Una historia que comenzó en 1828 y se sigue escribiendo día a día
En octubre de 1827, el gobernador Dorrego presentó el proyecto de ley con el plan de avance de la frontera, para fijar los nuevos límites entre el Salado y la Bahía Blanca.
Ramón Estomba fue un soldado. Toda su vida. Un héroe de la independencia americana. Guerrero de José de San Martín, Manuel Belgrano y Simón Bolívar.
Su vida no supo de mujeres ni de hijos. Fue un soldado. Siempre. En el campo de batalla, se ganó cada una de sus medallas, cada grado militar.
Nació en Montevideo, cuando la capital uruguaya era todavía parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Ingresó al ejército con 18 años de edad. Podría haber sido uno de los miles de ignorados hombres de nuestra historia.
Pero fue una de sus acciones que lo hizo trascender en el tiempo, la única misión de paz de su vida: la fundación de Bahía Blanca.
Al frente de una caravana de soldados, civiles e indios amigos, Estomba partió del fuerte Independencia (actual Tandil) el 24 de marzo de 1828, con las órdenes del jefe de milicias de frontera, Juan Manuel de Rosas, de establecer un fuerte en la bahía Blanca.
La marcha fue sin sobresaltos. Lenta y fría. Tediosa y aburrida. Avanzaba lentamente, apenas empezaba a clarear. Atravesando caminos inexistentes, con los baqueanos intuyendo los mejores pastizales y las aguadas.
Estomba, de 37 años de edad, estaba ahí por un inesperado giro del destino. Dos años antes, Simón Bolívar había atendido su pedido de dejar la milicia y lo designó prefecto de Ayacucho, en Perú. Era un premio merecido, una manera de olvidar los siete años que pasó en las prisiones del Callao.
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Era 1826 y estaba en el campo cuando su nombre apareció como parte de un grupo que pretendía asesinar a Bolívar. No soportó esa insinuación de traición. Apenas aclaró su situación, regresó al único sitio donde tenía un nombre y un honor: el ejército.
En octubre de 1827, el gobernador Dorrego presentó, a la Honorable Sala de Representantes de la Provincia de Buenos Aires, el proyecto de ley con el plan de avance de la frontera, para fijar los nuevos límites entre el Salado y la Bahía Blanca.
El documento proponía:
"... la planificación de la nueva línea de frontera, asegurar el tránsito hasta la Bahía Blanca, habilitar y poblar su puerto...".
Entre los objetivos preveía acortar las comunicaciones con la aislada Carmen de Patagones y sumar a la economía provincial la potencialidad de la extensa llanura herbácea.
Dorrego encargó la planificación a quien se convertiría el alma mater del proyecto, el Comandante General de la Campaña de la Provincia Juan Manuel de Rosas, quien planeó y coordinó las contrataciones que se debían hacer para dar apoyo a la expedición que, operaría con un convoy terrestre, pero que sería sostenida logísticamente por mar; desde donde se abastecerían los principales materiales para la construcción del establecimiento.
La campaña se inició en marzo de 1828, con la partida del ingeniero Narciso Parchappe y una escolta. Tenían la misión de determinar el lugar exacto de donde emplazar el puerto, sus baterías defensivas y un fuerte que le diera seguridad.
En la ría bahiense lo esperaba la Sumaca Luisa con el apoyo logístico en materiales, como para recorrer la bahía y determinar el fondeadero que se convertiría en Puerto.
El coronel Estomba llegó con el segundo escalón de la columna expedicionaria el 9 de abril de 1828 y aprobó los sitios elegidos por Parchappe, tanto para el puerto, como para el fuerte.
Dos días después, redactó el acta fundacional y fue la primera autoridad local.
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A los 60 días de vivir en el fuerte, Estomba pidió ayuda por primera vez a Buenos Aires. Por carta pedía por su gente, que tenía frío y hambre. Para colmo de males, en agosto, una centena de indios cruzó el arroyo Maldonado, a la altura del Paso de las Vacas, en la primera incursión decidida sobre el fuerte. Aquella tarde, el cementerio del fuerte recibió los primeros cuerpos de los caídos en batalla.
La situación era caótica y desalentadora, pero Estomba resistió y se mantuvo.
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Se cumplían siete meses de su llegada cuando decidió sumarse a las fuerzas de Juan Lavalle, el hombre que derrocó y fusiló al gobernador Manuel Dorrego.
Dio sus últimas instrucciones, designó a Andrés Morel como su sucesor y el 9 de enero de 1829 abandonó Bahía Blanca. Al terminar de subir la loma para iniciar su viaje, miró por última vez la fortaleza a medio construir.
Estaba viendo el lugar donde, 152 años después, sus restos resumidos en la tierra descansarían para siempre.
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Los habitantes de Bahía Blanca reconocieron siempre a Estomba como su fundador.
Por eso, en 1928 un grupo de vecinos se ocupó por encargar su retrato.
En 1978, sesquicentenario de la ciudad, se emprendió la búsqueda de sus restos. El arquitecto Enrique Cabré Moré fue quien dirigió esa investigación.
No los encontró, pero se conformó con retirar tierra del lugar que colocó dentro de una urna que remitió a la catedral de Nuestra Señora de la Merced, donde actualmente está.