El poder cautivo

3/1/2021 | 06:00 |

“El populismo exhibe la pobreza extrema como un insumo pasible de ser administrado y una fuente de riqueza electoral.” Escribe Ernesto Tolcachier.

   Culminamos un año atípico con anomalías graves en la faz sanitaria producto de la pandemia, y una decadencia en lo económico y social producto de un sistema funcional  donde se confunden las causas con consecuencias.

   La preocupación por nuestra degradada clase política pasa por los asuntos elementales del  poder; elecciones, candidaturas y dinero,.

   Las cuestiones vitales del país y del ejercicio de la democracia, como son los problemas estructurales, están ausentes de tratamiento por los mediocres dirigentes populistas, Aprovechando la debilidad de los mecanismos institucionales de la fiscalización del control del poder, esta situación es aprovechada por ejemplo  para actuar con medidas peligrosas para la libertad de expresión.

   Mientras tanto, recios caudillos y políticos populistas obsecuentes se alinean ante un poder  mayor. Lejos de honrar el mandato que asumen, estos mediocres dirigentes le dan la espalda  al pueblo e incrementan todo su poder para perpetuarse en cargos que debieran ser transitorios

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   Nuestro país padece falta de estadistas probos, y la prueba es un gabinete de escaso valor político e intelectual. Los populistas de cualquier signo gobiernan contra la razón, el sentido común, la  democracia y a menudo contra le ley y la ética. Gobiernan bajo una vieja consigna setentista: el fin justifica los medios. Así subieron los impuestos, el gasto público, la informalidad y lo mas lamentable, los pobres.

   Sin brújulas morales y con la férrea voluntad de relativizar los hechos ciertos si estos no encajan con sus convicciones, propósitos o prejuicios.  

   Este pragmatismo más sucio utiliza coartadas ideológicas: “El movimiento nacional y popular” tiene por objeto convertir la provincia en el nuevo bastión de la dinastía gobernante. Para ello mixtura allí el feudalismo más rancio con un discurso de izquierda. 

   Si pensamos que el justicialismo es el partido que durante mas tiempo gobernó este vasto territorio, y al cabo de esa incesante tarea su vergel se ha transformado en un páramo sin industrias, una postal penosa de la miseria. El populismo de manera fatalista exhibe la pobreza extrema como un insumo pasible de ser administrado, y también como una fuente de riqueza electoral y económica inconmensurable.
En consecuencia, predica el pobrismo como una forma de resignación social, con orgullo  por el  estado presuntamente evangélico  de la carencia. Su mérito, el oportunismo de su maquinaria electoral

   Las escalofriantes cifras  de la pobreza, lo dicen: según la UCA, mas del 40% de los argentinos es pobre y 6% de cada 10 niños son pobres.  Y nuestros funcionarios mediocres apoyando   implícitamente  “su cultura del aguante” y su consiguiente culto del cacique, victimizando al delincuente, relativizando la transgresión de la ley, convalidando las tomas ilegales de terrenos y poniendo en duda el derecho de propiedad, apoyando expresiones acabadas del fascismo tumbero. Mientras tanto la pobreza real, honesta pacífica y silenciosa sufre carencias crecientes en una morbosa justicia social.  

   Pero como la expresión de Heráclito reflexiona sobre el "cambio inevitable", quizás esta transformación nos ofrecerá en el futuro otra conducción del país y dirigentes estadistas que, con inteligencia y talento, nos alejen de esta oscuridad reinante y nos encaminen al renacimiento tan deseado.

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