Una cuestión de distancia

27/9/2020 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   ¡Última columna del mes de septiembre! Todo indica que empezamos a transitar los últimos meses del año, de un 2020 que será inolvidable.

   Y en esta cuestión de “hacer cuentas”, ejercicio cotidiano para cualquier argentino, llegué al resultado de que hace 9 meses que no puedo ver a mis principales afectos; cuarentena, aislamiento, imposibilidad de viajar, conspiran contra todos los vínculos.

   Los besos ni si quiera “son voladores”, pues el barbijo oculta la boca, los abrazos son un recuerdo del verano, la Organización Mundial de la Salud descarta el saludo con el codo, con lo cual queda el deseo y la intención.

   El letal Covid-19 establece que cualquier muestra de afecto que implique cercanía es una inminente arma mortal; y así además de luchar contra el virus, luchamos con las emociones y los sentimientos que deben expresarse mediante vías alternativas.

   ¿Y las fiestas de fin de año?

   En poco tiempo más surgirá una nueva discusión; pues este año a la cuestión inherente de los festejos de Navidad y Año Nuevo, se le agrega la pandemia, fenómeno que impacta a nivel mundial.

   ¿Los que estamos lejos podremos viajar? ¿Las familias de más de diez integrantes se podrán reunir? ¿Tendremos que pintar círculos en nuestras propias casas?

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   Seguramente sentimientos tales como nostalgia, tristeza, angustia, y los cuadros de ansiedad y estrés, que la gran mayoría atraviesa durante las fiestas de fin de año, se verán potenciados por la situación que este año nos toca atravesar y le imprime ribetes especiales.

   Es evidente que habrá que ver en qué fase estamos en el mes de diciembre, pero probablemente los brindis sean a través de videollamadas, y los besos y abrazos “puestos en palabras” como jamás se vio; el gran desafío es sentir pero sin sentir, pues el cuerpo no se involucra, continua al margen.

   ¿Y nuestros abuelos?

   Los adultos mayores merecen columna especial. Los que están logrando sobrevivir esta pandemia han sufrido en silencio el aislamiento, pero sin dudas es un tema que ya se debe ir pensando, organizando y preparando psicológicamente.

   Por momentos pareciera que el mundo se desmorona, nosotros también, pues este “maldito virus” arroja cifras que se traducen en miles y miles de muertos, millones de afectados y también de recuperados a nivel mundial, pero hasta el momento la única solución es la distancia.

   Estamos en plena pandemia, las secuelas emocionales y psicológicas aún no se pueden evaluar, si puedo intuir que los niveles de ansiedad y estrés continuarán alterados, pues la incertidumbre es grande, la situación es excepcional y nos lleva a tomar medidas excepcionales.

   Son tiempos difíciles, hay pérdidas económicas y también humanas, y en momentos en los que el afecto, la compañía y el sostén debieran primar, paradójicamente es lo que se debe restringir, hoy la calma y la paciencia parecieran ser los antídotos de este virus.

   Extrañamos rutinas y personas, extrañamos lugares y rituales, los encuentros y el afecto “quedaron en pausa” y la distancia, una simple y compleja conducta, es lo que nos mantiene a salvo. Para pensar, nos reencontramos en noviembre.

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