El Senado rechazó el proyecto de legalización del aborto

9/8/2018 | 02:50 |

Hubo 38 votos en contra, 31 a favor y 2 abstenciones.

Foto: NA

   El Senado rechazó esta madrugada el proyecto de legalización del aborto con 38 votos en contra, 31 a favor y 2 abstenciones, aunque entre los senadores fue casi unánime la idea de que el tema quedó definitivamente instalado.

   Los senadores que se abstuvieron fueron el santafesino Omar Perotti y la neuquina Lucila Crexell, que impulsaron proyectos de despenalización.

   Los senadores a favor de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo habían bajado al recinto ya resignados a una probable derrota, debido a la diferencia de votos entre ambas posturas.

   En ese contexto, circuló durante toda la tarde la versión de que Crexell y Perotti insistirían en tratar, luego del rechazo, un proyecto que despenalizara esa práctica médica, para que la sesión no concluyera con un rechazo cerrado y se diera al menos un avance hacia el reclamo de los colectivos femeninos.

   Sin embargo, varios de los principales defensores de la legalización dieron por descartada esa posibilidad desde temprano y dejaron ver su bronca porque, luego de haber propuesto cambios a la iniciativa original, quienes rechazan el proyecto no propusieron ninguna opción.

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   "No creo que haya margen para otra cosa, me parece que vamos a matar o morir. Que cada uno se haga cargo de lo que vota", expresó un senador de Cambiemos a favor de la legalización, consultado por NA.

   No obstante, Perotti insistió en su postura cuando pidió tratar inmediatamente después de la votación su iniciativa de despenalización, tras señalar que intentaba "tender un puente donde se miren los que están en un extremo y los que están en el otro".

   Crexell hizo lo mismo y señaló que la ausencia de un punto intermedio que permitiera algún tipo de avance en la materia por parte del Senado constituía "el fracaso de la política".

Las principales frases de los senadores en la sesión sobre la legalización del aborto

   Durante toda la sesión los discursos ofrecieron conceptos similares: quienes respaldaron la legalización remarcaron que el reclamo de la legalización continuará pese al rechazo porque el tema es "imparable" y aquellos que se opusieron machacaron sobre la idea de que, a partir de este debate, se deberá trabajar más intensamente en áreas como la educación sexual.

   Así, el concepto general de la sesión es que el debate del aborto en general quedó instalado en la sociedad y que el Congreso deberá volver a abordarlo en algún momento, con un enfoque u otro.

   Quienes se opusieron a la legalización insistieron en que el proyecto es "inconstitucional" y violatorio de los tratados internacionales a los que suscribió la Argentina, mientras que los senadores a favor machacaron en el hecho de que se trata de un problema de "salud pública" y que la discusión "no es aborto sí o aborto no, sino aborto legal o clandestino".

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   En el debate no faltaron las denuncias de presiones, como la del entrerriano Pedro Guastavino, que señaló que recibió "gran cantidad de mensajes que en nombre de Dios" lo "descalificaban", o el caso de la rionegrina Silvina García Larraburu, quien afirmó que "viralizaron" su número de teléfono por haberse pronunciado en contra del proyecto.

   Hubo además un momento de emoción cuando la oficialista Gladys González, de Buenos Aires, se quebró al fundamentar su voto a favor —por el que recibió presiones y amenazas, según advirtieron otros senadores— y expresar que su "sueño" era que sus hijas "puedan planificar" tener familia, como lo hizo ella cuando se convirtió en madre.

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   "Sueño con que nunca mis hijas tengan que tomar esa decisión. Pero si tienen que hacerlo, quiero que lo hagan seguras, acompañadas, con el amor que necesitan para ese difícil momento. Sueño para las mujeres una vida sin violencia", expresó.

   También quedaron en evidencia las tensiones en el seno del oficialismo, cuando la presidenta del Senado, Gabriela Michetti, se enojó con el jefe del interbloque Cambiemos, Luis Naidenoff, por cuestionar la administración del tiempo que hacía para cada discurso. (NA)

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