Llegó la noche, llegó la hora

18/4/2021 | 06:00 |

"Estamos ante el nuevo dios de un mundo desdivinizado gobernado por la tecnocracia. Valores falsos de una falsa élite usurpadora de la autoridad teocrática."

Por
Miguel Angel Asad

   “Esta noche es lo percibido cuando se mira al hombre a los ojos. Una noche que se hace terrible cuelga delante la noche del mundo”(Hegel). Con esta clerecía de seminarios “a peces, como andarán los feligreses”.

   Escuelas en derrumbe . Políticos distanciados. Médicos y policías con miedo a   perder la vida sin el coraje de Scho o del Dr. Argerich por  entregarla. Pensadores rendidos al poder, no al saber ni a buscar la verdad. 

   Por eso las dualidades de un Sabato almorzando con el “caballero” Videla “que vino a terminar con el flagelo de los cabecitas negras” el 24 de marzo de 1976 y luego presidiendo la Comisión del “nunca más” en 1983. Es la transvaloración de los valores de que hablaba Nietzsche en la “Genealogía de la moral”, o Leviñas en “El doble agente”. 

   Doble moral como imposición de antivalores en este tiempo de travestismo del pensamiento. Sirven a  dos señores. 

   Ha llegado el apagón de  la historia. “Esa época de la noche del mundo es el tiempo de penuria, porque cada vez se torna más indigente. De hecho, es tan pobre que ya no es capaz de sentir la falta de Dios como una falta”, dijera Heidegger. Historia a la que Fukuyama ya había dado por finalizada. 

   Es la oscuridad, la noche del mundo, en que el mundo se apaga paralizado por el miedo a la muerte, atado a la inmanencia del eterno presente, filosofía del instante y condenado al eterno retorno del encierro. 

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   Ya Hölderlin lo anunciaba antes que nadie: “Nuestro tiempo habita en tinieblas, separado de todo lo que es divino”. La vida se ha vuelto una mera supervivencia biológica. “¿Y qué es una sociedad que no tiene más valor que la supervivencia?” (Castellani).

   Estamos ante el nuevo dios de un mundo desdivinizado gobernado por la tecnocracia. Valores falsos de una falsa élite usurpadora de la autoridad teocrática. 

   La vida sin espíritu pasa de ser sagrada (sacra) a ser maldita (sacer) y debe ser eliminada antes de nacer (aborto), antes de morir (eutanasia) o después de morir, profanada con las cremaciones de seres queridos “yéndose pal silencio” (Atahualpa). No hay prójimo en la noche del mundo. Bajo la peste no hay caritia, de cáritas, virtud de amar al  prójimo como a uno mismo. Como en el Levítico, ante la peste “será impuro todo el tiempo que tenga la enfermedad. Y como es impuro, tiene que vivir aislado” (14:45,49). 

   Al contrario, Jesús y el cura Brochero extendieron sus manos, tocaron al leproso y dijeron: “queda limpio” (Mateo 8:3). La caricia como acto revolucionario a la violencia del poder, el abrazo contra el distanciamiento. 

   Esta es la cuestión. Para resucitar de esta noche que Nietzche describía como “mas que la obra de un Dios magnánimo y misericordioso, parece  el gesto de un maniático esparciendo polvo”. 

   Ello presupone optar por “el vivere pericoloso” y colegir con Holderlin que “donde esta el peligro nace la salvación”, si se sacan fuerzas de nuestras propias debilidades, sin transar tranco de pulga con este insoportable orden injusto. 

   A no confundirse. El obstáculo adopta varios nombres. Llegó la noche. Llegó la hora.

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