La Unión Vasca, ese pedacito de Euskadi en Bahía Blanca

15/11/2019 | 07:00 |

La historia del lugar que supo ser refugio de exiliados vascos y que mantiene viva a una cultura milenaria.

Fotos: Pablo Presti- La Nueva. / Edición videos: Francisco Villafáñez

Por Sol Azcárate y Mikel Iñurrategui

 

   Que son porfiados, brutos, cabezas duras. Que andan siempre haciendo fuerza, que no se callan lo que piensan y que si algo disfrutan, es del buen comer.

   Seguro te hayas cruzado con algún vasco o alguna vasca en tu vida. Y hasta quizás tu apellido sea de esos con doble erre, alguna k o terminado en “egui”.

   Es que desde principios de siglo pasado, y sobre todo desde la Guerra Civil Española de 1936 y la posterior dictadura franquista que duró hasta 1975, Argentina y otros países de la región se llenaron de familias vascas que venían a “hacer la América”.

   Bahía Blanca fue una de las ciudades que les acobijó. Y fueron tantos los que vinieron, que en 1899 fundaron una Unión Vasca que se mantiene hasta hoy.

   Al cumplirse los 120 años de la institución, este 2019 fueron sede anfitriona de una celebración que se llama Semana Nacional Vasca, en la que todas las “euskal etxeas” (“casas vascas” en euskera) se juntan para celebrar sus costumbres… y tomar bastante vino en bota. 

   El presidente de la Unión Vasca, Juan Manuel Lopetegui de 57 años, cuenta que el lugar nació como un espacio de “socorro mutuo” y que así continúa siendo hasta hoy, abierto a toda la comunidad y en contacto con otras instituciones. Él creció ahí, sus bisabuelos vascos fueron parte de los fundadores.

   Miren Lore Markiegi, una vasca de 87 años exiliada en Argentina durante la dictadura franquista, dice que en la Unión Vasca encontró un espacio donde expresarse a través de la enseñanza de su idioma, el euskera. A ella la acercó la necesidad de estar en contacto con los suyos.

   Y Eugenio Aldacour, un pibe de 28 años que pasó de aprender danzas vascas a ser miembro de la comisión directiva, asegura que en ese lugar se transmite como en ningún otro el sentimiento vasco. Él lo heredó de sus bisabuelos paternos.

   Esas tres generaciones son el retrato de lo que encontrás cuando vas a una romería en la esquina de Lavalle y Lamadrid: familias enteras compartiendo el amor a la patria que les vio nacer o que les enseñaron a querer.

   Los tres responden que la Unión Vasca es su casa.


Juan Manuel Lopetegui

   —Esto es mi vida, yo lo tengo muy metido dentro. Mi prioridad es esto, el resto viene después —, dice el presidente de la institución.

   —Muchas personas no terminan de comprender bien cómo es que le dedicas tantas horas a una actividad sin fines de lucro. Es que yo nunca me lo planteé, es difícil de explicar algo que para vos es lo más natural del mundo —suma Eugenio.


Eugenio Aldacour

   En la Unión Vasca podés aprender a hablar euskera, a bailar danzas vascas, ir a jugar al mus o la pelota paleta y hasta te enseñan a cocinar las típicas comidas de una de las mejores gastronomías del mundo. En cualquier actividad —dicen— lo que buscan es compartir.

   —Nuestro objetivo es demostrarle a Bahía Blanca que existe un País Vasco, que no es España ni Francia, que tiene su historia, muy anterior al Estado español o francés, y una cultura particular —dice el más joven de los tres y asegura: “Hay Unión Vasca para rato”.


La fachada de La Unión vasca, hace 20 años, en otra oportunidad que fue sede de la Semana Nacional Vasca.

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