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Del campo argentino al mundo: qué cereales exporta el país

Argentina, uno de los mayores exportadores globales de granos, abastece con su producción a mercados de los cinco continentes y sostiene una de las cadenas agroindustriales más importantes de su economía.

Cada cosecha moviliza millones de toneladas de granos que parten desde los principales puertos del país rumbo a destinos tan diversos como China, Brasil, Vietnam, Arabia Saudita, Argelia o Indonesia.

Detrás de esos embarques hay una amplia variedad de productos que forman parte de la alimentación humana, la producción pecuaria y distintas industrias.

Los cereales representan uno de los pilares del complejo agroexportador argentino, tanto por el volumen de producción como por su capacidad para generar divisas, empleo y actividad económica a lo largo de toda la cadena logística, desde el productor hasta los puertos.

Maíz, el gran protagonista

El maíz es el cereal de mayor producción del país y uno de los principales productos de exportación.

Su versatilidad explica la fuerte demanda internacional. Una parte importante se destina a la alimentación animal, especialmente de aves, cerdos y bovinos en sistemas intensivos.

También constituye un insumo fundamental para la elaboración de alimentos destinados al consumo humano, como harinas, polenta, copos de maíz, aceites y diversos productos industrializados.

Además, en numerosos países se utiliza para fabricar bioetanol, bioplásticos, jarabes de maíz de alta fructosa, alcoholes industriales y otros derivados utilizados por la industria alimenticia, farmacéutica y química.

Trigo: el cereal que termina en el pan

El trigo constituye el principal cultivo invernal de Argentina y mantiene una fuerte inserción en los mercados internacionales.

La mayor parte del cereal exportado se transforma en harina para elaborar pan, pastas, pizzas, galletitas, facturas, cereales para desayuno y numerosos productos panificados.

También existe una demanda creciente para la fabricación de almidones, gluten industrial, alimentos balanceados y bioetanol.

Brasil continúa siendo el principal comprador del trigo argentino, aunque también llegan importantes embarques a países africanos, asiáticos y latinoamericanos.

Cebada: mucho más que cerveza

Aunque suele asociarse exclusivamente con la industria cervecera, la cebada posee múltiples aplicaciones.

La cebada cervecera se convierte en malta, materia prima indispensable para la elaboración de cerveza y algunas bebidas destiladas, mientras que otra parte de la producción se destina como alimento para bovinos, ovinos y porcinos.

China se ha consolidado en los últimos años como uno de los principales compradores de cebada argentina, impulsada por la creciente demanda de su industria cervecera.

Sorgo: un cereal que volvió a ganar protagonismo

Gracias a su resistencia a las altas temperaturas y a la sequía, el sorgo recuperó importancia en los últimos años.

La mayor parte de las exportaciones tiene como destino la alimentación animal, especialmente en la producción de carne vacuna, avícola y porcina.

También puede utilizarse para producir harinas sin gluten, alcohol industrial, bioetanol y diversos alimentos destinados al consumo humano.

China concentra buena parte de las compras internacionales de sorgo argentino.

Avena y centeno

Aunque representan un volumen mucho menor, ambos cereales también forman parte de la oferta exportadora.

La avena se utiliza para elaborar cereales para desayuno, barras energéticas, galletitas, bebidas vegetales y alimentos saludables con alto contenido de fibra. Asimismo constituye un importante alimento para equinos y bovinos.

El centeno tiene como destino principal la producción de harinas para panificación, bebidas destiladas y alimentación animal, además de cumplir un papel importante en las rotaciones agrícolas por sus beneficios para la conservación del suelo.

La soja, el gran motor

Aunque no integra el grupo de los cereales, la soja merece un capítulo aparte por el peso que tiene en la economía argentina. Se trata de una oleaginosa cuya industrialización convirtió al país en uno de los principales exportadores mundiales de harina y aceite de soja.

A diferencia del maíz o el trigo, una gran parte de la soja no se exporta como grano, sino que se procesa previamente en la poderosa industria aceitera instalada principalmente sobre el río Paraná.

De la molienda se obtienen tres productos principales:

--Harina o pellet de soja, destinada principalmente a la alimentación de aves, cerdos, bovinos y peces de criadero. Es el principal producto de exportación del complejo sojero argentino.

--Aceite de soja, utilizado para consumo humano, elaboración de margarinas, mayonesas, alimentos procesados, biocombustibles (biodiésel), cosméticos, pinturas y productos farmacéuticos.

--Biodiésel, combustible renovable elaborado a partir del aceite de soja, destinado tanto al mercado interno como a la exportación.

Además, del procesamiento también se obtienen lecitinas, proteínas vegetales y otros derivados utilizados por las industrias alimenticia, química y farmacéutica.

Motor de la economía argentina

La importancia de los cereales trasciende ampliamente la producción primaria.

Su comercialización moviliza una extensa cadena integrada por productores, contratistas rurales, transportistas, acopiadores, cooperativas, empresas ferroviarias, terminales portuarias, exportadores, molinos harineros, malterías e industrias alimenticias.

El complejo cerealero genera miles de puestos de trabajo directos e indirectos y constituye una de las principales fuentes de ingreso de divisas para el país.

Puerta estratégica

En este entramado logístico, el Puerto de Bahía Blanca ocupa un lugar estratégico.

Gracias a la profundidad natural de su estuario y a su infraestructura especializada, el puerto opera durante todo el año con buques de gran calado y concentra una parte significativa de las exportaciones nacionales de maíz, trigo, cebada y sorgo.

Desde sus terminales parten millones de toneladas de granos hacia Asia, África, Europa y América, abasteciendo industrias alimenticias, cerveceras, ganaderas y energéticas.

Así, cada barco que zarpa desde Bahía Blanca no solo transporta cereales: lleva materias primas que terminarán convertidas en pan, pastas, cerveza, carnes, leche, biocombustibles y cientos de productos que forman parte de la vida cotidiana de millones de personas alrededor del mundo.

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