresas B son compañías verificadas por B Lab que cumplen con altos estándares de desempeño social, ambiental y transparencia. No solo definen un propósito que excede la rentabilidad económica, sino que modifican sus estatutos para protegerlo y se comprometen legalmente a beneficiar a trabajadores, clientes, comunidades y al ambiente.
Actualmente existen 10.528 Empresas B en 103 países; 1.347 en Latinoamérica y 284 en la Argentina.
La certificación no es un punto de llegada, sino un hito dentro de un proceso de mejora continua que busca transformar el sistema económico hacia uno más inclusivo, equitativo y regenerativo.
Desde 2012, Sistema B Argentina impulsa esta transformación acompañando a empresas en su proceso de certificación y articulando con el Estado, la academia y líderes de opinión para acelerar el cambio de paradigma.
Reutilizar antes que comprar
Sin embargo, la sustentabilidad no empieza necesariamente en la góndola. Muchas veces, la decisión más ecológica es no comprar.
Antes de descartar una mochila, conviene revisar su estado general. Pequeñas roturas o cierres dañados pueden repararse con pegamento textil, parches o un simple cambio de cierre. Un lavado profundo y algunos detalles decorativos —pintura para tela, bordados o llaveros— pueden darle una nueva vida.
Las cartucheras también suelen recuperarse con costuras simples o refuerzos. Decorarlas con retazos, stickers o pintura puede convertir un objeto gastado en uno personalizado.
En cuanto a los útiles, hay múltiples alternativas: unir lápices cortos con adaptadores, derretir crayones rotos para crear nuevos con moldes de silicona, reutilizar hojas en blanco de cuadernos anteriores o intentar reactivar pegamentos y correctores secos con agua tibia antes de descartarlos.
Menos plástico, más reutilización
Otro eje central es reducir el consumo de plásticos de un solo uso. Para las viandas escolares, las alternativas incluyen fiambreras de acero inoxidable, bambú o fibra de arroz, envoltorios reutilizables e impermeables y botellas recargables. En caso de utilizar envases descartables, el reciclaje adecuado sigue siendo clave.
El almacenamiento inteligente también ayuda a prolongar la vida útil de los materiales: frascos de vidrio, cajas de cartón o latas decoradas permiten organizar lápices y marcadores, evitando pérdidas y deterioro.
Educar en sustentabilidad
La vuelta a clases ofrece, además, una oportunidad pedagógica. Involucrar a los chicos en la restauración y personalización de sus útiles no solo estimula la creatividad, sino que también fortalece la conciencia ambiental.
Organizar tardes de manualidades, intercambiar libros o prendas en buen estado y conversar sobre el impacto de las decisiones de consumo son acciones que siembran hábitos responsables desde la infancia.
El regreso al aula siempre implica desafíos sociales, económicos y organizativos. Pero también puede convertirse en una oportunidad para revisar rutinas, reducir el consumo excesivo y apostar por un modelo más sostenible. En 2026, la mochila puede cargar libros y cuadernos, pero también valores: responsabilidad, compromiso y cuidado del planeta.