La vasca que sobrevivió al franquismo y logró ser feliz en Bahía

15/11/2019 | 07:00 |

A los 7 años le fusilaron a su padre y debió escapar del País Vasco junto a sus hermanas y su madre.

Foto: Pablo Presti- La Nueva. / Edición video: Francisco Villafáñez

Por Sol Azcárate y Mikel Iñurrategui

 

   Hace 82 años que Miren Lore Markiegi vio a su padre por última vez. Tenía 5 cuando a Polentzi Markiegi Olazabal lo fusilaron en Santoña (Cantabria), en plena Guerra Civil Española.

   Lore, como le gusta que la llamen, es una vasca a la que el régimen franquista no sólo le asesinó a gran parte de su familia, sino que también le robó su casa, su infancia, su idioma y sus costumbres.

   Al año siguiente del fusilamiento de su padre, en 1938, Lore debió abandonar definitivamente Deba, su pueblo natal de la provincia vasca de Gipuzkoa, para navegar 30 días sobre el océano Atlántico hacia la Argentina.

   Lo que Francisco Franco ignoró, como suelen ignorar los dictadores, es que a más de 13.000 kilómetros de su tierra, Lore se iba a sentir más vasca que si hubiera pasado los 87 años de vida afincada en los Pirineos.

   Junto a su madre, sus 2 hermanas y un tío paterno, Lore llegó a los 7 años a Buenos Aires para luego irse a vivir a Necochea.


Lore, sobre la derecha, junto a sus hermanas y su madre

   Recuerda esa primera época en suelo argentino como la más dura de su vida: de pronto se encontró en una escuela en la que todos hablaban un idioma muy distinto a su lengua madre, el euskera, y al francés que había aprendido refugiándose en su país vecino.

   Y en todo ese mundo nuevo que debía atravesar, la ausencia era el dolor más grande.

   —Mi madre no tenía palabras para explicarnos cuál era el motivo por el cual no estaba nuestro padre. ¿Cómo nos iba a explicar que a un hombre tan bueno lo habían matado? Era inconcebible en la cabeza de cualquier chico.


Polentzi Markiegi

   Su padre fue el alcalde de Deba y formaba parte del Partido Nacionalista vasco. En la Guerra Civil española que desataron los militares, luego de intentar un fallido golpe de Estado, Polentzi Markiegi Olazabal había quedado del lado de los que defendían un gobierno democrático y el respeto por su cultura. Ni española ni francesa: vasca.

   Recién a los 20 años, en 1952, Lore llegó a Bahía Blanca. La trajo el amor. 


Lore junto a su marido

   Dice que rompió con la costumbre ancestral de su familia y se enamoró de un descendiente de italianos que la correspondió tanto, que hasta aprendió a hablar en euskera.

   Al llegar a la ciudad del viento y del puerto, sólo conocía a otras 2 familias oriundas de Euskal Herría: los Irazusta y los Eizaguirre. Pero enseguida supo a dónde debía ir para sentirse como en casa: a la Unión Vasca de Lavalle y Lamadrid.

   —Fue un refugio y, al mismo tiempo, con la gente del exilio conformamos un grupo de lucha, en apoyo económico y social a los que estaban sufriendo en nuestra patria. Nos comunicábamos permanentemente, el contacto con mi familia no lo perdí nunca. 


Junto a su marido y sus hijos

   Lore dice que en la Unión Vasca pudo desarrollarse y también ejercer lo que le dio sentido a su vida, la docencia del euskera.

   Es que los más de 200.000 vascos y vascas que debieron exiliarse en distintas partes del mundo, sobre todo en América, llevaron consigo la misión de mantener vivas sus costumbres y de transmitirlas a las generaciones futuras que crecerían lejos de su terruño.

   Lore se aferró al euskera, a las tortillas de papa, a los guisos de alubias, a las danzas vascas y a la mayor enseñanza que le había dejado su padre: jamás tener miedo de vivir en libertad.

   Recién en 1981, a sus 49 años, Lore pudo volver a su tierra. Y a su casa, que lucía tal cual la recordaba gracias a que una de sus primas la había habitado todo ese tiempo.

   42 años estuvo esperando ese momento, que llegó tiempo después de la muerte de Franco en 1975, cuando ya no corría riesgos de caer presa por entrar a su Euskal Herría.

Lore en Euskadi, en la puerta de su casa junto a sus hermanas y primos

  Estuvo 3 meses en aquella primera vuelta, de varias más. Pero en el mismo instante donde se reencontró con la vida que le habían quitado, supo que ahora tenía dos patrias.

   —La Argentina tiene un peso fuerte para mí y he luchado por este país, te aseguro, como no lo han hecho muchos argentinos. 

   Lore siente que la dictadura franquista dejó una herida que “no se repara”, tan grande como el océano que la separó para siempre de lo que pudo ser y no fue. Pero no siente rencor.


La última foto de la familia completa, antes del fusilamiento de su padre

   —Lo que me queda es una pena enorme de no haber disfrutado de ese hombre maravilloso que fue mi padre. Eso no se los perdoné nunca ni se los voy a perdonar.

   Sin embargo, con 87 años, una hija, un hijo, 3 nietas, 3 nietos, una bisnieta y un bisnieto, sentada en un lateral de la cancha de pelota paleta de la Unión Vasca, Lore esconde su mirada detrás de unos lentes ahumados y se aclara la garganta para decir: “Se vuelve a ser feliz”.

Datos y estadísticas del franquismo

   -Alrededor de 200.000 personas fueron desaparecidas, entre lo que se incluyen ejecutadas y tiradas en fosas comunes, y el robo de bebés.

   -Unas 150.000 personas fueron asesinadas.

   -Otras 200.000 debieron huir hacia otras partes del mundo, en particular a México, Argentina y Francia.

   -La violencia ejercida durante la Guerra Civil y la posterior dictadura de Franco no fue sólo física, sino también política, económica, cultural, educativa, religiosa y lingüística.

   -Las dictaduras contemporáneas de Adolf Hitler en Alemania y de Benito Mussolini en Italia fueron de inspiración y de apoyo para el dictador español Francisco Franco.

   -Recién en 2007, a 32 años de la caída del franquismo, se aprobó la Ley de Memoria Histórica en España, que reconoce a las víctimas. Sin embargo, el Estado español aún no financió la apertura de ninguna fosa común para el reconocimiento de los cuerpos.

   -Recién el 24 de octubre de este año, a 44 años de la muerte de Franco, se exhumaron sus restos del Valle de los Caídos, un monumento al dictador construido por esclavos. (Fuentes: El País y Wikipedia)

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