Mercado yerbatero: una crisis que se extiende más allá del impacto de la desregulación
“La pérdida de control estatal favorece la concentración de riqueza y empuja a los trabajadores rurales hacia la informalidad”, dijo Roberto Buser, director del Renatre.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
“Los cambios implementados a partir del DNU 70/2023 han marcado un punto de inflexión para el sector, despojando al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) de sus facultades para fijar precios de referencia y regular la actividad”.
Lo dijo Roberto Buser, director del Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (Renatre) en representación de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), a propósito de una tormenta casi perfecta que se ha desatado sobre la industria de la yerba mate en la Argentina.
“Uno de los efectos más inmediatos de la desregulación ha sido la depreciación del valor que reciben quienes inician la cadena productiva”, agregó.
Según Buser, en los primeros meses de vigencia de la norma el precio percibido cayó un 30 %. Al observar un período más extenso, la situación es crítica. “Hoy los productores recibimos menos del 50 % de lo que cobrábamos por igual volumen de hoja de yerba mate", señaló.
“Esta pérdida no fue equitativa, sino que afectó casi exclusivamente a los productores primarios”, agregó.
La ausencia de un precio de referencia, que antes calculaba el INYM basándose en costos reales de producción y márgenes de rentabilidad, ha dejado —según afirmó— a los pequeños productores en una situación de vulnerabilidad.
“Al desaparecer este mecanismo, quedamos obligados a aceptar los valores impuestos por los grandes compradores, profundizando una desigualdad estructural”, sentenció el titular del Renatre.
Impacto en empleo e informalidad
La crisis económica del sector se ha trasladado rápidamente a los trabajadores rurales. Dado que la mano de obra representa aproximadamente el 67 % del costo total de la actividad, la caída de ingresos dificulta que los productores afronten aportes y contribuciones.
Buser alertó que esta presión económica empuja a muchos hacia la informalidad. “La situación afecta de manera directa a los trabajadores rurales, que quedan fuera de la ley y sin cobertura de los sistemas de registración y protección social”, afirmó.
Buser comparó el escenario actual con otros procesos históricos de desregulación, como el de la década de 1990, que derivó en la desaparición de herramientas de control y la consecuente crisis que dio origen al INYM.
En aquel período existía un mercado consignatario, dependiente del directorio de la CRYM, donde se fijaba un precio de referencia basado en los costos de producción. “Ese valor nos permitía acceder a créditos bancarios, contar con recursos para cosechar y evitar la necesidad de malvender la producción. Con la eliminación de ese sistema durante los años noventa, esa herramienta desapareció, dejándonos expuestos a las condiciones impuestas por los grandes compradores”, describió.
También dijo que el INYM nació, precisamente, como respuesta a esa experiencia fallida.
“Concebido como un instituto público de derecho privado, con una estructura participativa y autónoma, su directorio está integrado por el Estado nacional, los gobiernos de Misiones y Corrientes, los trabajadores rurales a través de la Uatre, los productores, los secaderos y los molineros”, contó.
La crisis del sector se traslada rápidamente a los trabajadores rurales, ya que la mano de obra representa el 67 % del costo total de la actividad.
“Ese esquema de representación permitía el diálogo, el consenso y la toma de decisiones orientadas a equilibrar los intereses de toda la cadena productiva. La eliminación de sus funciones centrales implica desconocer ese aprendizaje histórico y repetir errores del pasado”, fustigó Buser.
Además, el dirigente señaló que el mercado yerbatero actual no funciona bajo una competencia sana, sino como un oligopsonio (NdR: situación de competencia imperfecta donde existe un mercado con un número muy pequeño de demandantes frente a una gran cantidad de oferentes), con apenas cinco empresas controlando el 80 % de las ventas.
En este contexto, la liberación de nuevas plantaciones, que antes regulaba el INYM para evitar la superproducción, beneficia principalmente —señaló— a grandes capitales que pueden sostener la inversión a largo plazo (desplazando a los pequeños productores).
“En este escenario, el rol del Estado debería ser el de recuperar herramientas de regulación, lo que no implica frenar la producción ni distorsionar el mercado, sino garantizar reglas claras y un equilibrio mínimo entre los distintos actores de la cadena”, indicó.
“Sin planificación, sin precios de referencia y sin protección del empleo rural, la desregulación no genera libertad económica, sino concentración, exclusión y precarización”, concluyó el titular del Renatre.
La morfología de mercado
De acuerdo con el último informe sobre la actividad yerbatera del Centro Economía Política Argentina (CEPA), la producción primaria se encuentra atomizada. Se trata de 12.000 pequeños productores.
La cuenca de producción cuenta con 228 establecimientos que operan como secaderos registrados a nivel nacional y son 105 las industrias molineras y fraccionadoras, pero las 10 primeras del ranking de producción industrial acumulan el 72,7 % del mercado.
Las tres primeras (Las Marías, Liebig y Santa Ana) explican el 41 %, a través de media docena de marcas y presentaciones de las más diversas.
Si se analiza la relación entre lo que recibe el productor y el precio de góndola, el primero sólo logra captar 5,7 % del precio de venta en góndola (1,3 pp menos que en septiembre 2023 y 2,4 pp menos que el promedio 2020-2023). Desde 2019, se transita el peor momento del ratio entre el precio al productor y el valor en góndola por kilo.
Por otro lado, las importaciones de yerba mate agravaron la situación de los productores. De acuerdo a los datos publicados por el Indec, las importaciones de yerba mate canchada y la excluida simplemente canchada (molida, lista para empaquetar), proveniente de Paraguay y Brasil, en los primeros nueve meses de año último alcanzaron 8,93 millones de kilos, 149 % más que el mismo período de 2023.
¿Quiénes importaron? El aumento de las importaciones corresponde a las grandes industrias yerbateras de Corrientes y Misiones.
Las Marías y La Cachuera explicaron el 70 % de lo que ingresó desde Paraguay y Brasil, seguido por Importadora Sudamericana SRL, una firma radicada en zona norte del Gran Buenos Aires, que se dedica a importar marcas de consumo masivo y trae a la Argentina, por ejemplo, la yerba mate Canarias.
El perjuicio para los productores —según CEPA— es evidente, ya que esto permite a los industriales pagar menos por la canchada o la hoja verde, además de extender los plazos de pago, lo que genera un impacto económico negativo considerable para los productores locales.
Acerca del mercado interno
El consumo interno de yerba mate en la Argentina, tal como se observa en otros mercados y producto por la sensible caída del poder adquisitivo, cayó 8,8 % interanualmente en los primeros nueve meses del año previo: 193,4 mil toneladas versus 212 mil toneladas. Es el nivel de consumo más bajo de los últimos nueve años y se encuentra a 10,1 pp del pico de consumo experimentado en 2021.
Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), en lo que respecta al consumo per cápita se aprecia que el máximo se registra en el año 2010 con un consumo de 6,27 kilos per cápita, mientras que el promedio histórico se sitúa en 6,07 kilos por persona por año.
La cuenca de producción cuenta con 228 establecimientos que operan como secaderos registrados a nivel nacional y son 105 las industrias molineras y fraccionadoras.
Por otra parte, las exportaciones en el acumulado de enero a septiembre disminuyeron 16,4 % en comparación con el promedio 2020-2023 y decrecieron 16,4 % en términos interanuales.
Según el INYM, los mercados que explican la merma de las exportaciones han sido la Unión Europea y ciertos países de Asia que, en los últimos años, habían cobrado mayor importancia en las compras.
La reducción del consumo interno y de las exportaciones, a la par de un registro de avance de cosecha más importante que el de los últimos cuatro años, se traduce en un importante aumento de stocks en establecimientos secaderos.